CALENDARIO

De acuerdo al calendario litúrgico, la semana santa da inicio con la entrada de Jesús en Jerusalén, y es llamada Domingo de Ramos, luego sigue el lunes santo, martes santo, miércoles santo, jueves santo, viernes santo, sábado santo y domingo de resurección. A continuación se presentan de forma detallada cada celebración.

El Diario de Hoy
Lunes 28 de febrero

Domingo de Ramos

En la Semana Santa se celebran los misterios de salvación realizados por Cristo en los últimos días desde su entrada mesiánica en la ciudad de Jerusalén.

La semana santa comienza con el domingo de Ramos de la Pasión Señor, que une el triunfo de Cristo -aclamador como Mesías por los habitantes de Jerusalén y hoy en el rito de la procesión de las palmas por los cristianos- y el anuncio de la pasión con la proclamación de la narración evangélica en la Misa.

Los ramos no son algo así como un talismán, ni un simple objeto bendito, sino el signo de la participación gozosa en el rito procesional, expresión de la fe de la Iglesia en Cristo, Mesías y Señor, que va hacia la muerte para la salvación de todos los hombres. Por eso, este domingo tiene un doble carácter, de gloria y de sufrimiento, que es lo propio del Misterio Pascual.

Los días que van hasta el Jueves Santo pertenecen al tiempo cuaresmal, pero están caracterizados por los últimos acontecimientos de la vida del Señor, con exclusión de otras celebraciones.

En la mañana del Jueves Santo (o en otro día cercano), el obispo celebra, junto con su presbiterio, la Misa Crismal o de los Santos Oleos, en la que se bendicen los óleos que se usarán para la celebración de los sacramentos.

El Domingo de Ramos, día que inicia la Semana Santa, se conmemora la entrada de Jesús en Jerusalén, siguiendo la narración del Evangelio de San Marcos:

"Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos, y les dijo: entren a la aldea que está enfrente de nosotros, y luego que entrés en ella, hallaras un potro atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo. Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacés eso? decir que el Señor lo necesita, y que luego lo devolverá. Fueron, y hallaron el potro atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron. Y unos de los que estaban ahí les dijeron: ¿Qué hacen desatando el potro ? Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron. Y trajeron el potro a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él. También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino. Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas! Y entró Jesús en Jerusalén, y en el templo; y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce" (Marcos 11, 1-11).

Las ceremonias litúrgicas de ese día comienzan con la bendición de las palmas y ramas de olivo o laurel que llevan en sus manos los fieles, rememorando el pasaje evangélico. Durante la ceremonia de la misa se da lectura al relato completo y dramatizado de la Pasión. Para darle mayor fuerza, suelen hacerlo entre tres personas: uno (el sacerdote celebrante) leerá las partes de Cristo, otro (el Sanedrín) leerá las líneas de los demás personajes y uno tercero (el Cronista) hará de narrador.

A lo largo de los distintos países de tradición católica, y al margen de las celebraciones litúrgicas, diversas manifestaciones populares conmemoran la entrada en Jerusalén y, en muchos casos, dan comienzo a las procesiones de Semana Santa.

Lunes Santo
La Unción de Jesús en Betania

La tradición de la Iglesia contempla el lunes santo el pasaje de Jn 12, 1-11. Cuando en Betania se lleva a cabo la unción de Jesús por María y la murmuración de Judas basada en la avaricia. Es el momento en que Cristo hace otro anuncio de su muerte y de su resurrección.

Las oraciones del día -colecta, ofrendas, postcomunión- tienen como principio fundamental la pasión de Cristo y el correspondiente agradecimiento del Pueblo de Dios al Padre por la salvación que de este hecho se deriva.

La oración postcomunión es la que expresa más claramente este sentido de "conservar siempre las gracias que hemos recibido" por la misericordia divina al morir Cristo por nuestra salvación.

