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En 30 años 655 pacientes recibieron un nuevo riñón

El 7 de enero de 1985 se hizo el primer trasplante de riñón en el país, en el Seguro Social

Ana Lilian Rivera le donó un riñón a su hermana Alma Rosa. Foto EDH / claudia castillo

Ana Lilian Rivera le donó un riñón a su hermana Alma Rosa. Foto EDH / claudia castillo

Ana Lilian Rivera le donó un riñón a su hermana Alma Rosa. Foto EDH / claudia castillo

En marzo de 1986, cuando el problema de la enfermedad renal en el país no había alcanzado la magnitud de hoy, Alma Rosa Rivera fue trasplantada en el Seguro Social. Sus riñones llevaban varios años sin funcionar bien.

Su hermana, Ana Lilian, apenas sacó su cédula y le donó el órgano que le ha permitido vivir sin mayores problemas de salud por casi 19 años.

Alma tenía 15 años cuando de boca del nefrólogo del Seguro Social escuchó decirle a ella y a su padre que tenía insuficiencia renal terminal y que para vivir necesitaba un tratamiento que sustituyera parte de la función de sus riñones.

"Sentí feo, imagínese tenía 15 años, yo no viví una adolescencia normal como todas las jóvenes, sino que pasaba en el hospital", manifestó Alma.

Desde los seis años de edad, su madre visitó varios centros de salud para saber qué le ocasionaba que los pies y las manos se le inflamaran, pero los médicos dijeron que se trataba de una infección en las vías urinarias.

Ella ingresó a la terapia de diálisis; por medio de una máquina le limpian los tóxicos del cuerpo, pero a los tres meses pasó a la hemodiálisis y a los cinco años fue trasplantada.

Dos veces a la semana por cuatro horas se conectaba al aparato. "El doctor me lo sugirió, me dijo que era una forma de vida diferente, que iba a llevar una mejor calidad de vida y es verdad porque ahora puedo tomar más agua, puedo comer otras cosas que tenía restringidas y ya no voy dos veces por semana al tratamiento de hemodiálisis", acotó Alma.

Sus padres se ofrecieron para donarle el riñón, pero fueron descartados. Su madre era asmática y a su padre le daban convulsiones; entonces su hermana se ofreció, pero por ser menor de edad tuvo que esperarse.

Ana le dijo: no te preocupes, al cumplir los 18 años yo te voy a dar el riñón. Y así fue.

"Una parte que me motivó fue ver el sufrimiento de ella y que mis papás no podían, yo estaba bien segura de lo que quería, no sentía miedo de nada", manifestó.

Ambas trabajan en el Mercado La Tiendona. Alma ha cumplido 40 años y mantienen su riñón funcionando sin problemas. Ana, su hermana, tiene 37 años y es madre de dos niños, uno de siete y otro de cuatro.

Ana come saludablemente y, dos veces al año se somete a un chequeo. "La gente tiene miedo cuando le dicen que tiene que donar un órgano, la gente piensa que va a quedar mal y realmente no. Mi hermana está bien", añadió Alma.

El 7 de enero se cumplieron 30 años desde que se realizó el primer trasplante de riñón en el país, en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social.

A la fecha 655 personas han recibido un nuevo órgano que les ha permitido dejar las máquinas para continuar con sus vida.

La primera cirugía se le hizo a Manuel Elizondo, un joven que falleció aproximadamente tres años después por contagiarse de varicela.

Benjamín Ruiz Rodas, fue el pionero de este tipo de procedimientos. Al regresar de los Estados Unidos, luego de especializarse, inició los trasplantes, en medio de críticas y sin tener el respaldo de una ley.

En esas circunstancias dice que pudo haber ido preso, pero se arriesgó. "A los pacientes les llevábamos un abogado para que juramentaran que donaban el riñón por deseo de generosidad propia, era un movimiento administrativo tremendo para hacer un trasplante", añadió Ruiz Rodas.

Fue en 2001 cuando se reformó el Código de Salud para darle vida legal al trasplante de tejidos y órganos en el país tanto de donantes vivos como cadáver y se mandó a crear el Consejo Nacional de Trasplante.

Pero solo el ISSS ha sido capaz de desarrollar y mantener un programa aunque se sigue sin tener donante cadavérico.

Rodas dice que el trasplante era una de sus ilusiones, pues no era aceptable tener a los pacientes en diálisis o hemodiálisis sin ninguna esperanza de tener un nuevo órgano.

La idea se la presentó al director del ISSS, pero la respuesta que recibió fue que "eso no era para este país". Rodas no se dio por vencido.

Llegó a ser jefe de Nefrología y del departamento de Medicina y formó un equipo; juntos hicieron los protocolos y la nueva dirección del ISSS le dio el banderazo de salida.

Seleccionó a tres pacientes, pero a dos se los ahuyentaron, comentó Rodas. Manuel aceptó y hace 30 años se hizo el primer trasplante en la historia de El Salvador.

Recuerda que el país estaba en guerra, ese día, habían derribado postes del tendido eléctrico y mientras hacían la cirugía se quedaron a oscuras y tuvieron que proseguir con la luz de lámparas.

En 1985 hicieron cuatro trasplantes. El siguiente año, el terremoto destruyó el cuarto para los pacientes, intentaron habilitarlo en el hospital Rosales, pero no se pudo. En 1988, cuando pasaron al hospital Médico Quirúrgico, retomaron su labor y desde entonces se hace una cirugía a la semana.

Roxana Durán, presidenta de la Asociación de Trasplantados Renales de El Salvador (ATRES), manifestó que con este tipo de procedimientos los pacientes renales tienen una mejor calidad de vida porque no tienen que estar atados a una máquina.

"Eso es muy duro y doloroso, si uno no va al tratamiento muere; el trasplante es una nueva oportunidad de vida, uno se independiza, uno vuelve a la vida, entre comillas, normal", expresó.

La presidente de la ATRES dice que es un tratamiento que le da mejor calidad de vida a la población, pero lamentablemente no todos tienen donantes, pues una buena parte de la población tiene miedo a donar.

"Se debería informar más sobre la oportunidad de vida que tenemos de darle a otra persona, porque las personas piensan que se van a morir al dar un riñón, pero gracias a Dios ya llevamos más de 650 trasplantes en nuestro país del ISSS", expresó Durán.

Ella fue la paciente número 114 en ser trasplantada, fue hace 17 años que un familiar le donó el órgano, pero a los nueve años y medio su cuerpo rechazó el riñón y regresó a la terapia sustitutiva, un año y medio después nuevamente fue trasplantada.

"Hace 17 años el número de pacientes eran menos, la enfermedad no estaba muy desarrollada, no se platicaba mucho qué era la insuficiencia renal, pero gracias a Dios tuve la oportunidad de tener un donante", valoró.

Según datos del ISSS publicados en marzo del año pasado, en el servicio de Nefrología del Hospital Médico Quirúrgico habían 510 pacientes en hemodiálisis.

La institución detalló que al año destina aproximadamente $15 millones en mantener el tratamiento, la hospitalización y brindar las consultas a los pacientes renales a nivel nacional. Cada trasplante le cuesta a la institución $16,560.

Agregan que entre las principales causas que llevan a la insuficiencia renal están la diabetes y la hipertensión con 37 por ciento y 29 por ciento respectivamente.

El Seguro Social es la única institución en El Salvador que tiene un programa de trasplante renal. En el sistema público, el Rosales no consiguió tener uno y en el Bloom están suspendidas las cirugías de este tipo.

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