Las madres de los niños que asisten al Centro Escolar El Zapote dejan a pasar a una mujer flaca que también espera turno. Es su forma de solidarse con ella. Anda de luto. Su bebé de nueve meses murió repentinamente.
La viceministra de Salud Violeta Menjívar ha dicho en varias ocasiones que la niña presumiblemente murió a causa de la cepa H1N1 de la gripe pandémica, pero que había pasado por donde un sobador.
A las tres hermanas mayores de la nena les hicieron varias pruebas en un intento por rastrear la causa del deceso de la menor que fue enterrada antes de que se pudiera tomar un hisopado.
Las tres niñas que estaban ingresadas en el hospital San Juan de Dios de San Miguel dieron positivo a influenza A H1N1. Una de ellas además tenía dengue hemorrágico.
La mujer flaca, de cabellos reventados, es María Santos Jiménez, se la ve callada. Tiene 35 años y ocho hijos, hasta antes del 6 de octubre.
María recuerda que cuatro de sus hijas tenían fiebre y tos. Ella les dio acetaminofén por varios días, era de un frasco que le había sobrado de consultas anteriores. El 5 de octubre durante el día la bebé, Daysi Arely, jugó animada.
Se ponía de pie apoyada en un pilar de la casa, cenó y se durmió temprano.
"A medianoche recordó (despertó) con un grito, le di acetaminofén porque creí que le dolía la cabeza. Se volvió a dormir y así pasó al día siguiente en la mañana", recuerda María.
Su esposo, José Ángel Reyes, interviene para decir que a media mañana la niña estaba irritada. Recuerdan que tenía el cuello rígido y que echaba la cabeza hacia atrás.
"A las 10:00 de la mañana buscamos quien nos llevara a Guajiniquil, pero no tenía dinero para pagar un viaje. Un señor se ofreció a llevarnos y de la unidad de salud nos mandaron a Lislique", añade.
Le pusieron sonda a la niña y la mandaron a Anamorós. El viaje fue difícil y la niña falleció.
El padre se regresó con el cuerpo pálido de Daysi, y María continuó el camino hacia el hospital de San Miguel. Al llegar ingresaron a las dos pequeñas. La madre asegura que todas sus hijas tienen las vacunas que les corresponden. A la bebé sólo le faltaba la del año, la que protege contra el sarampión, paperas y rubéola (SPR).
"Me la traje y la enterramos. No la llevé donde el sobador porque no creo en eso y además aquí no hay curanderos, ni nada de eso", se defiende.
En la casa hay pocas fotos y sólo hay una de Daysi con su madre y su hermana mayor. Es en la iglesia del cantón, apenas se distingue el altar, la bebé sólo muestra su perfil porque está mirando a la madre, que ese día estrenó un par de yinas. A la niña la tiene con un vestido y calcetas blancas.
María la atesora en un sobre con motivos florales que guarda en un lugar seco, en medio de algunos certificados de sus hijas.