El Lunes Santo es el segundo de los días de la Semana Santa, en donde da lugar la siguiente liturgia:

A diferencia de otros días de la Semana Santa que cuentan con ceremonias singulares, en la Iglesia Católica el Lunes Santo continúa la celebración normal de la misa. Durante ésta, el Evangelio que es proclamado refleja el pasaje de la Unción en Betania, en casa de Lázaro, en el que una de las hermanas de éste, María le unge con costosos perfumes. La lectura corresponde al Evangelio de San Juan:

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una fibra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice:

-«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?»

Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando. Jesús dijo:

-«Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis.»

Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.
Juan 12, 1-11

Martes Santo
La traición de Judas, de Giotto

El Martes Santo continúan las celebraciones de la Semana Santa cristiana, que conforme va acercándose los días de los principales cultos (Jueves y Viernes Santo) siguen su reflexión acerca de diversos pasajes de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret.

El Martes Santo continúan las celebraciones de la Semana Santa cristiana, según van acercándose los días de los principales cultos que son el Jueves y Viernes Santo, se va reflexionando acerca de diversos pasajes sobre la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

En cuanto a la liturgia cristiana en este día se conmemora la traición de Judas y el papel de éste centran las reflexiones del Evangelio que se lee en las ceremonias de los católicos en este día. Se da lectura al pasaje de las Negaciones de San Pedro, y la Pasión según San Marcos.

Muchos de los actos litúrgicos que corresponden a estas fiestas son escenificados por los celebrantes de los oficios para dar más relevancia a los pasajes que se rememoran.

En el Evangelio del Martes Santo, Jesús anticipa a sus discípulos la traición de Judas y las Negaciones de San Pedro. El texto es de San Juan:
En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo:

-«Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar».

Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, el que Jesús tanto amaba, estaba reclinado a la mesa junto a su pecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó:

-«Señor, ¿quién es?».

Le contestó Jesús:

-«Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado».

Y untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo:

-«Lo que tienes que hacer hazlo en seguida».

Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió, dijo Jesús:

-«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: Donde yo voy, vosotros no podéis ir».

Simón Pedro le dijo:

-«Señor, ¿a dónde vas?»

Jesús le respondió:

-«Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde».

Pedro replicó:

-«Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti».

Jesús le contestó:

-«¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces».

Miércoles Santo
El Beso de Judas

El Miércoles Santo es el día en que se reúne el Sanedrín, el tribunal religioso judío, para condenar a Jesús.

Este día se marca el final de la Cuaresma y el comienzo de la Pascua, a partir de hoy comienzan los días más importantes para la religión cristiana.

Es el primer día de luto de la iglesia, con esto se llega al fin de la Cuaresma, se anticipa el Jueves Santo y entramos en el corazón de la Semana Grande.

La primera parte de la Semana Santa cristiana llega a su fin con la celebración de este día. Hasta este día lo que se ha celebrado se denomina también Pre-Pascua.

El episodio de la condenación de Cristo por la traición de Judas es el que convirtió los miércoles en días de ayuno para los católicos, aunque luego se pasara la tradición del ayuno a los viernes. En cuanto a la tradición del ayuno durante la Cuaresma, se ha visto reducida a evitar el consumo de carnes los viernes.

En la liturgia cristiana se da lectura a la Pasión según san Lucas y también se hace la lectura de la traición de Judas Iscariote en este caso en relato de San Mateo. El miércoles, es además junto con el viernes, el día penitencial de los tiempos de penitencia (Adviento, Cuaresma y Témporas), así que intensifican las prácticas piadosas y las procesiones penitenciales.

El Evangelio del Miércoles Santo continúa con la traición de Judas Iscariote en este caso en relato de San Mateo:

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:

-«¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»

Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo. El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:

-«¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»

Él contestó:

-«ld a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: "El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos"».

Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:

-«Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»

Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro:

-«¿Soy yo acaso, Señor?»

Él respondió:

-«El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido».

Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:

-«¿Soy yo acaso, Maestro?»

Él respondió:

-«Tú lo has dicho».

