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Ilobasco: Capital de los nacimientos

Esa población lenca se localiza a 54 kilómetros al este de San Salvador y es famosa por la elaboración de figuras de barro

En diciembre, el municipio recibe hasta comerciantes extranjeros que llevan las piezas a sus países para venderlas.

En diciembre, el municipio recibe hasta comerciantes extranjeros que llevan las piezas a sus países para venderlas.

En diciembre, el municipio recibe hasta comerciantes extranjeros que llevan las piezas a sus países para venderlas.

CABAÑAS. Cuando llega diciembre la Avenida Carlos Bonilla, una de las arterias principales de Ilobasco, es invadida por decenas de comerciantes que, apostados en las aceras, ofrecen la más variada selección de figuras en barro.

Vírgenes Marías, San Josés y niños Dioses, junto a pastores, ovejas, burros y reyes magos de todos los colores y tamaños, invaden esta importante zona.

Junto a las figuras tradicionales también se puede hallar al diablo, a la Siguanaba y su hijo, el Cipitío; a las panchitas, a los indios y a otros personajes no tan propios de los misterios pero que le dan ese toque peculiar y divertido a esta tradición.

Encontramos, por ejemplo, al Chavo del ocho con todos sus compañeros de la vecindad; así como también a Adán y Eva con su árbol del pecado; varios mariachis y hasta dos famosos futbolistas españoles, Messi y, por supuesto, Ronaldo.

Las figuras se venden al detalle y al por mayor y los compradores llegan tanto de la capital como de otros países como Honduras y Guatemala, para llevarse las piezas hasta sus pueblos de origen y comercializarlas.

Esperanza Alfaro lleva casi 40 años de vender misterios, ya sea en el parque, en los mercados e incluso de casa en casa. Es un oficio que aprendió a los siete años y que su madre le enseñó a ella y a sus cuatro hermanos. Esperanza aprendió no solo a vender, sino también a elaborar las piezas. "En Ilobasco, el que no sabe moldear el barro, no es de aquí", indicó la comerciante.

Junto a ella hay más de una docena de puestos donde niños, ancianos, hombres y mujeres pregonan los misterios por docena o al detalle.

"¡Vaya el niño Dios a dos coras!", grita Elena, una niña de unos doce años que durante diciembre se mantiene en el improvisado puesto por seis horas diarias. Su madre está más abajo, en la misma calle, también vendiendo.

Y es que esta es la principal actividad comercial de todo el municipio, según datos del Centro de Desarrollo Artesanal de Ilobasco, entidad que, a través de Conamype, promueve el desarrollo artesanal en varios municipios del país. En Ilobasco hay al menos 48 talleres artesanales registrados y casi la mitad de la población se dedica a elaborar o vender artesanías en barro en sus casas.

"Yo aprendí a hacerlas desde chiquito, tenía como cuatro años y ya me daban barro para moldearlo, a los diez hacía miniaturas y hoy mis cuatro hermanos y yo trabajamos en esto, es lo que nos ayuda a salir adelante", contó Érick Orellana, propietario del taller El Buen Gusto.

Él, como muchos otros artesanos jóvenes, ha diversificado la técnica, pues ya no elabora figuras rústicas, sino más estilizadas y prueba con nuevas pinturas que atraen a otros clientes más sofisticados.

Érick reconoce que las piezas tradicionales ya no son tan buscadas, por eso, en su taller, ha optado por usar moldes en yeso que le permitan confeccionar misterios más finos.

Artesanías en peligro

En Ilobasco, según registros históricos, se elaboran piezas en barro desde la época Precolombina, primero para uso doméstico, después adornos y, finalmente, nacimientos y miniaturas.

Según doña Marta González, otra artesana, las figuras de los misterios comienzan a elaborarse desde junio, porque es un proceso delicado que requiere de varios pasos.

El moldeo, el secado en sombra y luego en sol; el horneo de la pieza, la pintura y la confección de los detalles son los procedimientos.

Todos los talleres usan moldes hechos en yeso y confeccionan misterios en tres o cuatro tamaños distintos, aunque se siguen haciendo los nacimientos tradicionales de colores brillantes y las figuras no tan estilizadas. Lo moderno y más elaborado, con delicados detalles, es lo que está ganando terreno, dice Érick.

Los hay de gran tamaño, de hasta un metro de altura, y también miniaturas, casi como un grano de arroz. Pintados en colores tradicionales, añejados, grises o en café quemado. También están los Belenes rústicos, elaborados totalmente a mano, con vestidos de algodón, pies de alambre y cuerpos desproporcionados. Estos son más pequeños y, según Esperanza, cada vez menos gente los prefiere.

Con estas rústicas figuras no faltan los personajes que le dan el toque autóctono a los misterios, como el diablo, la Siguanaba, el Cipitío, las tradicionales bodas, las panchitas y más.

Doña Marta asegura que, hasta hace unos diez años, la gente colocaba enormes representaciones del nacimiento de Jesús en sus casas, eran pequeños pueblos en los que se podía ver a todos los habitantes en su actividades tradicionales.

Ahí estaba el campesino, la tortillera, el afilador de cuchillos, las panchitas, el indio y muchos más, con caminos de aserrín y papel plateado simulando ríos y cascadas.

"Ahora la gente de pueblo es la que compra todas estas figuras, las de la ciudad prefieren los nacimientos más finos, hechos con moldes, y de un solo color, no tan pintados como antes", comenta la artesana.

Como sea, y aunque en menor medida, las figuras en barro siguen presentes en los hogares salvadoreños, ya sea el misterio tradicional o las grandes representaciones y los artesanos esperan que la tradición se mantenga, pues ha sido por décadas su medio de subsistencia.

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