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San Salvador

La obra del padre Vito Guarato perdura a 15 años de su muerte

Padre Carlo Vito Guarato nació en Sossano, Italia. A los 14 años, ingresó al Seminario Franciscano y en mayo de 1950 fue ordenado sacerdote.

Padre Vito Guarato

La más grande obra de amor que dejó el Padre Carlo Vito Guarato, de grata recordación, está a punto de dejar desamparados a 121 niños con capacidades disminuidas, que necesitan de la solidaridad de los salvadoreños para continuar recibiendo alimentos, techo, abrigo, medicinas y cuidados médicos.


Se trata del hogar Padre Vito Guarato, fundado en 1987, como Hogar del Niño Minusválido Abandonado, en una casa alquilada frente a la Iglesia de Fátima, en Los Planes de Renderos, y que siete años después, el 28 de enero de 1994, fue trasladado a sus actuales y propias instalaciones, ubicadas en el kilómetro 8 y medio, del desvío a Casa de Piedra, siempre en Los Planes de Renderos. 


Mientras el clérigo estuvo al frente de la obra benefactora hasta el año 2000, cuando murió, y aunque siempre hubo algunas dificultades económicas, nunca se estuvo en tantos aprietos como ahora para cubrir las necesidades básicas, explicaron dos voceros de la Asociación que la administra.


“Esta (obra) continúa, a pesar de la ausencia, del Padre Vito, ya desde hace 15 años, hemos tratado de mantenerlo, de darle vida al hogar;  esa fue la misión. A mí me hizo prometer el padre Vito que no nos íbamos a retirar, que íbamos a ver que esta obra continuara, y eso hemos tratado de hacer en colaboración del personal”, dijo Álvaro Marino, presidente de la Asociación Padre Vito Guarato.


Sin embargo, dijo que “se nos está dificultando en extremo la recaudación de fondos”.


Presupuesto y déficit


Por su parte el director ejecutivo de la Asociación, Ernesto Cuestas, explicó que para la manutención y cuido de los 121 niños, que albergan en la actualidad, se tiene un presupuesto estimado en dos millones de dólares anuales.


De esa cantidad, 1.5 millones son en efectivo para el pago de salarios del personal de niñeras, lavandería, cocina, médicos y vigilantes, así como de gastos por servicios como energía, agua, teléfonos, entre otros; mientras que el medio millón restante es en donativos en especies como ropa y alimentos. En esto último cuentan con la ayuda solidaria, todos los viernes, de los comerciantes del mercado de mayoreo La Tiendona, comentó.


“Los momentos actuales que estamos viviendo son bien críticos, porque tenemos un déficit que ronda el 40 por ciento; el hogar está operando en rojo, y la obra tiene que continuar y necesitamos urgentemente que la sociedad salvadoreña nos apoye, las personas, las empresas, las instituciones de gobierno”, solicitó.  


La mayor parte de fondos proviene de personas de diferentes estratos sociales, algunas empresas y de actividades que la junta directiva de la Asociación promueve, y una donación de 80 mil dólares anuales de parte de la Secretaría de Inclusión Social, añadió el director ejecutivo.
 Todos los niños internos padecen de diversas discapacidades físicas y mentales, que no les permiten valerse por sí mismos, por lo que la entidad humanitaria requiere la contribución de los salvadoreños de buen corazón. 


Si bien es cierto desde que el Padre Vito falleció, el 25 de agosto de 2000, la junta directiva y otros ciudadanos altruistas administran y buscan ayuda para el hogar, en la actualidad pasan serias dificultades para satisfacer todas las necesidades del mismo.


“Todos los niños que viven aquí, en el hogar, no son capaces de valerse por sí mismos y necesitan de cuidados especializados y de atenciones médicas, por lo que si la obra no tiene los ingresos que son necesarios, estamos poniendo en riesgo el cuido de estos niños”, acotó Cuestas.  


En estos últimos meses, y debido al déficit del 40 por ciento que tienen,  la junta directiva ha tenido que echar mano de reservas que tenía, las cuales están a punto de agotarse, añadió.


Sin embargo, dijo que “esta obra nunca la vamos a dejar morir, pero necesitamos de la sociedad salvadoreña, porque solos no podemos”.

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