Desde
todos los ángulos:
apasionado. El fútbol
femenino universitario
está cargado de
entusiasmo, entrega y gritos
de
¡Goool!
Redacción
Planeta
planetaalternativo@elsalvador.com
El
gusto de robarse un
balón y llevarse a la
defensa, los gritos del
entrenador, los insultos del
oponente, la pasión por
el juego, los baños de
"sudor" y el grito
catártico de
¡goool! ya no son
privilegio
masculino.
Al
menos, no para las estudiantes
universitarias que se atreven
a dejar un rato los cuadernos,
el novio y los tacones para
ponerse los tacos, por la
simple razón de que el
fútbol es su
pasión. Desde hace diez
años, las estudiantes
de Derecho, Ingeniería,
Odontología,
Comunicaciones y
Admistración de cuatro
universidades aspiran al
privilegio de obtener un
título universitario;
pero también al
privilegio de jugar
fútbol.
Ellos
sí, nosotras no
Muchos
hombres se ríen cuando
presencian un partido de
fútbol femenino... ven
el partido lento y, a veces,
"chistoso".Las futbolistas
universitarias reconocen que
no son la réplica de
Maradona, ninguna se considera
un "crack". Ellas quieren
aprender y por eso
están en la
cancha.
"A
los hombres les enseñan
a jugar desde niños, a
nosotras nos ha tocado
aprender en bachillerato o en
la universidad" cuenta Carmen
Elena Peralta, jugadora de la
UTEC. Cuando entró en
el equipo, Carmen ni siquiera
podía parar un
balón y hasta "le
tenía miedo a la
pelota". Ahora, además
de jugar para la UTEC, donde
estudia psicología,
juega para el equipo "Monte
María" de la exinta
Liga Independiente de
Fútbol Femenino de El
Salvador.
Lesiones
y tarjetas
Miriam
Regina González
ingresó este año
a la Universidad Matías
Delgado para estudiar
Licenciatura en Derecho y,
además, practicar su
deporte favorito. Miriam ama
el fútbol desde 1998,
cuando estudiaba primer
año de bachillerato en
el Colegio San Francisco." Ese
mismo año dejé
de jugar porque me
quebré el tobillo
derecho cuando corría
gradas... en un entreno" se
lamenta. Ahora Miriam recupera
el tiempo perdido y, aunque
tiene planeado casarse en
octubre, no tiene intenciones
de abandonar el fútbol:
"Si no me deja jugar, me
divorcio", asegura.
Leña
y otras hierbas
Aunque
tengan cara de "yo no fui"
estas niñas sacan de
sus casillas a cualquier
árbitro. Las tarjetas
amarillas, más que
rojas, salen a relucir de vez
en cuando.
"Entradas
fuertes", "mala
intención al marcar",
codazos y jalones de camisa
son méritos sufientes
como para ganarse la
amarilla.
Insultar
al árbitro o a otra
jugora, puede ser suficiente
para ganarse la roja.
Algún
tío podrá decir
que "el fútbol no es
para mujeres", pero la familia
las apoya. Miriam era la menor
entre sus primos y ellos no la
dejaban jugar fútbol
hasta que creció.Cuando
les dijo que estaba en el
equipo de la universidad la
respuesta fue:
"¡Ya
era hora de que alguien de la
familia estuviera en un equipo
de verdad!".
Tacos,
camizola, espinilleras,
cuadernos, un libro de Isabel
Allende y un capuchino parecen
no conjugar; aunque en la
semana de Nathalie Lorenzana
integran una fórmula
vital.
La
volante de la UCA tiene vida
dentro y fuera del
'ruedo'.
Durante
el ciclo se levanta a las 6 de
la mañana porque la
primera clase es a las 7:30.
El lunes, en el "receso" de
las diez, suele ir a a la
cafetería "La Tertulia"
para desayunar cinco pupusas y
un chocolate. A las 11:30 es
la primera en llegar a la
cancha antes de iniciar el
entreno.
El
martes es un día de
reunión familiar. "A
las cuatro de la tarde me
reúno con mis hermanas
casadas para contarnos
cómo nos va".
El
miércoles podría
ser el día cultural.
Durante el Festival de Teatro
Centroamericano, Nathalie vio
casi todas las obras: "solo me
perdí una" dice. El
jueves llega con el
estómago vacío
al entreno, porque las cuatro
horas de clases que tiene ese
día no le dan chance
para desayunar ni
almorzar.
Cambio
de habito
Cuando
llega el fin de semana,
Nathalie aprovecha para
vestirse como le gusta. "Me
fascina andar de falta y
vestido, pero si te ven en la
'U' así, la gente
piensa que uno quiere llamar
la atención, por eso
solo voy de bluejeans".
"Uniformada" para salir, el
viernes por la noche, Nathalie
y sus amigos visitan
algún bar de la San
Antonio Abad.
El
sábado por la
mañana hace las veces
de chofer para su hermana y
por la tarde va a jugar billar
cerca de la UCA. La noche, de
vez en cuando, sirve para
bailar. Tras el desvelo, los
cuadernos. "Como no puedo
entre semana, el domingo lo
dejo para descansar y
estudiar".
Tacos,
camizola, espinilleras,
cuadernos, un libro de Isabel
Allende y un capuchino parecen
no conjugar; aunque en la
semana de Nathalie Lorenzana
integran una fórmula
vital.
La
volante de la UCA tiene vida
dentro y fuera del
'ruedo'.
Durante
el ciclo se levanta a las 6 de
la mañana porque la
primera clase es a las 7:30.
El lunes, en el "receso" de
las diez, suele ir a a la
cafetería "La Tertulia"
para desayunar cinco pupusas y
un chocolate. A las 11:30 es
la primera en llegar a la
cancha antes de iniciar el
entreno.
El
martes es un día de
reunión familiar. "A
las cuatro de la tarde me
reúno con mis hermanas
casadas para contarnos
cómo nos va".
El
miércoles podría
ser el día cultural.
Durante el Festival de Teatro
Centroamericano, Nathalie vio
casi todas las obras: "solo me
perdí una" dice.
El
jueves llega con el
estómago vacío
al entreno, porque las cuatro
horas de clases que tiene ese
día no le dan chance
para desayunar ni
almorzar.
Cambio
de habito
Cuando
llega el fin de semana,
Nathalie aprovecha para
vestirse como le gusta. "Me
fascina andar de falta y
vestido, pero si te ven en la
'U' así, la gente
piensa que uno quiere llamar
la atención, por eso
solo voy de bluejeans".
"Uniformada" para salir, el
viernes por la noche, Nathalie
y sus amigos visitan
algún bar de la San
Antonio Abad.
El
sábado por la
mañana hace las veces
de chofer para su hermana y
por la tarde va a jugar billar
cerca de la UCA. La noche, de
vez en cuando, sirve para
bailar. Tras el desvelo, los
cuadernos. "Como no puedo
entre semana, el domingo lo
dejo para descansar y
estudiar".

|