Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Ilusión de cartón

Leonel Alemán, quien se transforma en el Payaso K-Chinfly, se toma un receso en su jornada laboral y comparte algunos cartones de juego con su compañera Rocío Guerra. Después de vender toda la mañana en el mercado, Alicia Vásquez, de 63 años, acude a

Leonel Alemán, quien se transforma en el Payaso K-Chinfly, se toma un receso en su jornada laboral y comparte algunos cartones de juego con su compañera Rocío Guerra....

Leonel Alemán, quien se transforma en el Payaso K-Chinfly, se toma un receso en su jornada laboral y comparte algunos cartones de juego con su compañera Rocío Guerra. Después de vender toda la mañana en el mercado, Alicia Vásquez, de 63 años, acude a jugar con la esperanza de ganarse algunos dó

Rocío Guerra, de 23 años es ama de casa; Leonel Alemán, de 40, es payaso por vocación. Ambos son pareja y desde pequeños asisten a la lotería de cartón del municipio de Mejicanos, buscando siempre el tan anhelado "golpe de suerte".

La cita es todas las tardes. Empujados por la necesidad de divertirse y ganar un poco de dinero, la pareja ha vivido incontables momentos de alegrías y tristezas.

Su hijo Fabricio, de 4 años, no los detiene. El pequeño ha crecido en medio del público asistente al juego, los granos de maíz, cartones con figuras y paredes de lámina y plásticos de la bodega donde funciona este negocio.

La lotería de cartón, en ese municipio, funciona desde hace 50 años, según recuerdan jugadores y empleados que, al igual que Rocío y Leonel, llegan sin falta todos los días para probar su suerte.

La "casa de juego" tiene 1,322 cartones y funciona desde las 3:00 de la tarde hasta las 8:00 de la noche.

Como si el destino lo hubiera planificado, Rocío comenzó a visitar las loterías de cartón desde que era apenas una niña, cuando acompañaba a sus padres.

Su madre era "anotadora" y su padre "cantador", pero fue su abuela materna, Alicia Vásquez, quien la llevó a jugar por primera vez.

Leonel también conoció este mundo con su abuela y madre, pues ambas disfrutaban gastar horas apostando unos centavos de colón en el centro de San Salvador.

A las 3:30 de la tarde comienzan los juegos de apertura conocidos como "chances", donde los asistentes pagan tres centavos de dólar por cada cartón.

El jugador que complete primero las nueve figuras que salen dibujadas en las bolitas, y que son elegidas a fuerza de presión en la tómbola, recibe un premio de 15 dólares.

Cada tarde Rocío y Leonel llegan al menos media hora antes de que inicie la jornada, para tener opción de seleccionar los cartones que, según ellos, les darán suerte.

Por lo general cada uno elige entre 10 y 20 cartones por juego. Sin embargo, algunos se arriesgan tanto al punto de jugar hasta 50 cartones de una vez y tener más oportunidades de llevarse el premio en efectivo.

Todos están a la expectativa cuando el cantador muestra la primera bolita con la figura dibujada. Los jugadores inician esa danza armoniosa de movimientos, buscando la figura en cada cartón seleccionado. Un vaivén que puede durar horas.

"Este es un vicio pero me gusta venir un rato a divertirme; en la casa me siento aburrido", comenta Tomás García de 55 años y con 30 de asistir al juego.

Don Tomás, como le dicen todos en la lotería, llega todos los días sin falta aunque cree, sin dar mayores explicaciones, que "un día de estos ya no llegará más".

Ganar y perder

Unos ganan otros pierden, vicio o pasatiempo, lo cierto es que la lotería sirve de entretenimiento durante horas para muchos.

"Ganamos y perdimos lo que habíamos ganamos pero, al final, nos queda la divierta", dice Leonel, mientras se retira seguido por su hijo Fabricio y su esposa, a quien en un golpe de buena suerte, conoció en la legendaria lotería de cartón de Mejicanos.

Lea además
Abrimos este espacio para el fomento de la libre expresión, que contribuya al debate y a la crítica constructiva. Te invitamos a hacer buen uso y a leer las normas de participación