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La calle de la Amargura, la ruta de la conversión

Su nombre evoca el camino que Cristo recorrió hacia el Gólgota. En el país su mayor protagonismo es durante las actividades religiosas de la Semana Mayor

La Vía de la Cruz, como también se llama a la calle de la Amargura o del dolor, existe en la mayoría de países, y en San Salvador se ubica en la 6a. Calle Oriente- Poniente.

El historiador Ismael Sermeño dice que formó parte de las primeras ocho vías de la floreciente ciudad de San Salvador, considerándola a mediados del siglo XVI como una de las calles más emblemáticas por su lujosa arquitectura.

Sin embargo, su mayor connotación fue y es de carácter religioso, ya que las 10 cuadras que distan desde lo que fuera la iglesia San Esteban hasta el templo El Calvario, se transforma en el escenario de las diferentes actividades litúrgicas para la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.

Además de hacer referencia al camino que Jesucristo recorrió hacia el Monte de la Calavera con la cruz a cuestas para ser crucificado, es considerada la calle de la Amargura más larga (formada por mil metros lineales), superando a la famosa Calle de la Amargura de Los Pasos, de la Antigua Guatemala.

Según datos recabados por Sermeño, en la época de la colonia, la nomenclatura de las ciudades fundadas por los españoles carecía de avenidas y todas eran llamadas calles, a excepto de algunas que por su importancia eran nombradas calzadas.

Por lo general, se identificaban por el nombre de algún edificio relevante o santo, incluso se adoptaba un hecho histórico. Por ejemplo, la calle de la Parroquia, la del Monte de Añil, del Cabildo, de San Francisco y de La Merced.

Es así como calles de la amargura existen en muchas partes del mundo católico, al igual que templos "El Calvario", donde tienen lugar los ritos religiosos de la época cuaresmal.

Procesiones y comercio

La calle de la Amargura en el siglo XIX era una de las más elegantes y desempeñó un papel trascendental en el desarrollo urbanístico y cultural.

Este último lo caracterizó el fervor religioso con que se celebraba la Semana Santa. Las grandes familias de la clase media alta se encargaban de decorar cada una de las estaciones y recibir las procesiones de la Semana Mayor.

De 1950 a 1960, los desfiles litúrgicos eran la principal atracción de San Salvador y los fieles católicos asistían de todas partes del país .

Hoy día su elegancia es opacada por los vendedores informales y la desolación de algunos edificios del siglo pasado, lo cual ha hecho menguar la participación de la población por ser intransitable.

El Vicario del templo El Calvario, Narciso Bordignon, afirma que la calle de la Amargura se ha desnaturalizado, pero no así su esencia, y uno de los indicadores más evidentes son las 14 estaciones del Vía Crucis que fueron colocadas a lo largo de las 10 cuadras. La primera de éstas se encuentra frente al predio de la plaza San Esteban y la última esquina opuesta al templo El Calvario, las cuales son adornadas por la Hermandad del Vía Crucis y otras por personas que cercanas al Barrio San Esteban.

Doña Cristina de Barón y Julia de Molina residen en los alrededores de este corredor litúrgico y desde hace más de 10 años decoran la primera estación en la que Jesús es sentenciado a muerte.

Sin embargo, muchas de estas yacen inmersas entre los canastos, ventas ambulantes y puestos de lámina, plástico y cartón, mientras que otras han sido dañadas por los peatones.

Pese a ello, Ismael Sermeño sostiene que la calle de la Amargura es, religiosamente hablando, un patrimonio intangible, que consiste en costumbres y tradiciones que el pueblo mantiene vivas, adquiere una trascendencia histórica, única para una sola calle.

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