Todo
marchaba bien en la odisea
viajera del ciclista
brasileño James
Scott
¡Hasta que
decidió pasar por El
Salvador!
Orus
Villacorta
Fotos de Viaje: James
Scott
Fotos San Salvador: Juan
José
Gómez
"Hay
hombres que luchan un
día y son buenos;
hay quienes luchan un
año y son mejores;
pero hay quienes luchan
siete años y cinco
meses
Esos
también son
imprescindibles".
Uno
de ellos es un
brasileño de 34
años llamado Hillton
Da Silva, conocido
deportivamente como James
Scott, un soñador
que viaja en bicicleta por
toda Latinoamérica,
exprimiendo historietas y
vivencias propias del
tercer mundo.
Su
objetivo es escribir un
libro en el que
relatará sus
memorias y reflexiones del
viaje. Todo lo recaudado
por la venta del libro
será destinado para
la reapertura de la
Fundación "James
Scott", que se ocupaba de
la rehabilitación de
miles de niños
campesinos en Sao Paulo,
Brasil.
Scott
ha viajado por todos los
paises de Centro y
Sudamérica con el
sueño de llegar a
finales de este año
a la ciudad de Miami, lugar
donde dará por
finalizada la
titánica
faena.
El
viaje inició el 8 de
diciembre de 1993 en la
ciudad de Salvador, Estado
de Bahía; pero el
destino quiso que un
"miércoles de
ceniza" James Scott entrara
en otro suelo
salvadoreño, un
lugar donde su sueño
casi se convierte
también en
cenizas...
El
Amatillo y los cuarenta
ladrones
Scott
cruzó la frontera
"El Amatillo" el pasado 4
de abril y entró en
territorio guanaco.
Diez
minutos y diez
kilómetros bastaron
para que James fuera
asaltado por tres chicos
que no entendieron de
códigos y que lo
dejaron totalmente a la
intemperie. Scott lo relata
así:"Venía en
la carretera, había
pasado unos 800 metros,
cuando me paró un
chico que me amenazó
con una cuchilla.
Traté de darme la
vuelta, pero tenía a
otros dos detrás de
mi. Uno de ellos cargaba
una pistola. Me
mandó a bajarme de
la bicicleta, ahí
guardaba la mayoría
de mis cosas", recuerda
Scott.
"El
más grande se
llevó la bicicleta,
pero el más
pequeño -de unos
doce años
-cargó una mochila
que pesaba más o
menos unas sesenta libras
entre fotos,
periódicos, zapatos
y ropa. No pudo con ella y
más adelante la
dejó en el camino.
Eso fue lo único que
pude rescatar", recordaba
el ciclista.
"El
mayor de los chicos se
mantuvo conmigo
apuntándome con la
pistola, mientras los otros
se escapaban. Me
pidió que me tirara
al piso, bajara la cabeza y
me mantuviera así
por diez minutos. Me dijo
que si yo le avisaba a la
policía ellos se
darían cuenta,
porque aquí siempre
se daban cuenta. Me
quedé en esa duda de
no saber qué hacer.
Él se fue y luego de
veinte minutos llamé
a la policía; pero
ya sabía que no iba
a pasar nada. Gracias a
Dios en la mochila que me
quedó pude rescatar
unas fotos y el pasaporte",
comentaba el desafortunado
aventurero. De esta manera
nos unimos a la funesta
lista de paises en los
cuales James Scott ha sido
atracado, completada por su
natal Brasil y
Paraguay.
Mil
historias por contar
Es
lógico que en un
viaje de estas dimensiones
surjan miles de historias;
aunque, sin duda, una de
las más
inéditas es la que
le sucedió en la
frontera que divide
Colombia y Ecuador, en
donde fue secuestrado por
la guerrilla
colombiana.
El
rapto duró un lapso
de dos meses y medio,
período en el cual
Scott terminó
acomodándose a la
situación e,
incluso, entabló
amistades.
"Ellos
tenían niños
enfermos y yo
trabajé para
ayudarles", comenta el
ciclista brasi leño.
"Yo
acepto que la guerrilla
tiene su lado malo y su
lado bueno; pero si de algo
estoy seguro es que nadie
consume drogas ahí.
Mucha gente piensa que
ellos trafican y consumen
droga; pero no, en la
guerrilla al que lo
descubren con droga, lo
ejecutan. Bueno, por lo
menos eso fue lo que
ví", afirma
Scott.
Al
final le regresaron su
cosas y lo dejaron
continuar su viaje,
lamentando solo el hecho
que no le permitieran tomar
fotos, el retraso en su
cronograma y las ocho
libras que aumentó
en este tiempo.
Scott
asegura que su trayecto lo
terminará aunque sea
a pie, pero a Brasil no
regresa sin haber llegado
antes a broncearse en las
playas de Miami.
Hace
un par de semanas que este
personaje abandonó
nuestro país, rumbo
a Guatemala, donde
compraría una
bicicleta nueva con lo
recolectado en las
exposiciones
fotográficas que
montó en nuestro
país -que le
valieron para un poco
más de tres mil
colones- y con una ayuda
económica
familiar.
Su
libro narrará el
episodio en el cual
conoció los dos
lados del
salvadoreño: La
señora que apenas
tiene para comer, y que al
conocer su historia le
regaló cinco
colones; y el
salvadoreño
mañoso, ese que
todos conocemos y que tanto
nos
avergüenza
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