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moisÉs marinero y Maripaz Callejas disfrutan su amor. Su relaciÓn se basa en hablar mucho y "abiertamente de muchos temas".
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SÁBADO 14 DE FEBRERO 2009
» Hace nueve años, la vida unió a Maripaz y Moisés. El virus del sida, del que ella es portadora, no impidió este romance que vive hasta hoy
MIRELLA CÁCERES
En el terreno del amor no hay nada escrito, tampoco hay fronteras. Eso lo saben muy bien Maripaz Callejas y Moisés Marinero, dos personas a las que, curiosamente, el VIH los unió. Moisés conoció a Maripaz a finales de los 90 cuando ella empezaba a asistir a charlas para personas infectadas. Recuerda que en un principio se resistía a acudir con frecuencia, pero al final consiguieron que lo hiciera estimulándola a que les vendiera pan dulce que ella misma elaboraba. "Pese a la crisis económica de ese momento, se logró abrir una plaza y se le contrató. Junto a otra persona cocinaban para todos. Allí llegaba yo a comer, creo que me conquistó, entre otras cosas, por el estómago", relata Moisés. Ambos empezaron a crear una amistad que al cabo de tres años se transformó en algo más. Maripaz, entonces de 24 años, explica que lo que más le atrajo de él fue "su carácter envidiable, muy tranquilo". Un cálido 30 de enero de 2000, ambos desnudaron el corazón cerca del parque Cuscatlán de la capital. Risas, cosquillas y un par de besos sellaron el inicio. Forjar los cimientos de esta relación no fue del todo fácil, sobre todo cuando existía de por medio una enfermedad que en ese tiempo despertaba más tabúes que ahora. Maripaz fue la que impuso la primera barrera cuando Moisés dejó de ser extrovertido y le pidió iniciar una relación sentimental. "¡Estás loco! Sólo a un loco se le ocurre salir con una mujer con VIH", le respondió ella. Pero Moisés, quien no era ni es portador del virus, no veía obstáculo alguno. "Déjame entonces vivir mi locura", le respondió. Aquella respuesta resultó mágica para convencerla de embarcarse en una "locura" que les ha durado hasta hoy. "Yo era la que tenía temor porque vi morir a mi esposo de sida y por eso me preguntaba: ¿Y si lo infecto? ¿Y si él me ve morir luego a mí?", rememora Maripaz. Los temores de esta mujer contrastan con el semblante y voz enérgicos con los que demanda no más estigma y discriminación o cuando habla de la necesidad de que las personas infectadas se eduquen sobre VIH/Sida, aprendan a cuidarse y disfruten la vida. Maripaz trabaja con la ONG PASMO como educadora para el occidente del país. Moisés labora como sicólogo para la misma entidad, pero en la zona oriental. Sin embargo, la distancia y los días que dejan de verse no hacen más que fortalecer su relación. Moisés admite que en un inicio el temor a infectarse pasó por su mente, pero se dijo: A lo hecho pecho, si algo va a pasar pasará. "Sólo los locos nos arriesgamos, además no éramos ignorantes de la prevención", afirma. Rolando Cedillos, jefe de Infectología del Hospital Rosales, dice que estas parejas, que en lenguaje médico se conocen como "sero discordantes", no representan un riesgo siempre y cuando tomen las medidas de protección. Pese a ello, el galeno dice que pocas veces se replican en el país estas "locuras" de amor como la que se atrevieron a emprender Maripaz y Moisés hace nueve años, un día 30 de enero.
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