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Penitentes agradecen los milagros del Nazareno

El sacrificio es ofrecido por favores recibidos de parte de Jesús Nazareno, a quien, en el vía crucis, le piden con fervor, principalmente, por la salud de ellos o algunos de sus familiares.

Esta joven cumplió su penitencia en el vía crucis del Viernes Santo de 2010, desde la iglesia San Esteban hasta El Calvario. Fotos EDH / archivo

Esta joven cumplió su penitencia en el vía crucis del Viernes Santo de 2010, desde la iglesia San Esteban hasta El Calvario. Fotos EDH / archivo

Esta joven cumplió su penitencia en el vía crucis del Viernes Santo de 2010, desde la iglesia San Esteban hasta El Calvario. Fotos EDH / archivo

Con los ojos vendados, caminando descalzos, o de rodillas, algunos feligreses cumplen su promesa ofrecida al Nazareno por favores recibidos o, en algunos casos, para pedirle que les conceda algún milagro relacionado con la sanación de alguna enfermedad, ya sea del penitente, uno de sus hijos, padres o hermanos.

Sin embargo, nadie que tiene previsto hacer este sacrificio de agradecimiento o petición a Dios se atreve, antes de llevarlo a cabo, a hablar sobre las razones por las cuales hará su penitencia durante la procesión del vía crucis, poco antes del mediodía del Viernes Santo, explica Mario René Vanegas, miembro de la hermandad de Jesús Nazareno de Izalco.

"Salen de repente y se incorporan a la procesión, por milagros recibidos, por peticiones que quieren que El Nazareno les conceda, o porque han cometido pecados y, de esa forma, se arrepienten y le piden perdón a Dios", dice.

Según Vanegas, es difícil que alguna de estas personas, que van a cumplir su promesa o a pedir algún favor o milagro al Nazareno diga con anticipación por qué lo hará, ya que, si lo hace, su sacrificio no tiene ningún valor, explica.

"Cuando uno menos lo espera, aparecen caminando descalzos o de rodillas en el pavimento caliente, y no quieren hablar, porque si lo dicen por anticipado, deja de tener valor la penitencia. Es igual con el ayuno, que no hay que poner cara de dolor ni andar contando que se está ayunando, porque entonces de nada sirve", afirma.

Delante de la procesión

Algunos de los participantes son miembros de la hermandad de Jesús Nazareno, pero también hay personas que no forman parte de ella, pero todos hacen su recorrido adelante de la imagen de Jesús, explica Vanegas.

"El recorrido es a la hora de la entrada del vía crucis, el Viernes Santo, al finalizar la mañana. Una o dos cuadras antes de que entre El Nazareno, allí empiezan a hacer su penitencia, la cual termina en el camarín del Nazareno.

Las personas que agradecen o piden alguna gracia, esperan en la puerta principal de la iglesia, a que ingrese primero la imagen y luego la siguen hasta palpar con sus manos el camerín, donde es resguardada, agrega.

Lo impresionante de los penitentes, según comenta el miembro de la hermandad de Jesús Nazareno, es que "la gente viene llorando, susurrando y haciendo oraciones de petición, perdón; orando por faltas cometidas, por el arrepentimiento", destaca.

También es interesante ver cómo algunos de ellos se hacen acompañar de familiares que los van tomando del brazo o del antebrazo, para guiarlos en el recorrido.

A los que van de rodillas, tanto sus familiares como algunas otras personas que van en la procesión, les van poniendo pedazos de cartón o toallas, para atenuar el dolor y las quemaduras del pavimento caliente, explicó.

Unos penitentes, por lo general los hombres, "se suben el jean para llevar la rodilla pelada y de esa forma provocarse más dolor y meterle más fuerza y sacrificio a su penitencia", añade Vanegas.

En el caso de las mujeres, si son socias de la hermandad, van arrodilladas y en falda, pero se les van poniendo toallas en el pavimento para que apoyen sus rodillas, afirma.

En el caso de aquellas mujeres que no son de la organización, lo hacen con pantalones de lona y la gente les va poniendo cartones para que sientan menos dolor y logren completar el recorrido.

Finalmente comentó que, hace algunos años, él fue testigo de un caso muy especial. Se trató de un joven que cumplió su penitencia con su hijo en brazos, pidiendo al Nazareno por su salud.

"Cuando puso las rodillas en el suelo, comenzó a orar, pidiendo salud para su hijo, y la gente, conmovida, comenzó a derramar lágrimas", finalizó.

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