Selección Fútbol Playa
Dubai, el reino de la opulencia
Es imposible no asociar a Dubai con el deporte de El Salvador. En esa ciudad, dos años atrás, Jorge Jiménez se coronó campeón del mundo de tiro con arco.
Claudio Martínez
Sábado, 31 de Octubre de 2009

Es una ciudad única. Dubai es el monumento al progreso, al poder del petróleo, a la inventiva con recursos. Es la materialización del atrevimiento y la audacia multiplicados a la enésima potencia. Donde ahora hay rascacielos de cristal, hoteles de siete estrellas, pistas de esquí o centros comerciales que recrean civilizaciones milenarias como la china o la persa, hace menos de 50 años sólo había montañas de arena. Y más abajo petróleo. Nada más.
Cuando los muchachos de la selección de fútbol playa pongan un pie en Dubai, una joya turística de los Emiratos Árabes, se toparán con la primera de las tantas maravillas del lugar: el Aeropuerto Internacional de Dubai.
Es un aeropuerto, es cierto, porque de allí salen y llegan aviones, pero más bien parece un gigantesco centro comercial donde abundan los restaurantes de lujo y las tiendas de Armani, Chanel o Versace.
El lugar es impactante por donde se lo mire, pero en Dubai no se conforman con eso. Ya está en construcción el Dubai World Central International Airport, que pretende ser el más grande del mundo y que tiene, entre otros detalles, un campo de golf. Dubai tiene claro sus propósitos.
Se ha ganado un espacio en las noticias por su opulencia. Todo se hace a gran escala o no se hace. Quiere acaparar para sí todo lo que sea “el más grande del mundo”, “el más lujoso del mundo”, etc. Mal no le va.
El edificio que identifica a la ciudad es el Hotel Burj Al Arab, el hotel más caro del mundo. Por pasar una noche en ese lugar con forma de velero uno puede pagar hasta 35,000 dólares en la suite más exclusiva.
En los primeros días de diciembre, poco después que termine el Mundial de Fútbol Playa, se inaugurará oficialmente el edificio Burj Dubai, que con 807 metros se convertirá en la torre más alta del mundo.
Otro complejo habitacional que impacta, sobre todo si uno le ve desde el aire, es The Palm, un conglomerado de casas de lujo construidas sobre el mar, donde algunos de los propietarios son Tiger Woods, Roger Federer y Bill Gates.
Emiratos es un país islámico, es cierto, pero mucho más moderado. La religión se la toman con menos fanatismo que el resto de sus vecinos árabes. Y que construyan casas sobre el mar puede que sea un esnobismo, pero también esconde otro propósito: esas mansiones no están en suelo islámico sino en el mar, con lo cual beber alcohol –una herejía en los países árabes- no representa una ataque a la religión.
Es imposible no asociar a Dubai con el deporte de El Salvador. En esa ciudad, dos años atrás, Jorge Jiménez se coronó campeón del mundo de tiro con arco. Precisamente en la misma zona, en las playas de Jumeirah, la selección de fútbol playa tratará de escribir otra historia gloriosa para El Salvador.
A metros del centro comercial donde Jorge Jiménez se consagró en 2007, la Selecta playera va por otra hazaña. Allí, en esas arenas blancas bañadas por las aguas cristalinas del Mar Arábigo, la FIFA montará las canchas para el Mundial.
De a poco, y como parte de su estrategia de expansión, Emiratos Árabes cada vez tiene más presencia en actividades deportivas. Ya tiene un Gran Premio de Fórmula 1 –se corrió en Abu Dhabi, la capital-, ya realizó un Mundial Sub 20 y en diciembre será la sede, por primera vez, del Mundial de Clubes de la FIFA. Ya organiza torneos de prestigio de tenis y golf y en 2013 será la sede del Mundial de Natación.
Nadie, ni el más avezado viajero, podrá dejar de sorprenderse cuando visite Dubai. Por eso los jugadores de la Selecta deberán andar con cuatro ojos para no perderse ningún atractivo.
En Dubai casi nadie viaja en bus, pero por las paradas de buses es una de las cosas que más sorprende a los visitantes: son cerradas con cristal, con aire acondicionado y con cómodas butacas como las del cine.
Se trata de una de las pocas ciudades en el mundo donde los extranjeros –especialmente europeos, indios e iraníes- superan en número a los nativos. Pero no es la única particularidad.
A pesar de estar en el desierto uno puede esquiar en la nieve gracias a la pista artificial donde el turista siente que está en los Alpes o en Aspen sólo con atravesar una puerta de vidrio.
Además, sólo en Dubai uno puede gastar más en un café y un croissant (5 dólares) que en tomar un taxi –un monumental Mercedes Benz último modelo con GPS incluido- desde el centro al aeropuerto, cuyo costo es de 4 dólares.
Ese mundo de ensueño, magia y fantasía espera a los salvadoreños. Ellos, acostumbrados a todo lo natural, deberán adaptarse para vivir al menos una semana en el lugar más artificial del planeta.