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La década de los años ochentas trajo nuevos personajes que encajaban en el traje de 'estereotipos', un fenómeno masivo que persiste en la actualidad.

Nataly Guzmán (segunda entrega)

El título de "último ídolo de masas en solitario" puede adjudicársele a John Travolta. Para finales de los años setenta, a pesar de la existencia de galanes "más serios" y con características físicas similares al estereotipo del "latin lover" como Al Pacino ("El padrino") o Robert de Niro ("Taxi driver"), el ídolo más popular era Travolta ("Fiebre de sábado por la noche").

Travolta interpretaba a jóvenes que salían de la adolescencia, graduados o no del bachillerato, para enfrentarse a las obligaciones cotidianas "propias" de la clase popular norteamericana. Todo eso acompañado de estratégicas coreografías y bandas sonoras de larga duración que lograban primeros lugares de aceptación radiofónica.

En El Salvador, las películas de Travolta generaron la aparición de las discotecas, tal y como las conocemos el día de hoy. Desde principios de los ochentas se desarrollaron simultáneamente las carreras de diferentes ídolos que todavía conservan, con cierta dignidad, la popularidad que los caracterizó entonces.

A éstos se les llamaba "ídolos en paquete", ya que raras veces protagonizaban solos una película, sino que las estelarizaban en grupos de cuatro o cinco ídolos juveniles del momento.

Música y tv
Al mismo tiempo que se ponían de moda mundialmente los vídeos musicales con el surgimiento de MTV, también se disparaban a la cima del estrellato las carreras dramáticas de Tom Cruise, Patrick Swayze, Emilio Estevez y Rob Lowe, entre otros. Sus papeles en la cinta "The Outsiders", les servirían de plataforma distinguida para fructíferas carreras individuales.

La mayoría de ídolos juveniles de mediados de los años ochenta se encontraban filmando tragicomedias escolares ("The breakfast club", "Pretty in pink", "Class", etc.). En pasillos colegiales, gimnasios y fiestas caseras se batían a duelo público y mortal la popularidad y la autenticidad.

Al mismo tiempo, a aquellos galanes que preferían consagrar una carrera de musical &endash;excepto Michael Jackson, que ya lo había logrado- les hacía falta tener un vídeo bien colocado en la MTV, además de un disco bailable.

Para ser reconocido como ídolo pop o alternativo se necesitaba, además de poseer cualidades de compositor, contar con una abundante cabellera estratégicamente despeinada y finas facciones andróginas, tales como las de "Duran Duran", Boy George y John Bon Jovi, entre otros más.

Más acción
Desde 1982 hasta la fecha, el estereotipo de ídolo que más se ha vendido es el héroe de acción: hemos visto desfilar a ex-combatientes de Vietnam sedientos de venganza, a valientes astronautas que destruyen invasores intergalácticos, o agentes especiales que protegen al mundo -aunque éste solo incluya, para el caso, la ciudad de Londres o Nueva York-.

Sin embargo, no hay duda que desde el lanzamiento de la "Guerra de las Galaxias" en 1977, los productos cinematográficos que más se han vendido son los que cuentan con más grandes -aunque no siempre mejores- efectos especiales. En este nuevo siglo, la novedad virtual de internet para tener acceso a las imágenes de los ídolos supera con ventaja -potencialmente- el papel que la MTV jugó a principios de los ochenta. Pero la internet ofrece más que música y chismes de estrellas, algunos encontrarán discutible el alcance e impacto cultural que cada una ha generado.

Musicalmente ahora nos encontramos saturados de las llamadas "boy bands", o grupos masculinos juveniles, como los "Backstreet Boys", "Five" o "N'Sync"; y también por una ilusoria "invasión latina", que no será tal hasta que los norteamericanos consuman música en español y no "arreglos" en inglés del supuesto ritmo latino.

Al final el estereotipo del ídolo es simplemente aquella característica de la personalidad que más se repite o se imita con frecuencia, ya sea por una profunda admiración o por una estrepitosa falta de originalidad y de identidad, no solo en el mundo del espectáculo sino también en la vida cotidiana.




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