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La pena de ser listo
 
"Me gradué de la universidad pero las oportunidades están cerradas, ¿debo emigrar?"
Un momento. Los intelectuales están mal preparados para emigrar; pero nadie debe detenerte. La historia es esta.
Entre lo excelentes restaurantes italianos de Washington hay uno cuyo dueño es salvadoreño. Habla inglés con dicción perfecta. Italiano cuando es necesario. Comenta los juegos del D.C. United en español, así: "puej veya que cuando al puertero le tiran la pelota, ¡no siavienta y bien pulido que lagarra!". Es el español de un campesino de las montañas usulutecas, un hombre que estudió hasta el tercer grado. Eso es él.
El triunfó tanto porque vino limpio. Desconocía el inglés y lo aprendió prístino, sin clases mal impartidas ni libros (demasiados intelectuales lo hablan con acento). No conocía nada y pudo aprenderlo todo (los cultos ven el mundo vendados por la cultura; entre más cultura, más vendajes).
Luego de la miseria de Usulután, cualquier cosa era buena. Trabajar lavando platos, aseando pisos, cualquier cosa que le permitiera vivir en un apartamento con electricidad, con plomería. Un intelectual dudará mucho antes de hacer eso. Si lo hace.
Como obrero en Washington, él alcanzó un nivel inimaginable para un campesino usuluteco. Un intelectual tiene que abandonar su estatus para ser obrero y sobrevivir.
No muchos intelectuales inmigrantes consiguen un trabajo relacionado con su profesión &endash;especialmente si inmigran ilegalmente. Algunos terminan trabajando como meseros, como cantineros. Algunos llegarán a ser dueños de bares o restaurantes. Algunos conseguirán ser maestros, cantantes, teatreros, con sueldos inferiores al de un albañil, al de una mucama. Este es el verdadero paraíso de los obreros. Los intelectuales sufren.
No todos. Muchos médicos volverán a ser médicos, abogados volverán a las leyes, ingenieros y arquitectos a los números y las mesas de dibujo. Algunos periodistas seguirán siendo periodistas y encontrarán que el salario de un periodista latino en Estados Unidos sólo les permite una vida de clase media, sin seguro ni jubilación.
Pero, al final, todo depende de la suerte, del trabajo, y del talento. Las dos últimas son las menos importantes. Si querés emigrar, suerte.



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