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En espera para salvar una especie

Los tortugueros hicieron su primer donativo a Vivazul y han asumido el compromiso de hacer más para salvaguardar a esta especie en peligro

Una tortuga de la especie golfina emprende su regreso al mar luego de desovar.

Una tortuga de la especie golfina emprende su regreso al mar luego de desovar.

Una tortuga de la especie golfina emprende su regreso al mar luego de desovar.

nce horas fue el tiempo que un grupo de 50 tortugueros de la playa El Amatal, con apoyo de pescadores de la hacienda San Diego, utilizaron para rescatar huevos de tortuga marina y, posteriormente, donarlos para un corral de incubación que coordina la organización ambientalista Vivazul.

La iniciativa de este grupo de hombres nació a raíz de la problemática de que algunas especies están en peligro de extinción.

El trabajo de los tortugueros inició a las 7:00 de la noche del sábado y se extendió hasta las 5:00 de la mañana del siguiente día. Con ello, pretenden demostrar su compromiso con la recuperación de esta especie.

Al final la jornada valió la pena, ya que lograron recolectar más de mil huevos, cuyo precio en el mercado serían de unos 200 dólares.

Tomando en cuenta que las personas que hicieron la labor son de escasos recursos económicos, el donativo que hicieron a la ONG es muy significativa; además de demostrar que buscan hacer algo positivo para su comunidad y la playa, que también les permite subsistir.

El trabajo

La playa El Amatal y la bocana de San Diego recibió al grupo de tortugueros y pescadores, quienes llegaron en bicicletas dispuestos a estar en vela para no descuidar ni un minuto a las tortugas que llegaran a depositar sus huevos.

Y pese a que a partir de las 11:00 de la noche comenzó a llover, eso no mitigó el ánimo de estos trabajadores comprometidos.

Es más, los relámpagos eran rayos de luz que les permitían observar a las tortugas cumpliendo su ciclo de vida.

Cuando los quelonios se retiraban, los tortugueros recolectaron los huevos y los trasladaban al vivero El Amatal, donde permanecerán enterrados los próximos 45 o 50 días para incubarse y nacer.

Joaquín Sánchez, de 59 años, ha dedicado 49 de ellos a la pesca. Durante la faena aseguró que esta era la oportunidad perfecta para devolver al mar todo lo que le ha dado en tantos años. Junto a él está Santos Sánchez, de 37 años, su compañero de batallas en el mar, quien también se sumó a la tarea.

A la causa se unió José Ulises Valladares, de 19 años, quien demostró su compromiso por conservar las distintas especies de quelonios.

Por su parte la directora de la Fundación Vivazul, Enriqueta Ramírez, consideró que este tipo de actividades tienen un impacto positivo y trascendental en la conciencia y actitudes hacia esta especie animal.

Además, agradeció a la comunidad de pescadores por organizarse y demostrar que no solo se trata de recibir, sino también de devolver un poco de las bondades de la madre naturaleza.

Los tortugueros aseguraron que ellos hacen una pequeña parte, pero también esperan que las autoridades busquen más estrategias para lograr un desarrollo sustentable en la zona costera del país.O

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