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Daniel, una infancia en el fondo del mar

Este pequeño residente de Playas Negras, La Unión, realiza uno de los oficios más difíciles y peligrosos: sacar ostras

Ante la falta de una bomba, al pequeño no le queda otra que inflar el neumático que le sirve como flotador con la boca.

Ante la falta de una bomba, al pequeño no le queda otra que inflar el neumático que le sirve como flotador con la boca.

Ante la falta de una bomba, al pequeño no le queda otra que inflar el neumático que le sirve como flotador con la boca.

Lo normal para la mayor parte de niños al salir de la escuela es llegar a casa para tomar sus alimentos, hacer las tareas y luego jugar al fútbol o derrochar un poco de tiempo en las consolas de videojuegos.

Pero este estilo de vida no es igual en todos los hogares, y en el caso especial de Daniel de Jesús Sánchez, de 13 años, residente de Playas Negras, La Unión, hay una variante muy marcada, pues en lugar de buscar una pelota de fútbol e ir a jugar, agarra su neumático, red, careta y aletas, y con la mirada hacia el horizonte se adentra al mar unos 150 metros para realizar uno de los oficios más difíciles y peligrosos: sacar ostras.

"Comencé a ostrear cuando tenía unos 12 años, en ese entonces ya podía nadar, pues aprendí a los nueve años, me les pegaba a los mayores para aprender de ellos como sacar las ostras de fondo del mar", comenta Daniel mientras arregla sus herramientas de trabajo.

Muchos niños de su misma edad podrían ver con rareza o admiración a este pequeño ostrero, pero para Daniel es de lo más normal.

Al llegar a la playa coge un poco de aire de sus pulmones para llenar el neumático que le ayuda a flotar durante su faena, da un último vistazo a sus aperos y levanta su vista para ubicar donde está la corriente para evadirla, se persigna y hecha a nadar mar adentro.

El recorrido desde la playa hasta el punto en donde tiene identificado que hay ostras está más a o menos a unos 150 metros después de la reventazón, y se demora unos 20 minutos en llegar. Ya en el lugar, lo primero que hace es enganchar una "araña", una especie de ancla artesanal, en el fondo rocoso para no ser arrastrado por las mareas y empezar a sumergirse unos 30 segundos cada vez, con lo cual logra extraer unas tres ostras como máximo.

En una de estas jornadas El Diario de Hoy lo acompañó al mar y estuvo junto a Daniel durante más de dos horas para ser testigos del esfuerzo, dedicación y coraje que este niño emplea en su labor en el fondo del mar.

A nosotros se unieron tres jóvenes más, entre ellos Edwin quien tiene unos 19 años y con mucha más experiencia en este oficio, pues sus inmersiones eran de casi un minuto de tiempo.

El niño ostrero vive con su madre, Delmy del Carmen Sánchez Benítez; y sus hermanos Cristian y Alexis, de ocho y dos años, respectivamente. Estudia 4o. grado en el Centro Escolar Caserío Maculí y todos los días recorre más de tres kilómetros para asistir a clases junto a uno de sus hermanos.

"En segundo grado estaba cuando el salitre me comió la bicicleta que tenía y era en la que nos íbamos y veníamos de la escuela", comenta Daniel mientras caminábamos de regreso a su casa.

En estas playas de oriente, incluida Playas negras, es común ver a jóvenes y niños ejerciendo este oficio, y para ellos aprender a sacar ostras requiere de por lo menos unos tres meses de práctica, logrando como primer paso mantener el mayor tiempo posible sus pulmones con oxígeno para que cada sumergida sea de provecho.

Pero además de ir en busca de ostras para venderlas, también llevan en sus matatas una "filga" que es una especie de arpón artesanal que se lanza con un hule y que utilizan para atrapar algún pez que les pueda servir de alimento en sus hogares. De hecho esa tarde vimos algunos peces ensartados en sus filgas y que guardaba cuidadosamente para que no se le escaparan.

"Ahorré para comprarme mis aletas, me regalaron la almádana y el cincel que es con lo que despego las ostras de las piedras, la araña me la presta un vecino y así es como yo en cada momento libre me meto al mar a ostrear y las vendo a restaurantes de la playa", comentó mientras flotábamos aferrados a su neumático.

Dentro de los deportes que le apasionan y practica está el surf, y espera hacerlo de forma profesional en el futuro. Uno de sus máximos anhelos a corto plazo es conseguir una tabla, pues por ser de escasos recursos económicos no puede comprar una.

El jovencito hace un llamado a algún surfista de buen corazón que le pueda donar una aunque esté viejita. Por el momento lo practica con una que le presta un amigo.

Hora de salir

La marea está subiendo y el grupo de ostreros decide abandonar las labores, pues durante la marea alta se pone más difícil salir del agua porque una corriente que se forme de la playa hacia adentro podría arrastrar a los muchachos a una zona rocosa y podrían salir lesionados. Fue así que emprendimos el viaje de regreso a la playa, ellos contentos con su pesca, y yo satisfecho por haber compartido una tarde de trabajo con los pequeños ostreros.

Un día más de trabajo ha concluido en la vida de Daniel, y su segunda misión del día es hacer sus tareas escolares, ayudar a su madre en sus quehacer ¡es del hogar, jugar unos minutos con sus hermanos y terminar el día viendo televisión.

Será hasta otro día en que las profundidades del mar vuelvan a saber de este niño que día a día lo desafía extrayendo parte de sus frutos como son estos moluscos que todos disfrutamos y conocemos como ostras.

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