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Isabel, una vida sin complejos

Una mujer que no se vence. El cuerpo de Isabel no está completo, pero sus ganas de superación y de vivir sí. De eso hay de sobra para una mujer que poliomielitis le marcó la vida desde que tenía siete años

Isabel, una vida sin complejos

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Al preguntar por "Isabel", como le llaman cariñosamente sus amigos y vecinos, se llegó hasta la humilde casa de Gloria Elizabeth Guerra, de 58 años. Ella vive en la comunidad Punta de Riel, cantón El Desagüe, a orillas de la Laguna de Güija, en Metapán, Santa Ana.

Cincuenta y un años han pasado desde que los médicos le diagnosticaron poliomielitis, una enfermedad que la mantiene sin las destrezas necesarias para realizar sus actividades diarias.

"Al principio lloraba y no aceptaba tener esa discapacidad, pero poco a poco, luego de varias terapias sicológicas fui aceptando mi condición", asegura Isabel.

Los escasos recursos con los que contaban los padres de Isabel, no le permitieron brindarle las condiciones de salud y educación para salir adelante. Ella logró estudiar solo seis meses de primer grado, fue allí cuando sus padres fallecieron y le fue imposible poder continuar con los estudios.

Luego de sufrir muchas vicisitudes, ahora su vida es muy diferente. Aprendió a hacerle frente a la vida y a ver las cosas de diferente manera. Con escoba en mano, Isabel recorre su casa realizando limpieza, esa es una de las primeras tareas que realiza por la mañana, de esa manera se prepara para recibir a las visitas que continuamente llegan a saludarle, en algunas ocasiones para llevarle alguna ayuda, ya sea monetaria o de víveres.

Pero eso es solamente el principio de tantas actividades que realiza. Isabel lava la ropa, cocina y echa tortillas. Son solamente "gajes del oficio", menciona. Agrega que disfruta "sentirse útil para su familia y para si misma".

"Antes yo trabajé como sirvienta para una familia que reside en Santa Ana. Fue ahí que aprendí a realizar todas las actividades del hogar, las que ahora practico".

Ya no sale de su casa, como antes, ya que se le vuelve complicado por el mal estado de las calles que debe recorrer. Pero eso no es motivo para quedarse cruzada de brazos y asegura que muchas personas que visitan por trabajo o esparcimiento la laguna de Güija, la buscan para que les prepare alimentos, lo que ella gustosamente acepta, pues sabe que es una manera de obtener algunos centavos extras para su economía familiar.

También suele preparar tamales, pupusas, pasteles y otro tipo de alimentos que vende a turistas o vecinos de la comunidad y así subsistir, pues no posee familiares que le brinden ayuda de ese tipo.

"Es un trabajo pesado pero que por el momento es la única manera de vivir", asienta.

La mujer cuenta que antes realizaba trabajos de costurería, una actividad en la que empleaba menos esfuerzo físico, hasta que su máquina de pedal se dañó con el paso de los años.

Ahora uno de sus grandes anhelos es ahorrar para poder reparar su máquina de coser y continuar su trabajo, pero asegura que lleva varios meses y, aún, no obtiene los fondos necesarios para poder repararla, por lo que asegura seguirá cocinando "aunque sea una actividad bastante difícil" para sus limitantes físicas.

Por lo general se mantiene "presa" (así se denomina) al realizar actividades domésticas en su casa. "Antes por lo menos asistía a misa todos los fines de semana", añade que las malas condiciones del terreno le dificultan salir y entrar de su vivienda, lo que le impide ir con frecuencia a la iglesia.

"Tengo una silla de ruedas que me regalaron, pero no me sirve de nada porque no puedo salir de mi casa con ella", recalcó Isabel.

Ella es un claro ejemplo de que las condiciones físicas pueden superarse con coraje, esfuerzo, y que las barreras no son más que bloqueos mentales que no permiten a las personas salir adelante. Si usted desea apoyar a doña Isabel, puede marcarle al teléfono 74857923.

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