Jueves Santo
Celebración de la Eucaristía

"Fecha en la que se conmemora la Última Cena de Jesús con sus discípulos. En ella, Cristo instituyó el sacramento de la Eucaristía, donde Él se hace presente a través de la conversión del pan y del vino en su Cuerpo y su Sangre, y el sacramento del Orden Sacerdotal "

Este día por la mañana en todas las catedrales, los obispos que son, como dice el Concilio, "los principales administradores de los misterios de Dios, que regulan, promueven y custodian toda la vida litúrgica de la Iglesia que les ha sido confiada", celebran una misa muy solemne con todos los sacerdotes ("el presbiterio" de sus diócesis) y en ella los sacerdotes con un solo corazón y una sola alma renuevan sus promesas y su obediencia al Obispo.

En ella, además, se consagran los óleos, es decir, los aceites que se emplean en diversos sacramentos: el bautismo, la confirmación, la ordenación sacerdotal y la unción de los enfermos.

La consagración de los óleos se celebra precisamente este día para indicar que todos los sacramentos nos relacionan con el Misterio Pascual de Jesús y que todos los sacramentos tienen su culmen y su Centro en la Eucaristía.

Son muchos los gestos que se evocan en el Jueves Santo. Uno de ellos es el signo de humildad y sencillez que realizó Jesús al lavarle los pies a todos sus discípulos, diciéndoles que ellos se los deben lavar unos a otros, "en verdad les digo que el siervo no es más que su señor, ni el enviado más que quien lo envió" (San Juan 13, 16), y el sacerdote en la liturgia lava los pies a doce feligreses.

El lavatorio queda reflejado también en el Evangelio del día:

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo:

-«Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»

Jesús le replicó:

-«Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»

Pedro le dijo:

-«No me lavarás los pies jamás.»

Jesús le contestó:

-«Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»

Simón Pedro le dijo:

-«Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»

Jesús le dijo:

-«Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»

Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo:

«No todos estáis limpios.»

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:

-«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis».
Juan 13, 1-15

Luego de celebrar la Eucaristía se expone el Santísimo (Ostia Consagrada) y se realizan vigilias de oración en signo de la oración de Jesús en el Monte de los Olivos, la noche antes de ser entregado a los sacerdotes.

La Biblia cuenta que terminada la cena de Pascua, el Mesías y sus apóstoles se dirigieron al Monte de los Olivos a orar. Él se distanció un poco, rezaba y sudaba cada vez más fuerte, comenzó a sentirse angustiado porque sabía lo que venía, y un ángel del cielo lo reconfortó.

Cuando fue a buscar a sus amigos se dio cuenta de que estos se habían quedado dormidos, Él les dijo, "ha llegado la hora en que el Hijo de Dios debe ser entregado. Levántense, ya se acerca el que me va entregar".

*El Lavatorio de los Pies

Mientras estaban cenando, Jesús se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ciñó una toalla, echó agua en una palangana y se puso a lavar los pies a sus discípulos (Jn. 13, 2-5). Un gesto de servicio porque ésta era una actividad reservada exclusivamente a los esclavos.

Jesús ha pasado su vida amando, sirviendo. Para Él, amar ha sido siempre mirar a la otra persona con ternura, viendo qué le hacía sufrir y a ayudarla a suprimir las causas de su dolor para que pudiera ser feliz.

Ahora siente que debe llegar al fondo. Si ese amor, si ese servicio ha de llevarle a la humillación, al desprecio, a ser considerado un esclavo…¡qué así sea! No espera a que eso se produzca. El da el paso: se hace esclavo por amor.

Para un cristiano, el lavatorio implica tres cosas principales: servicio, amor y humildad.

Viernes Santo
Pasión y Muerte de Jesucristo

El Viernes Santo es el día de pasión y muerte del Señor y del ayuno pascual como signo exterior de nuestra participación en su sacrificio

Este día no hay celebración eucarística, pero tenemos la acción litúrgico después de medio día para conmemorar la pasión y la muerte de Cristo. Cristo nos aparece como el Siervo de Dios anunciado por los profetas, el Cordero que se sacrifica por la salvación de todos.

