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Una
película de culto y con un
género olvidado ha
surgido, entre saltos y golpes,
héroes y villanos.
Redacción
Planeta
No
siempre tenemos la dicha de
transportarnos a la tierra de los
sueños o vivir mágicos
momentos, con bravos guerreros,
honorables princesas y terribles
villanos, amurallados en
inexpugnables fortalezas que
encierran secretos temibles. El cine
taiwanés ha logrado el
milagro.
Son
los comienzos del siglo XIX y el
poderoso guerrero Li Mu Bai tiene
una misión personal que
cumplir antes de abandonar sus
gloriosos años de lucha:
entregar su legendaria espada, Green
Destiny, a Yu Shu Lien, su amor
platónico a quien nunca le ha
confesado sus
sentimientos.

Shu
Lien se lleva la espada a
Pequín, donde conoce a la
hija del gobernador, Yen, una joven
que está a punto de contraer
matrimonio en contra de su
voluntad.
Pero,
inesperadamente, la espada es robada
por un ladrón enmascarado y
todas las sospechas caen
primeramente sobre La Zorra, una
bruja que tiene las cuentas
pendientes con Li Mu Bai, por haber
matado a su maestro.
Las
investigaciones avanzan y poco a
poco se van revelando las aptitudes
en artes marciales de la joven Yen,
quien, en su deseo de independizarse
de su padre e impedir su matrimonio,
cae bajo la tutoría de La
Zorra, que la adiestra para sus
fines perversos.
Yen
debe abandonar la ciudad
precipitadamente, no sin antes
encontrarse con su gran amor, el
bandido Lo. Todos salen tras ella en
una lucha por recuperar la espada, y
es en ese marco donde afloran los
sentimientos y la acción que
dan forma a este maravilloso cuento
épico llevado a la pantalla
de plata.
Un
género reivindicado
"Tigre
y Dragón" es una
película oriental donde el
amor y el sentido del honor son los
ingredientes principales.
Basada
en una novela escrita a principios
de siglo por Wan Du-Lu, "Tigre y
Dragón" es tan sólo la
primera parte de una trilogía
cinematográfica que su
director, Ang Lee, está
resuelto a realizar.
La
novela consta de cinco episodios, de
los cuales ha sido retomado
sólo el cuarto, para dar
origen a esta epopeya que ahora
llega a nuestras
pantallas.
Fue
en 1996 que la novela llegó a
las manos de Lee, quien, a pesar de
ser taiwanés, nunca antes
había dirigido una cinta de
artes marciales. La historia le
tocó tan profundamente que
contactó con su socio, el
guionista y productor James Schamus,
para comprar los derechos de la
novela y poner manos a la
obra.
Una
pieza y un reparto de lujo
Con
"Tigre y Dragón", Lee eleva
las cintas de artes marciales a un
nivel donde nunca han estado para
romper con el menosprecio que a
menudo existe hacia este
género.
De
hecho, últimamente fue
reservado para películas de
baja categoría y poco
contenido
estético.
Afortunadamente,
este imprevisible director se aleja
totalmente del estilo clásico
y lo reinventa añadiendo
argumento, belleza y una
atmósfera intimista, sin
descuidar las dosis de
espectáculo, un equilibrio
perfecto para revitalizar otro
género en extinción:
el épico, con su mundo de
fantasía, lleno de brujas,
héroes, princesas y
villanos.
Para
lograrlo, Lee reunió a los
mejores exponentes del cine
oriental: Chow Yun-Fat, Michelle
Yeoh y Zhan Yiyi.
El
primero también es sumamente
conocido en la industria
hollywoodense por sus roles en
"Asesinos sustitutos" y "Ana y el
Rey", mientras que Yiyi saltó
a la fama por su rol
protagónico en "El camino a
casa".
El
equipo no estaría completo
sin la colaboración
excepcional del coreógrafo
Yuen Wo-Piung, el responsable de
lanzar al estrellato a Jackie Chan y
el creador de las espectaculares
peleas de "Matrix". Todos los
actores fueron sometidos a
entrenamientos intensivos y,
aún así, la joven
Yeoh, a quien hemos visto volar por
lo aires en los "trailers" de la
película, se rompió
una pierna justo en el primer
día de filmación. La
chica debió incorporarse dos
meses después.
Una
joya de tanto kilates tiene altos
costos que pagar.

El
trabajo de este cineasta oriental es
formidable y no hay nadie que lo
refute.
No
hay patrones para Ang Lee, excepto
la sorpresa. Sus tres primeras
películas, "Pushing hands",
"El banquete de boda" y "Comer,
beber, amar" formaron una dulce y
formativa trilogía dedicada a
los valores familiares.
Después
de ello dio un salto audaz al dejar
su continente nada menos que para
adaptar la novela de Jane Austen,
"Sensatez y Sentimiento", una
película de época
británica cuyo éxito
tumbó los reservados
pronósticos de los
críticos. No cesaban de
preguntarse ¿qué hace un
taiwanés recreando las
tradiciones inglesas del siglo
pasado?
Su
llegada a los Estados Unidos estuvo
marcada por la cinta "La tormenta de
hielo", en la cual reproduce
fielmente la era del presidente
Richard Nixon, y tuvo un excelente
resultado.
Pero
su salto más radical ha sido
"Tigre y Dragón" porque, a
pesar de ser taiwanés y de
haber crecido viendo
películas de artes marciales,
nunca había dirigido
una.
"Las
artes marciales siempre han sido uno
de los principales
espectáculos en la sociedad
china... Yo crecí con ellas.
Tienen una ley propia y
también un lenguaje
cinematográfico, y hay una
parte de mí que cree que si
no haces una película de
artes marciales, no eres un director
de cine de verdad", confiesa
Lee.
Después
de ganar este año el Globo de
Oro como mejor director, un Oscar
como mejor película
extranjera y cosechado uno de los
fenómenos taquilleros de este
año en los Estados Unidos,
Ang Lee tiene miles de razones para
sentirse satisfecho.