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El Quijote de Atiquizaya se resiste a desaparecer

Sanchos y Cristos en hierro forjado son otros personajes elaborados en el taller de "Los Quijotes"

El hidalgo caballero de La Mancha es la insignia del taller. Foto EDH / omar carboneroEsta figura también identifica al taller de "Los Quijotes", que inició a mediados del siglo pasado. Fotos EDH / omar carbonero.

El hidalgo caballero de La Mancha es la insignia del taller. Foto EDH / omar carboneroEsta figura también identifica al taller de "Los Quijotes", que inició a mediados...

El hidalgo caballero de La Mancha es la insignia del taller. Foto EDH / omar carboneroEsta figura también identifica al taller de \"Los Quijotes\", que inició a mediados del siglo pasado. Fotos EDH / omar carbonero.

AHUACHAPÁN. El ruido de las máquinas soldadoras y el montón de hierro esparcido por todos lados denota que hay que sacar a tiempo los pedidos, que en ocasiones le hacen del extranjero.

Alfredo Melara Farfán, de grata recordación y fundador del taller donde se hacen estas piezas, nunca imaginó que estas figuras vendrían a cambiar la historia de su natal Atiquizaya.

Comenzó en su casa de habitación fabricando canastas de maya, que eran utilizadas como macetas para sembrar flores, entre otros usos domésticos, según comentó Ana Alicia Peñate, viuda de Melara Farfán.

Con el paso de los años, el herrero se fue especializando en la elaboración de esculturas en hierro forjado, y fue así como empezó con la producción de "Quijotes, Sanchos, Cristos y otras figuras de personajes novelescos de la literatura universal y religiosa.

Ante la necesidad de contar con un espacio más amplio para guardar y procesar la materia prima (hierro), decidió, en 1984, adquirir un predio a la orilla de la carretera que conduce hacia Ahuachapán, donde a la fecha continúa funcionando el taller.

El artista, que compraba la materia prima a la fábrica Corinca, de Quezaltepeque, "se enfocó en hacer Quijotes, Sanchos, Cristos y canastas de hierro, ya que era más rentable que elaborar canasta de maya", comentó su esposa.

Ella cuenta que su marido pensó en este negocio cada vez que se ponía ebrio y veía las figuras de Don Quijote y Sancho Panza, pero que al recobrar la sobriedad, decidió convertir en realidad sus sueños de hacer dichas estructuras en hierro forjado.

Una vez que aprendió a dominar bien la técnica para la elaboración de figuras de varios personajes, Melara Farfán heredó el oficio a su hija Ana Victoria Melara, quien a muy corta edad lo aprendió con la misma destreza que su progenitor.

Ahora, las obras se pueden adquirir en una sala de ventas cercana al taller en Atiquizaya y otra en Ciudad Merliot, La Libertad. Muchas de ellas son vendidas en el extranjero.

En el taller no solo se elaboran los Quijotes, sino también jaulas, muebles para jardín, candeleros y otras figuras en hierro. Muestra de ello es que al llegar al taller se nota la laboriosidad y empeño de los trabajadores al tratar las piezas que están haciendo.

El mejor empleado

Berto Arnulfo Arévalo, un hombre de cabello cano, moreno, alto, de complexión delgada y vestido con una gabacha, es el más antiguo de laborar en el taller de "Los Quijotes", ya que aprendió el oficio del propio Melara Farfán, allá por el año de 1970.

Él asegura que elaborar un Quijote pequeño le puede llevar dos horas, pero si se trata de uno más grande, puede tardarse dos días, ya que todo es hecho a mano, auxiliándose de máquinas soldadoras.

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