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USULUTÁN

Reciben clases separados por sábanas y tablas

En escuela Basilio Blandón, de Usulután estudian en aulas improvisadas

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Una sábana es la división de dos aulas de clase en el centro escolar. | Foto por Carlos Segovia

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USULUTÁN. Los más de mil estudiantes matriculados en el Centro Escolar Basilio Blandón, en la cabecera, se ven obligados a recibir sus clases en aulas improvisadas, separadas por sábanas y tablas, y que no cumplen requisitos de pedagogía.


 La situación la viven  desde hace un año, cuando  abandonaron las instalaciones de su centro de estudios, por un proyecto de reconstrucción, que a la fecha está paralizado.


Debido a esa situación, este año se vieron nuevamente en la necesidad de arrendar un local para cumplir con la curricula y programa lectivo 2016 que el Ministerio de Educación exige.


Las autoridades de la escuela hacen lo que pueden para impartir las clases  entre  aulas improvisadas, tapadas con láminas y divididas por sábanas y madera, en espacios abiertos.


Los alumnos tratan de aprender lo que pueden, pues  mientras varios grados  están en clase de matemáticas, por ejemplo,  otros estudiantes reciben educación física a pocos metros de las aulas, generando mucho ruido y levantando polvo.


Los  estudiantes y educadores que corren con mejor suerte, lograron aulas cerradas. Pero están expuestos a un calor sofocante  por la falta de ventilación.


Las referidas aulas son formales porque la escuela, a diferencia de 2015, este año arrendó un local en donde antes  funcionó  un colegio privado.


Las movilizaciones obligatorias se han dado debido a que la escuela está en proceso de reconstrucción, sin embargo, la empresa que fue contratada inicialmente para ejecutar la obra, abandono las labores.


Roberto Barrera, director del centro,  reconoció que las condiciones no son las óptimas para que los estudiantes aprendan.
“Sabemos que no estamos en las mejores condiciones, pero si comparamos a como pasamos en el local que alquilamos el año pasado, hoy estamos más cómodos”, indicó. 


Mencionó que el año pasado los estudiantes recibieron clases en  hacinamiento y que muchos las perdieron  porque  no cabían en el inmueble que habían arrendado.


Además no tenían un espacio recreativo, a diferencia del nuevo local.


El centro alberga 40 secciones de parvularia a bachillerato, en turno matutino y vespertino.


Indicaron que aunque la matrícula se redujo en 200 estudiantes este año, siguen atendiendo a más de mil alumnos en horarios de mañana y tarde.


“Las incomodidades son parte del precio que tenemos que pagar para contar con mejores instalaciones, sabemos que algunos niños no están acostumbrados al piso de tierra, al polvo, pero por ahora así estaremos”, sostuvo Barrera.


Están conscientes que durante este año escolar  continuarán en esas condiciones.


Los padres lamentan lo que sus hijos padecen, pero están esperanzados en que no seguirán postergando la construcción del edificio escolar.
“El acceso es alejado, pero la educación vale la pena, esperamos que esto sea temporal y que pronto les entreguen las nuevas instalaciones”, dijo Lorena Cedillos, madre de familia.


Ana Ramírez, otra madre de familia, sostuvo que le preocupa la situación, pues el local  que alquila la escuela está alejado y las condiciones no son las mejores para sus hijos.


“Los niños se distraen porque la cancha está a la par, además son lugares  abiertos, esperamos que esto pueda ser temporal y se solvente pronto”, indicó la madre.


El proyecto


Las autoridades indicaron que la reconstrucción del edificio de la escuela  quedó paralizada  el año pasado y que fue sometida a nueva licitación pública y ya fue asignando a una nueva empresa.


“El proceso de construcción viene, ya está la empresa que ganó y visitaron las instalaciones y probablemente en febrero inicien las labores de construcción”, explicó el director Barrera.


Aseguró que esperan que en seis meses la obra sea finalizada, pero aun así están conscientes que el presente año escolar tendrán que terminarlo en el local alquilado.


Otra preocupación de los padres de familia es la seguridad.


Eso debido a que el local se ubica en el barrio La Merced,  zona limítrofe entre las pandillas MS y 18 en Usulután. 
Los padres temen que los menores se vean tocados por la violencia por territorios.


Cedillos, madre de  familia, indicó que “los soldados a veces vienen y aveces no, y este es un lugar peligroso, deberían de estar pendientes de la seguridad de los niños”.


Los padres coinciden en que muchos estudiantes llegan de zonas dominadas por alguna de las dos pandillas y el temor es que les agredan por entrar de una zona a otra.


Las autoridades de la escuela reconocieron el problema, pero aseguran que  por ahora no han tenido problemas de seguridad.

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