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Los niños SISI: entre cuadernos y verduras

b De las aulas pasan a los canastos y carretillas llenas de diversos productos que pregonan en las calles capitalinas. Sí estudian, sí trabajan

Combinar el estudio con el trabajo es una necesidad. Sus padres prefieren tenerlos cerca a exponerlos a la delincuencia. Foto EDH / Cristian Díaz

Combinar el estudio con el trabajo es una necesidad. Sus padres prefieren tenerlos cerca a exponerlos a la delincuencia. Foto EDH / Cristian Díaz

Combinar el estudio con el trabajo es una necesidad. Sus padres prefieren tenerlos cerca a exponerlos a la delincuencia. Foto EDH / Cristian Díaz

Es un niño para quien sus momentos de juego y diversión son los recreos de su escuela. No hay más. Cuando la noche avanza en el centro de San Salvador, se le puede ver aún portando su mochila en su espalda y vistiendo su uniforme, mientras de reojo ve los tomates que ofrece a gritos en una carretilla de construcción adaptada para ese fin.

Es su diario vivir, vender tras las clases, mientras los pies apresurados y los rostros serios no se detienen a ver la sonrisa del niño que les grita que le compren sus tomates.

Pese a que sus pies están cansados y su mente infantil sabe que tiene pendientes sus tareas propias de su grado escolar, no le hace mala cara al trabajo y ofrece sus productos como una forma de ayudar a sus padres.

Otros niños que estudian por la mañana, aprovechan la tarde para buscar un rincón entre sus ventas y hacer sus tareas. No les importa el estridente volumen de los vendedores de disco piratas, el humo que a bocanadas sale de los buses y microbuses del transporte público o de los desmesurados gritos de los cobradores. Su mundo son sus letras y sus dibujos. Nada los saca de ahí.

Otros pequeños que recorren las calles a bordo de las carretas con productos de sus padres, aprovechan los altos para terminar sus tareas. Son felices, pese a las duras circunstancias.

En el centro capitalino se ven niñas tumbadas sobre canastos mientras dibujan pintan o escriben.

Sus muñecas no existen, fueron cambiadas por sus cuadernos y sus ventas, pero se ven felices.

Son los pequeños "SISI", sí estudian, sí trabajan; son lo contrario a los jóvenes mexicanos apodados los "NINI"; ni estudian, ni trabajan.

Muchos de los padres de esos niños, prefieren tenerlos cerca cuando trabajan, ya que no quieren que delincuentes se aprovechen de ellos. Eso sí, no les niegan la educación. Ellos dicen que saben que es la única esperanza que tienen para que sus vástagos salgan del círculo de la pobreza.

La situación de los niños que estudian y trabajan en San Salvador es similar a las ciudades del interior del país.

Por ejemplo, dentro del proyecto "Primero Aprendo en Centro América", impulsado por la Asociación para la Autodeterminación y Desarrollo de la Mujer Salvadoreña (AMS), se entregó material didáctico a más de diez centros escolares de San Miguel para promover que más de 100 estudiantes no pierdan sus clases por el trabajo que desempeñan.

Amira Montano, directora ejecutiva de AMS dice que lo que buscan es que los alumnos que trabajan no dejen de ir a clases y tomen un refuerzo en las materias más difíciles.

"Conozco de muchos niños que estudian por la mañana y trabajan por la tarde y viceversa, son un ejemplo porque ayudan económicamente a sus padres pero también no deben descuidar sus estudios", dijo Óscar Benítez, del Centro Escolar Sagrado Corazón de Jesús de San Miguel.

Recientemente, la Asociación Salvadoreña Pro Salud Rural, Asaprosar, llevó a cabo una jornada de concienciación sobre el trabajo infantil. Dentro de ese marco, el Instituto Salvadoreño de Atención Integral de la Niñez, Isna, y el Instituto de la Mujer, Isdemu, informaron que en Sonsonate hay más de 500 niños que trabajan para ayudar a sus padres en tareas de pesca, agricultura y en ventas en el sistema de mercado.

Lo más importante de esta cantidad de menores, es que estudian por la mañana y laboran por las tarde, en la mayoría de casos.

Según el último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) hay 168 millones de menores en el mercado laboral, una reducción de 78 millones desde 2000, cuando se comenzó a registrar ese dato.

Se consultó al Ministerio de Educación al respecto, pero no hubo respuesta. Mientras, niños y niñas continuarán estudiando y trabajando para ayudar a sus padres y de alguna forma alejarse de delincuentes que los tratan de empujar por malos caminos.

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