Descubra
sus mágicos rincones,
sus callejuelas escarpadas,
sus cerros multicolores y sus
paseos en lancha por la
Bahía.
Texto
y fotos: Eric L.
Lemus
Valparaíso
es la ciudad puerto
emblemática de la
colonia por excelencia. Antes
que se abriera el paso por el
Canal de Panamá, era el
paso obligado para los barcos
transcontinentales.
La
topografía irregular
del lugar hizo que la ciudad
naciera ganándole
terreno al mar. La ciudad es
especial y alberga rincones
mágicos como la casa
exótica de Pablo
Neruda, el Museo de Bellas
Artes, la Facultad de Arte de
la Universidad de Playa Ancha,
la Casa de Lukas y la Casa
Gabriela Mistral.
El
caracter de sus ciudadanos
complementa el entorno.
Habituados a ver desembarcar a
gente de todo tipo, no hay
asombro.
El
anfiteatro que mira al
mar
Valparaíso
es un colorido puerto que se
contempla desde miradores como
Gervasoni, Yugoslavo,
Atkinson, Diego Portales y 21
de Mayo.
Los
45 cerros de Valparaíso
concentran los atractivos de
la ciudad gracias a una
arquitectura poco tradicional
y que ha sido adaptada a la
topografía original con
empinadas escalas, angostas
callejuelas y abruptas
quebradas que forman una
especie de anfiteatro de cara
al mar.
Pero
si los turistas no quieren
subir por las calles, pueden
abordar uno de sus pintorescos
ascensores, los tradicionales
trolley que datan de inicios
del siglo XX.
En
1880, el auge comercial que
tuvo este puerto atrajo a
ciudadanos alemanes e ingleses
que hicieron del lugar su
segundo hogar. El legado de
ambas culturas se aprecia en
los cerros Concepción y
Alegre, donde crearon
diferentes instituciones
educativas, culturales y
recreativas.
Otra
huella arquitectónica y
cultural son las iglesias
Luterana y Anglicana. Desde lo
alto, una brisa gélida
marina acaricia a los
transeúntes de
repente.
El
año nuevo comienza
aqui
Cada
31 de diciembre, miles de
chilenos y turistas argentinos
reciben el año nuevo
con un festival de fuegos
artificiales que iluminan la
Bahía. Alrededor de
1.000.000 de personas se
ubican en los diferentes
miradores para ser parte de
esta gran fiesta.
Otro
atractivo permanente y que se
produce cada noche de fin de
semana es la avenida Pedro
Montt, donde está todo
lo "in" de la vida
nocturna.
Durante
el día, la ciudad tiene
vida pero no más
allá del ritmo
habitual. En torno al puerto,
los lancheros ofertan a pecho
partido sus viajes alrededor
de la Bahía.
Frente
al embarcadero, los vendedores
de artesanías esperan
la llegada de los clientes sin
mucha prisa. La vida camina
despacio. "¿Y de
dónde eres?", me
pregunta una dama de regular
edad; con temor a que no me
entienda le respondo "de El
Salvador" (...) "Ah... El
Salvador, vienes de muy lejos.
¿Y sigue temblando por
allá?" agrega con suma
preocupación.
Luego
una anciana gitana me aborda
con su mano extendida. "El
futuro, el futuro, debo leerte
el futuro", dice, mientras
alcanza mi mano. "Lo siento,
pero no tengo plata y prefiero
las sorpresas", le
explico.
Una
mueca simpática me
corresponde y también
pregunta "¿De
dónde eres?". "El
Salvador ¿lo
conocés?" digo
dubitativo. "¡Claro!
¡Por supuesto que lo
conozco! Pasé ahi
cuando iba para los Estados
Unidos; yo quería
llegar al norte".
-
"¿Y llegó?". -
"Que va. Me atraparon en
México". Nuevamente la
brisa gélida sopla
desde la Antártica. Es
la corriente
Humboldt.
Este
puerto no tiene piratas ni con
parche en el ojo ni pata de
palo. No, tiene vida y Pisco
hasta estallar.
La
ciudad despierta de noche y
sus casas iluminadas son otro
tipo de anfiteatro que invita
a descubrir metro por metro
las diferentes alternativas de
entretenimiento, música
y ambiente.
Aqui
hay diferentes Pubs que te
obliga a disfrutar la vida
nocturna de Valparaíso.
En la llamada subida Ecuador
hay varios de estos
establecimientos, donde hay
chance de conocer la "Movida
Porteña".
Muchos
jóvenes radicados en
Viña del Mar prefieren
conducir media hora y
disfrutar de música en
vivo en un ambiente juvenil
que solo Valparaíso
puede ofrecer.
Por
ejemplo, en BarParaiso, la
discoteque de un sujeto
llamado Lindor, se combinan
los discos compactos con la
voz de Saúl, un chico
que interpreta a la
perfección la
canción que le
pidan.
Saúl
a ratos emula a Chayanne y
luego a la Mosca
Tsé-Tsé. La
noche es divertida y el reloj
pasa volando al calor del
pisco que los porteños
beben a granel. En la mesa
contigua, una tigresa devora
literalmente a su
víctima. Pero a nadie
le interesa la escena. Al
salir de ahi, la madrugada
espera en sitios tan dispares
como Pancho Pirata, Piedra
Feliz, La tumba del
Faraón, Punto de
Quiebre, Vakagerasch, El Muro,
Yerbas Buenas y Mr. Eggs. Creo
que es hora de descansar...
¿o no?
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