La cruz es el elemento que domina toda la celebración iluminada por la luz de la resurrección, nos aparece como trono de gloria e instrumento de victoria; por esto es presentada a la adoración de los fieles.

El Viernes Santo no es día de llanto ni de luto, sino de amorosa y gozosa contemplación del sacrificio redentor del que brotó la salvación. Cristo no es un vencido sino un vencedor, un sacerdote que consuma su ofrenda, que libera y reconcilia, por eso nuestra alegría.

Este día se conmemora la Muerte de Jesús de Nazaret, crucificado en el siglo I. La Semana Santa llega a uno de sus días más trascendentales, en el que son numerosas las manifestaciones tradicionales de devoción popular a lo largo de todo el mundo.

En la Iglesia Católica, siguiendo una antiquísima tradición, en este día no se celebra la Eucaristía.

En los oficios del día se conmemora de una manera sobria y solemne la Pasión de Cristo. Se lee el relato completo de la Pasión según San Juan, en cuya lectura participan varias personas. Luego tienen lugar las peticiones, hechas hoy de manera solemne por la Iglesia, el Papa, los clérigos, fieles, gobernantes e incluso por los no católicos, los judíos y los ateos. Después tiene lugar la veneración del Árbol de la Cruz, en la cual se descubre en tres etapas el crucifijo para la veneración de todos. Terminada esta parte, se procede a distribuir la Comunión a los fieles con las Sagradas Formas reservadas en el monumento el día anterior (Jueves Santo).

Junto a las ceremonias que tienen lugar en los templos, en muchos lugares se conmemora el Viernes Santo con el rezo del Vía crucis (literalmente el camino de la Cruz), donde a través de catorce estaciones se rememoran los pasos de Jesús camino a su muerte.

El Viernes y el Sábado Santos son los únicos días del calendario litúrgico católico donde no se celebra la Misa, como luto por la muerte del Señor.

Este día es, además, la fiesta más importante del calendario protestante.

Este día se realiza un viacrucis, que se compone de las siguientes estaciones:

* Primera Estación: Jesús es condenado a muerte.
* Segunda Estación: Jesús carga la cruz.
* Tercera Estación: Jesús cae por primera vez.
* Cuarta Estación: Jesús encuentra a su madre María.
* Quinta Estación: Simón el Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz.
* Sexta Estación: Verónica limpia el rostro de Jesús.
* Séptima Estación: Jesús cae por segunda vez.
* Octava Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén.
* Novena Estación: Jesús cae por tercera vez.
* Décima Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras.
* Undécima Estación: Jesús es clavado en la cruz.
* Duodécima Estación: Jesús muere en la cruz.
* Decimotercera Estación: Jesús es descendido de la cruz y puesto en brazos de María, su madre.
* Decimocuarta Estación: Jesús es sepultado.
* Decimoquinta Estación: Jesús resucita.

El nuevo Vía Crucis, bajo el auspicio del Papa Juan Pablo II, basados en lecturas del nuevo Testamento:

* Primera Estación: Jesús en el huerto de los Olivos.
* Segunda Estación: Jesús, traicionado por Judas, es arrestado.
* Tercera Estación: Jesús es condenado por el Sanedrín
* Cuarta Estación: Jesús es negado por Pedro
* Quinta Estación: Jesús es condenado a muerte por Pilato
* Sexta Estación: Jesús es flagelado y coronado de espinas.
* Séptima Estación: Jesús carga la cruz.
* Octava Estación: Jesús es ayudado por Simón el Cirineo a llevar la cruz.
* Novena Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén.
* Décima Estación: Jesús es crucificado.
* Undécima Estación: Jesús promete su reino al buen ladrón.
* Duodécima Estación: Jesús en cruz, María (madre de Jesús).
* Decimotercera Estación: Jesús muere en la cruz.
* Decimocuarta Estación: Jesús es sepultado.
* Decimoquinta Estación: Jesús resucita.

