Médicos y enfermeras asignados en las fronteras terrestres de Centroamérica saben que se enfrentan a una epidemia desconocida. Como medida de seguridad: una mascarilla y brindarle a los viajeros las recomendaciones del caso.
En cambio, en la terminal aérea de Comalapa, una cámara termográfica -la única que existe en la región- es capaz de detectar si una persona ingresa al país con fiebre alta para aislarlo y tomar las medidas preventivas. Por tierra, el virus de la peste porcina parece tener visa múltiple para cruzar las fronteras.
En los puestos limítrofes de Angiatú (El Salvador-Guatemala), Agua Caliente (Guatemala-Honduras) y El Poy (Honduras-El Salvador), los esfuerzos en cuanto a la aplicación de medidas de seguridad son débiles, tal y como comprobó este medio recientemente.
A los turistas y personas que viajan por negocios ni siquiera se les pide que bajen de los vehículos para que el personal médico pueda obtener una observación visual clara de su estado de salud.
En Agua Caliente, frontera con Honduras, por ejemplo, una joven de 17 años fue ingresada en el Hospital San Pedro, por manifestar síntomas de la influenza A H1N1, el pasado miércoles.
Viajaba en un autobús turístico con más personas provenientes de México. Al grupo de turistas no se le aisló para descartar otro contagio. Ingresaron a Honduras sin problema.
En la frontera de El Poy, fronterizo con El Salvador, para pasar sólo basta una mirada ligera del personal médico al motorista y sus acompañantes, y responder a la pregunta del lugar de destino. Y aunque los jefes migratorios reconocen que el flujo de personas se ha reducido hasta en un 30%, el tránsito no es despreciable.
Si bien es cierto, en ninguno de los puestos fronterizos dijeron haber tenido casos positivos, los sospechosos en cada puerto oscilaban entre tres a cinco. Después de recibir las recomendaciones, todos ingresaron.
Caso contrario ocurre en el Aeropuerto de Comalapa. En esta terminal, el personal médico se ha multiplicado. Habitualmente, cinco médicos y tres enfermeras atienden en la Unidad Sanitaria Internacional, hoy son 20 médicos y 11 enfermeras.
Una cámara termográfica donada por el gobierno de Taiwán, a propósito del brote de gripe aviar en Asia, detecta cualquier persona con una temperatura corporal por encima de 37.5 grados centígrados. Si algún pasajero tiene fiebre, será sometido a un control más exhaustivo para determinar si sus síntomas pueden ser del virus N1H1, de una influeza estacional u otra enfermedad.
Por tierra, si tiene fiebre, puede pasar perfectamente y, con suerte, el viajero escuchará una recomendación. Eso sin contar los puntos ciegos, los tramos débiles de la vigilancia sanitaria.
