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La
gitana
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iempre
me han llamado la atención
las gitanas y los gitanos. En
especial esas hermosas mujeres con
su acento y sus vestidos semejantes
a una flor abierta en primavera.
- Mi
primer encuentro con ellas fue,
digamos, muy especial. A las faldas
del cerro Santa Lucía, en las
afueras de Santiago de Chile, me
interceptó una.
- Tomó
mi mano para leerla -un momento
mágico, en verdad- y
así predecir mi
futuro.
- Claro,
la adivina pidió un billete
para iniciar un encanto y limpiarme
de las malas vibras, ya que
según su visión
tenía un embrujo. ¿Yo?
¿Un embrujo? Salado,
talvez.
- Bueno,
paso un billete de 5000 pesos (que
es el equivalente a cinco
dólares, en moneda bien
salvadoreña). El pago es
indispensable para neutralizar el
encanto.
- La
mujer comienza a frotar el billete
en su mano con avidez mientras la
observo.
- Pero
la magia desapareció
repentinamente cuando la gitana
destapa sus senos y rocía con
leche materna la plata.
- Luego,
en un abrir y cerra de ojos,
comienza a frotar el dinero y no
sé en que parte del cuento,
pero por arte de magia, ¡el
billete comienza a
desintegrarse!
- Pero
mi ojo había logrado ver que
lo había cambiado por un
papel para engañarme y
hacerme pensar que el dinero se
destruía.
- En
ese momento me quedé mudo
francamente. ¿Qué pasa
aquí ? ¿Esta mujer es
una estafadora o una nudista? Me di
cuenta que mi curiosidad me iba a
salir cara.
- Era
un un vulgar timo
simplemente.
- Una
rabia me subió del
estómago a la cabeza y sin
pensarlo tomé la mano donde
tenía mi dinero y la
apreté hasta que doblé
su pequeño dedo
mágico. Con un gran
"¡Ayyy!" y unos cuantos
"¡%#&!%!" como despedida
terminó mi cita. La gitana
rabió y soltó los
cinco mil pesos fulminándome
con la mirada.
- Pero
recuperé mi
plata.
- La
lección al ver una gitana en
Santiago de Chile es salir disparado
en dirección contraria.
- Y
mi moraleja personal es que la
curiosidad mató al gato.
Desde aquel día, empiezo a
sentirme un poco extraño.
¿Será fruto del embrujo
de la gitana?
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