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A merced de la
fuerza de la Naturaleza
El paisaje de San Vicente no sería lo mismo sin el imponente volcán, cuyas faldas se funden con el valle del río Jiboa. Es paradójico que el volcán, desde tiempos inmemoriales, sea el benefactor de miles de personas que trabajan sus tierras y recolectan los cultivos que se alojan en sus laderas, pero a la vez es el culpable -en gran medida- de muchas tragedias.
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A lo largo de 75 años, al menos cuatro grandes tragedias han causado luto, dolor y destrucción a los habitantes de las poblaciones ubicadas en la zona paracentral el país.

Pero la naturaleza con su fuerza destructora, sumada a la falta de visión política y administrativa en cuanto al ordenamiento territorial y las precarias políticas de prevención y mitigación de desastres, se han ensañado con el departamento de San Vicente, especialmente con los pueblos asentados en las faldas de su volcán. En 1934, la única oportunidad en la cual El Salvador ha sido impactado directamente por un huracán, cientos de personas murieron soterradas, arrastradas por fuertes corrientes y las pérdidas ascendieron a varios millones de colones.

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HISTORIA DE LOS DESASTRES


» 1995: Una bola de fuego en San Vicente
  » Esquema general de amenazas naturales de San Vicente (SNET)


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