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"En la ciudad de San Marcos he dejado mi corazón agradecido"

El padre Mario Zanconato es un sacerdote de 94 años que continúa con su labor pastoral, él dedicó su vida por el desarrollo de San Marcos

Por 28 años el fungió como Párroco de la Iglesia de San Marcos. Foto EDH / René Estrada

Por 28 años el fungió como Párroco de la Iglesia de San Marcos. Foto EDH / René Estrada

Por 28 años el fungió como Párroco de la Iglesia de San Marcos. Foto EDH / René Estrada

A paso lento pero siempre con una sonrisa en su rostro, el padre Mario Zanconato se encarga de asistir la misa en la Iglesia San Antonio de Padua. Él es sacerdote franciscano, tiene 94 años y entregó sus mejores años a trabajar por el progreso de la Ciudad de San Marcos.

Incluso en el municipio, existe una avenida que lleva su nombre y también la comuna lo nombró hace algunos años como hijo meritísimo de esa ciudad.

El padre Mario dice que a pesar de los achaques de la edad su misión pastoral aún continua activa.

Este misionero franciscano, nació en la ciudad de Vicenza, Italia en 1920 y fue ordenado en 1941. Estuvo en Italia en casas de retiro, seis años como capellán del Hospital de Vicenza y después comenzó su vida misionera.

Según Zanconato en 1959 el arzobispo de El Salvador, Luis Chávez y González pidió ayuda a la congregación. Fue ahí donde comenzó su viaje a El Salvador. El 22 de agosto de ese año comenzó su traslado al país en barcos; el sacerdote explica que fueron 24 días de navegación para llegar a Panamá primero y luego viajó en avión hasta el territorio cuscatleco.

El padre Mario recuerda que su primer destino fue un convento de los franciscanos en los Planes de Renderos, ahí había dos padres y ahí se refugió por cuatro meses.

Luego el arzobispo de San Salvador lo nombró párroco en La Reina, Chalatenango, lugar donde estuvo 12 años y donde encontró una parroquia pobre, abandonada, sin luz y con caminos en los que solo podía llegarse a caballo.

Con ayuda de algunos bienhechores de Italia arregló la iglesia y posteriormente buscó ayuda del gobierno para abrir una escuela, la cual dirigió pos seis años.

Pero su obra no culminaba ahí; en 1971 el arzobispo lo nombró párroco de San Marcos, donde afirma que tuvo una vida más activa.

"Cuando llegué a San Marcos y vi toda la pobreza me dije: Mario hay que trabajar", narra Zanconato.

Detalla que cuando llegó a esta ciudad, la iglesia aún era de bahareque y el campanario de madera, el cual estaba apunto de caerse. En ese momento pidió ayuda de corazones bondadosos y en cuatro años levantó una iglesia nueva. Pero eso no fue suficiente pues también se encargó de trabajar con los niños de la Escuela Parroquial y con sacrificios logró que esta recibiera alumnos hasta bachillerato ahora este centro lleva también su nombre. "Estoy muy agradecido con esa ciudad siempre encontré gente buena que me apoyara", concluye el sacerdote.

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