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Semillero de la fe católica de Juayúa

Las niñas pequeñas son cuidadas por cargadoras adultas durante el recorrido de la procesión .

Las niñas pequeñas son cuidadas por cargadoras adultas durante el recorrido de la procesión .

Las niñas pequeñas son cuidadas por cargadoras adultas durante el recorrido de la procesión .

Las procesiones tienen su origen en la tradición familiar, que empieza en la mayoría de los casos, con la ilusión de los niños de poder cargar a imágenes de Jesús o la Virgen, tal como les han enseñado sus padres y sus abuelos.

Así nace la identidad religiosa popular, la cual perdura de una generación a otra.

Uno de los grandes semilleros de la fe católica es la Hermandad infantil de Jesús Nazareno, Santo Entierro y Resurrección de la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores, municipio de Juayúa.

Estos pequeños y entusiastas cargadores e incensaristas cargan las réplicas de Jesús Nazareno y la Virgen de Dolores.

Para ellos, el vestir el color púrpura como símbolo de penitencia y recorrer cerca de 25 cuadras con las imágenes a cuestas, es una experiencia espiritual imborrable en sus vidas y perpetúa la devoción.

"Su solemnidad en el desfile procesional es ejemplo del compromiso de fe y respeto a Dios", dice el presidente de la Hermandad, Ernesto Granadino.

Es así como cada uno de los miembros de la Hermandad se identifican con las imágenes que cargan.

Numerosa participación

La Hermandad infantil nació en 2008 con un cortejo inicial de aproximadamente 150 integrantes, desde recién nacidos hasta los 13 años de edad.

Hoy día participan más 300 niños y adolescentes, conformados en 18 grupos y que son relevados cada cuadra para amortiguar el peso de la anda e imagen que es de 70 libras.

Hay cargadores e incensaristas, encargados de perfumar el camino de santos.

También están los que llevan los estandartes y los llamados choperitos (bebés) que son cargados por sus madres, como promesas de fe.

De acuerdo al presidente de la Hermandad, el involucramiento de los menores en los actos religiosos ha crecido por convicción.

Aparte de llamar la atención por la disciplina y vestuario con que marchan, los niños envían a la población un mensaje y es rescatar los valores religiosos, los cuales están por desaparecer en algunos pueblos.

"Al ser partícipes de fechas tan emotivas como la Semana Santa, hace que los niños incrementen su fe y conciban los actos penitenciarios como una forma de honrar a Dios, además de identifican con sus propias imágenes", señala Granadino.

Por ahora, estas procesiones son las responsables de perpetuar una tradición que evoca la fe de los pueblos.

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