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Reconocen labor de líder Kakawira por mantener vivas costumbres

Estuvo asentada  en la zona que actualmente ocupa Cacaopera en departamento de Morazán

Museo de Cacaopera en Morazán.

Museo de Cacaopera en Morazán. | Foto por Archivo

El museo Winakirika recoge aspectos arqueológicos, históricos y de identidad del pueblo Kakawira. El Tata, Miguel Amaya, fue uno de sus fundadores.

MORAZÁN. Con bailes autóctonos, ceremonias indígenas y un recorrido por diversos sectores de Cacaopera,  se rindió un homenaje póstumo a Miguel Amaya, fallecido el pasado 10 de agosto y quien era el líder de la etnia Kakawira.

Por muchos años, Amaya se esforzó para rescatar la memoria histórica de esa etnia y su trabajo fue fundamental para la creación de un museo que se convirtió en su legado para el municipio.

Amaya consideraba que Cacaopera tiene un potencial arqueológico y étnico, por eso se esforzó en materializar el museo como un baluarte de la identidad del pueblo Kakawira y un santuario de la misma.

El museo se fundó el 15 de enero de 1992 por iniciativa de Amaya, junto a Mario de Jesús Molina y Wilber Ernesto Argueta.
Lo integran tres salas que muestran, respectivamente, algunos aspectos de la arqueología, historia e identidad del pueblo Kakawira en El Salvador.

En la ceremonia póstuma del pasado jueves, el gobernador político departamental, Luis Enrique Salamanca, dijo que “el legado del Tata (Miguel Amaya) conducirá a su descendencia para que sus raíces no mueran”.

Agregó que si bien cumplió “la infalible ley de la vida que nos marca la fatalidad, el amor del Tata Miguel Amaya deberá plantear a las generaciones el reto de continuar con su legado”.

Con los elementos que componen la muestra, en el museo Winakirika se cuenta la historia de los primeros asentamientos de los Cacaoperas, los sitios sagrados y su relación con los colonizadores.

Desde su fundación a la fecha, las exhibiciones se enriquecieron gracias al trabajo de Amaya como parte del Consejo de Ancianos, integrado por 13 miembros .

Son retazos del pasado que ayudan a preservar la memoria histórica de un pueblo que llegó desde Nicaragua y tuvo gran influencia de los asentamientos mayas en Copán, Honduras,

“El espíritu de Miguel Amaya deambulará sobre sus conciencias y los llevará a la toma de sabias decisiones”, dijo el gobernador Salamanca a los asistentes a la ceremonia.

Agregó que por los orígenes se suele confundir a los Kakawira con los Ulúas.

Sobre ese tema, Amaya explicaba que eran “afines”, pero corresponden a etnias diferentes.

Para el alcalde de Cacaopera, Pablo Amaya, “el Tata Miguel fue una persona que impulsaba los pueblos originarios, nos ha dejado despiertos y el mensaje de que nuestras raíces no deben morir”.

El esfuerzo por rescatar la memoria histórica a través del museo se complementaba con otra iniciativa en la que Amaya tuvo mucha participación, y era  la escuela Kalanubita o “casa donde se enseña la cultura Kakawira”.

En este lugar se imparten conocimientos sobre el idioma, el significado de las danzas de Los Emplumados y Los Negritos, propias de la etnia.
Asimismo, formación sobre cultura general y la espiritualidad indígena.

Amaya lo consideraba como un programa de apoyo a la escuela formal, donde la toma de conciencia es voluntaria.
La mayoría de los alumnos que han pasado la escuela Kalanubita son indígenas residentes en los cantones Estancia, Agua Blanca, Guachipilín y Calavera, todos de la jurisdicción de Cacaopera, donde se tiene la mayor tipificación de indígenas Kakawira.

De esa escuela han salido chasis o promotores que se dedican a difundir la identidad Kakawira en las comunidades del municipio.
Kalanubita también ha formado ‘misilanes’, o servidores de la espiritualidad del pueblo Kakawira.

Amaya era uno de ellos y su función principal es dirigir las ceremonias, dar orientación y desarrollar una labor educativa; pero además, preservar las costumbres enseñando a las nuevas generaciones el legado Kakawira.

El museo es visitado por estudiantes de toda la zona oriental que buscan aprender de la historia salvadoreña.

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