Sábado Santo
Muerte de Jesús

"Jesús yace en su tumba y los apóstoles creen que todo se acabó. Todo el día sábado su cuerpo descansa en el sepulcro Pero su madre, María, se acuerda de lo que dijo su hijo : "Al tercer día resucitaré". Los Apóstoles van llegando a su lado, y Ella les consuela. "

"El Sábado santo es un día de luto inmenso, de silencio y de espera vigilante de la Resurrección. La Iglesia en particular recuerda el dolor, la valentía y la esperanza de la Virgen María. "

Ella representa la angustia de una Madre que tiene entre sus brazos a su Hijo muerto, pero no se puede olvidar en este momento ella es la única que conserva en su corazón las palabras del anciano Simeón, que si bien él profetizó que Cristo sería signo de contradicción y una espada le traspasaría el alma, también indicó que Jesús sería signo de resurrección.

Lo que los discípulos habían olvidado, María lo conservaba en el corazón: la profecía de la resurrección al tercer día. Y María esperó hasta el tercer día.

El Sábado Santo (antiguamente Sábado de Gloria) es el segundo día del Triduo Pascual, que concluye con las segundas vísperas del Domingo de Resurrección culminando así para los cristianos la Semana Santa. Tras conmemorar el día anterior la muerte de Cristo en la Cruz, se espera el momento de la Resurrección. Es la conmemoración de Jesús en el sepulcro y su descenso al abismo. Una vez ha anochecido, tiene lugar la principal celebración cristiana del año: la Vigilia Pascual.

"Fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos. Al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso".

Estas palabras pertenecen al Credo, una de las principales oraciones de la Iglesia Católica. Recogen la doctrina de ésta acerca del tiempo en que Jesucristo había muerto en la Cruz y no había aún Resucitado, que es el momento que se conmemora este día.

Son los días de la sepultura de Jesús y de su descenso al lugar de los muertos, es decir, de su extremo abajamiento para liberar a los que moraban en el reino de la muerte.

Este es el día de espera litúrgica por excelencia, de espera silenciosa junto al sepulcro que se manifiesta no sólo en la ausencia de celebraciones o símbolos visibles en las iglesias: el altar está desnudo, las luces apagadas. Culmina con la Vigilia Pascual, ya anochecido el día.

Generalmente en las mañanas se realizan retiros de reflexión en torno a este tema, y la tarde resulta ser más bien de tranquilidad, oración y de espera al Jesús Resucitado.

El sábado santo se realizan ritos de reflexión, que da inicio con la bendición del fuego, para dar paso a la vigilia pascual.

Primero se bendice el fuego. Se prepara el cirio en el cual el sacerdote con un punzón traza una cruz. Luego marca en la parte superior la letra Alfa y en la inferior omega, entre los brazos de la cruz marca las cifras del año en curso. A continuación se anuncia el Pregón Pascual.

En esta celebración se utiliza el cirio pascual, que simboliza la luz de Cristo que debe ser transmitida.

En la Vigilia Pascual, la Iglesia Católica celebra una liturgia muy especial, y lo hace con la máxima solemnidad. Empiezan los oficios con el templo a oscuras, encendiéndose y bendiciéndose un fuego en el atrio, en un lugar fuera del templo. De ese fuego se enciende el Cirio Pascual, una enorme vela que simboliza a Cristo Resucitado.

Acto seguido, los fieles encienden sus velas propias de la llama del Cirio. Llegados al presbiterio, se coloca en el centro del mismo, junto al altar o junto al ambón, se encienden todas las luces del templo y se canta el Exsultet, o pregón pascual antiguo himno alusivo a la noche de Pascua que proclama la gloria de la Resurrección de Cristo, que envolvera toda la liturgia de esta noche.

El cirio simboliza a "Cristo Luz del Mundo". Tradicionalmente se enciende de una fogata realizada en el atrio o el exterior de la iglesia. Esta fogata es bendecida y a continuación se enciende, con dicha llama el cirio pascual, siguiendo el ritual. Ninguna luz en la iglesia será encendida en la vigilia que no provenga de este cirio. A partir del encendido del cirio los fieles toman la luz del mismo durante la profesión de fe.

