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Embajada de Japón beneficia a estudiantes de escuela en Armenia

b Son mil 28 alumnos que gozarán del mejoramiento y ampliación de la institución educativa. Desde 2001, Japón impulsa este tipo de proyectos en el país

La obra fue gracias al programa APCS, que impulsa la embajada desde 2001. Fotos EDH / archivo

La obra fue gracias al programa APCS, que impulsa la embajada desde 2001. Fotos EDH / archivo

La obra fue gracias al programa APCS, que impulsa la embajada desde 2001. Fotos EDH / archivo

SONSONATE. 1,028 estudiantes del centro escolar Armenia, en el municipio que lleva el mismo nombre, fueron beneficiados con la ampliación y mejoramiento de la infraestructura de la institución educativa.

El proyecto fue auspiciado por el programa de Asistencia Financiera No-Reembolsable para Proyectos Comunitarios de Seguridad Humana (APCS), que la Embajada de Japón impulsa en el país desde el 2001.

La inversión realizada fue de 99,211 dólares, que incluyeron la construcción de un módulo de dos aulas y cuatro servicios sanitarios para el área de párvulos, así como una cocina-bodega, el cambio del techado del pabellón de tercer ciclo y la remodelación de los servicios sanitarios de este sector.

Además del dinero aportado por la embajada japonesa, los miembros de la comunidad favorecida también brindaron la mano de obra no calificada.

Los estudiantes beneficiados, docentes y padres de familia se mostraron emocionados por el proyecto escolar realizado.

Los educadores aseguraron que la iniciativa vendrá a mejorar las condiciones en las que reciben clases los menores; además de convertir a la institución educativa en un lugar seguro para los niños.

Con el programa APCS, la Embajada de Japón ha invertido más de 13 millones de dólares en diversos proyectos, lo que ha mejorado más de un centenar de edificaciones educativas y ha facilitado el acceso a los servicios a más de 80 mil estudiantes.

La historia

El centro escolar Armenia comenzó a funcionar en los años 50, impartiendo el tercer ciclo en el turno de la mañana.

En la década de los 90 fueron los mismos padres de familia quienes externaron a las autoridades educativas la necesidad de matricular a sus hijos menores en esa misma escuela, por la comodidad y la accesibilidad. Fue así como comenzó el sexto grado, luego el quinto, hasta completar la parvularia.

Sin embargo, esa ampliación en cobertura educativa también implicó ir reacomodando las instalaciones del centro escolar.

Tanto así que algunas aulas fueron divididas y se construyeron grados provisionales para los menores de edad que ingresaron a la parvularia.

Asimismo, los padres de familia fueron quienes pagaron durante cinco años los salarios de los nuevos maestros para cubrir la demanda, los que ahora ya corren por cuenta del Ministerio de Educación.

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