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Cosecha de café: trabajo para miles

En El Salvador se utiliza un área de 229,921 manzanas de tierra para siembra de café, con la cual familias enteras se dedican a recolectar el fruto para subsistir

La faena ha sido larga y pesada. Desde que iluminan los rayos del sol, los cortadores inician su jornada de varias horas.

La faena ha sido larga y pesada. Desde que iluminan los rayos del sol, los cortadores inician su jornada de varias horas.

La faena ha sido larga y pesada. Desde que iluminan los rayos del sol, los cortadores inician su jornada de varias horas.

En las zonas bajas y altas de los cerros de El Congo, en Santa Ana, los trabajos de temporada de las cortas de café no han parado desde el pasado mes de octubre.

Los parques cafetaleros se engalanaron con granos rojos, esto es como un anuncio que atrae a jóvenes y adultos que tendrán la labor de cortar el fruto.

Desde los caminos se divisan las fincas de café y desde muy temprano hombres mujeres recorren los senderos hacia su punto de trabajo.

Lo primero que hacen es llegar al lugar conocido como el casco de la finca, para anotarse con el mandador y recoger los sacos de yute.

Ya listos con sus canastos y vestidos con gorras, sombreros, camisas manga largas para protegerse del sol y de la maraña de las fincas, se internan para comenzar la recolección del grano de oro.

Las personas que se dedican a este oficio deben superar problemas de temperaturas, picaduras de zancudos, a veces de culebras y otros insectos que habitan en el bosque cafetero, así como el desplazamiento inseguro por lo difícil del terreno.

La temporada es un alivio para muchos habitantes de la zona, ya que viene a paliar un poco la carga económica de grupos familiares que trabajando en conjunto hacen una mayor recolección de café.

Cortas en familia

En la finca Piedra de Agua, cantón Potrerillos de La Laguna, en la zona alta de El Congo, las tareas son individuales o de grupo, aquí muchos deciden hacer la recolección en familia ya que abunda más; a parte de que es una forma de mantenerse ocupados.

"Es una oportunidad de trabajo y ganar un dinero, pero también de controlar a los hijos, ya que es bueno enseñarles a trabajar, mis tres hijos estudian pero aquí andan conmigo, ya que es muy peligro esta zona" , aseveró José González, cortador.

La mano de obra en las cortas escasea ya que muchos tienen temores por los asaltos, robos y hurtos en la zona.

"Antes no era muy peligroso, uno venía y trabaja sola y tranquila, podíamos andar cortando o pepenando leña pero ahora no", comentó Francisca Chamagua, de 70 años.

Para José Ramírez, caficultor y agricultor de la zona de Coatepeque, la caficultura "es un área muy sacrificada, hay que lidiar y cuidar el mantenimiento de las fincas, ya que hay que combatir la roya y los efectos del cambio climático que también pueden afectar".

Sin duda, el oficio ya no es como antes. Hoy la delincuencia ha afectado a ese sector.

"No entendemos, hay hurtos y robos de café sin importar la hora o el día, en la noche se observan bajar camiones que vienen desde el volcán y que pasan por calles principales. Ya hay denuncias", añadió Ramírez.

El Chingo

Es un espectáculo ver los arbustos cargados y doblados por la abundante cosecha del grano rojo en la zona del volcán El Chingo, siempre en Santa Ana.

Los cortadores son los mismos lugareños de los caseríos aledaños. Es un espacio remoto el cantón El Paste, situado al pie de El Chingo, en el que extensas fincas apenas se ha iniciado la recolección del grano.

Los cortadores, en el país, son la fuerza laboral que permite que las personas puedan disfrutar en sus casas, oficinas, o donde prefieran de una taza de café.

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