Se enciende el cirio con el fuego nuevo diciendo: Que la luz de cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y nuestro espíritu.

El cirio se mantiene encendido durante las celebraciones realizadas durante el tiempo de pascua. El cirio es utilizado también durante los bautizos y confirmaciones realizados a lo largo del año. De él se tomará la luz que se enciende para cada uno de los nuevos bautizados o de los confirmandos. También se mantiene encendido durante los funerales como signo de resurrección.

Una vez concluido el tiempo Pascual, conviene que el Cirio se conserve dignamente en el baptisterio o, en su ausencia, junto a la Pila bautismal.

Luego continua con la Liturgia de la Palabra, en la que se leen siete relatos del Antiguo Testamento alusivos al plan salvífico de Dios, intercalados con salmos y oraciones.

Tras éstos sigue la Vigilia con la entonación del Gloria que no se había cantado desde que empezó la Cuaresma, junto con repique de campanas. Se procede a la lectura de una carta apostólica del Nuevo Testamento. Tras este lectura y previo al Evangelio se entona de manera solemne el Aleluya, y se procede a leer el Evangelio correspondiente. En el caso del Aleluya y del Gloria, se puede cantar empleando instrumentos festivos. La Vigilia Pascual es la celebración litúrgica más importante de la Iglesia utilizando un ritual muy semejante en todas las confesiones. En ella es común los símbolos de la luz y el agua, de especial importancia en la celebración. En la antigüedad era la celebración en la que los neófitos recibían el bautismo

Tras la homilía tiene lugar la Liturgia Bautismal, en la cual se administra el Bautismo a los nuevos cristianos de ese año y se bendice el agua de la pila bautismal y se cantan las Letanías de los Santos. También, los fieles presentes renuevan sus promesas bautismales, tomando de nuevo la luz del cirio pascial, y se los asperja con agua bendita. Finalmente, se continua la Misa con la liturgia eucarística de la manera acostumbrada. Se acostumbra a realizar la Eucaristía bajo las dos especies. La eucaristía, como siempre termina con el envió a la misión "Ite missa est", que en este día es solemnizado por el canto y por el doble aleluya que se añade.

Se celebra en la madrugada del sábado al domingo.

La vigilial finaliza con la celebración de la Santa Misa del Domingo de Resurrección. El sacerdote y los ministros se revisten de blanco y con alegría se anuncia la Resurrección del Hijo de Dios.

Domingo de Resurección

"Al tercer día resucitó", en esta piedra angular se basa la fe cristiana. El Señor de la vida había muerto, pero ahora vive y triunfa.

El Domingo de Pascua es el día en el cual Jesús salió de su sepulcro. Este hecho es fundamental para el cristianismo. La historia cuenta que en cuanto se hace de día, tres mujeres van al sepulcro donde Jesús estaba enterrado y ven que no está su cuerpo. Un Ángel les dice que ha resucitado. Van corriendo donde está la Virgen con los Apóstoles y les dan la gran noticia: ¡Ha resucitado! Pedro y Juan corren al sepulcro y ven las vendas en el suelo. El desconsuelo que tenían, ayer, se transforma en una inmensa alegría. Y rápidamente lo transmiten a los demás Apóstoles y discípulos. Y todos permanecen con la Virgen esperando el momento de volver a encontrarse con el Señor.

Éste es el día de la esperanza universal, el día en que en torno al resucitado, se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos, las desilusiones, las humillaciones, las cruces, la dignidad humana violada, la vida humana no respetada.

En la Resurrección la vocación cristiana descubre su misión: acercarla a todos los hombres.

El hombre no puede perder jamás la esperanza en la victoria del bien sobre el mal. Por esta razón los cristianos con gran júbilo celebran este día la Misa Pascual del Domingo de Resurrección.

"En este día de tu triunfo sobre la muerte, que la humanidad encuentre en ti, Señor, la valentía de oponerse de manera solidaria a tantos males que nos afligen", clamó el jefe de la iglesia católica. (S.S. Juan Pablo II, 2004).



 



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