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Orgullos vergüenzas
 
eo a El Salvador a través de la internet. Leo sus periódicos y en cinco minutos siento orgullo y vergüenza.
Me enorgullece que existan salvadoreños jóvenes que anhelan estar en una patria donde todos quieren escapar. Me avergüenza que yo no esté allí para anhelar juntos.
Me enorgullece que aun hayan perodistas, jueces y policías honestos. Me avergüenza, como nada, nuestra Asamblea Legislativa, millonaria amamantadora de pistoleros, borrachos, sinvergüenzas, cretinos, codiciosos incapaces de vivir con 30 mil colones mensuales.
Más vergüenza: nosotros los elegimos.
Me enorgullecen los salvadoreños de la dispersión, el que trabaja limpiando una fosa séptica en El Paso, el que estudia en Harvard, o es jefa de policía en Washington. Me avergüenzan el salvadoreño que insulta a un policía escudado detrás de un niño.
Me enorgullecen los jóvenes salvadoreños que quieren conocer el mundo, leer libros, aprender cosas.
Me avergüenzan los profetas que predicen cataclismos, el pastor evangélico que explica las guerras de Oriente Medio en las braguetas de Abraham, y la señora católica que cree que la Unión Soviética perdió la Guerra Fría porque los científicos soviéticos fueron asesinados por la Virgen María.
Me enorgullecen los jóvenes artistas de El Salvador, que viven en un páramo helado con la fe que será un jardín. Me avergüenzan los protectores del arte que piden cuerpo a cambio de favores.
Me enorgullecen los que son honestos en un país donde triunfa el violento, el armado, el corrupto. Me avergüenzan los políticos y los secuestradores, que son casi sinónimos.
Cada día leo que seguimos creando un infierno en El Salvador; aunque alli viva gente con vocación angélica.
Tal vez por eso nos llamamos "El Salvador": Venimos a crear; aunque, quien sea, nos meta cuatro clavos.
Cada mañana lo mismo. El encuentro lejano con mi patria en el internet: mi inyección de orgullo y vergüenza.



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