Escribemos a

 

 

 

 

  El lenguaje juvenil es un enigma para los miembros de la generación rezagada…

 

 Orus Villacorta

Chamba es un tipo normal. A sus veinte años lleva una vida tranquila. Estudia en la U, tiene su novia y se la pasa molestando con sus amigos todas las tardes en la esquina de la calle. Ahí, entre bromas y juergas, nace un código lingüístico muy especial.

Un día Chamba fue a visitar a su abuelo. La brecha generacional parecía separarlos miles de años luz. Fue una charla curiosa...

¿Qué Honduras mi brody? ¿Qué te habías hechura?&emdash; azotó Chamba. El abuelo se le quedó viendo extrañado, como si su nieto fuera un extraterrestre. Pero Chamba continuó hablando…

Mi ruco me había dieciocho que te habías palmolive, pero ya vidrios que estás bien víbora loroco&emdash; El abuelo no entendía una palabra; pero continuó la conversación…

Mirá hijito. ¿Contame cómo vas en los estudios?

Todo azul. Por ratos la agarro al suave y me truenan, pero al final no hay tos.

Ahh... Yo prefiero andar dado en el roll, vacilar con la brosa. Cuando mi vieja se espanta yo le digo que la agarre al sua… ¡Sere...na Morena!

El abuelo no entendió el dialecto; pensó que Chamba andaba en drogas y decidió terminar la conversación. Ese rollo de los giros lingüísticos entre los jóvenes no había llegado a su frecuencia…

La voz de los expertos

Veamos qué dicen los expertos acerca de este fenómeno del lenguaje juvenil.

"El lenguaje es una realidad dinámica que cambia con los tiempos, en donde los jóvenes son un factor que produce la renovación", comenta Ricardo Roque Baldovinos, jefe del Departamento de Letras de la UCA.

Para Baldovinos la mayoría de términos nuevos que se utilizan en el lenguaje se producen en niveles de educación muy bajos.

"El problema se da cuando una persona no domina la mayor cantidad de registros lingüísticos posibles y utiliza el mismo código en todas las situaciones", agrega.

Esto no significa que el uso del "caliche" sea algo negativo. Si un padre de familia desea acercarse más al mundo de sus hijos, seguramente le será muy útil conocer la manera como hablamos los jóvenes.

¿Qué tanto puede cambiar el lenguaje? Para Francisco Andrés Escobar, conocido escritor salvadoreño, el lenguaje de los años 50 está casi perdido. Hay un intento por recuperarlo; no para hablarlo, sino que para capturarlo en el tiempo.

Fue en los sesenta cuando se produjo una gran renovación lingüística, gracias a una fuerte influencia anglosajona. Nacieron expresiones como "¿Quiúvole men?, que en la actualidad casi no se utiliza.

"Actualmente la pobreza que los jóvenes tienen para tratarse entre ellos mismos retrata el momento de violencia y agresividad que vivimos en el país", comenta Escobar. El «¿Quiuvo men?» sesentero dista mucho del «¿Qué ondas cerote?» actual.

¿A qué responde el cambio?

Cada generación necesita hacer valer su propia identidad y es natural que los jóvenes, respondiendo al desarrollo de la personalidad, recurramos a factores como la moda, la música y el lenguaje para contrastar con el esquema "cuadrado" de los adultos.

De esta manera, si te vas a meter al mundo de las maras te encontrarás con expresiones como "la clica", "el vato", "¿Qué rifás?", "¡Órale ese!", etc.

Todas ellas responden al entorno que les rodea, influencias chicanas y anglas que identifican al joven como parte de ese grupo social.

El músico vive su propio rollo. En nuestro país es común encontrar expresiones como: «¡Urge!» &endash;que explica la necesidad de un posible toque (concierto)&endash;, «¡Triunfa!» &endash;término de aprobación-, «Heavy» o «Dark» &endash;para calificar algo extraño o atractivo-, etc.

En el mundo de la U convergen todo tipo de expresiones, como «Dos que tres» &endash;para enumerar-, «Otran vex» &endash;y sus respectivas variaciones «Otran vicky», «Otran vuelta» y hasta reducida: «…tran vex»-.

Entre los "fresa-hight life" es común escuchar el "O sea" y el "A poco", con un tonito mexicano que lo vuelve más odioso.

"Una característica de estas expresiones es que tienen muy poca vigencia", agrega Julia Montufar, catedrática de Lingüística y Gramática.

Así que… órale mis carnales, otran vicky parlaremos del rollo tri-heavy de la lengua y su respectivo: "Caliman" (caliche).

  
 "Tripiar": Es un anglicismo derivado de la palabra "trip", que significa "viaje", de ahí que es muy común encontrar una relación con su significado de vacilar. El que tripea es "el que está en algo".
El verbo "Dar": Tiene muchas connotaciones. Ejemplos:
El surfer: "Me dí una ola gigantesca".
El músico: "Se dieron dos rolas".
El drogo: "El bicho se da los 'joins'".
En el sexo: …no hacen falta ejemplos.
"Estar en algo": Expresión utilizada para aprobar la actitud o el comportamiento de alguien o algo.
"El bajón": Significa tener una decepción, tristeza, aburrimiento; o tener hambre.
"Una bronca": Un pleito o problema.
"Azotar bolas": Invitar a la mara.
"Andar en aguas": Necesitar de algo.
"Socarla": Hacerle frente a un problema o dificultad que se presenta.
"Una bronca": Un pleito o problema.
El verbo "caer": Significa llegar a un lugar ("Al rato caigo"); también significa conquistar o declarársele a alguien, ("¿Ya le caíste a esa chava?").
"Agarrarla al suave": Tranquilizarse.



Regresar a El Diario de Hoy
Portada Planeta