Los aficionados al deporte de las narices chatas y las orejas partidas, el boxeo, tuvieron ayer la oportunidad no sólo de observar una pelea, sino de participar en el ring.
Las peleas fueron muy peculiares porque a los contendientes no se les ponía ninguna regla. No importaba que uno de los boxeadores fuera alto y de mayor peso y que se enfrentara contra un hombre flaco y pequeño. Esto porque la finalidad de la pelea era de que el público pasara momentos agradables en cada una de las contiendas.
Otro detalle fue que cada pelea era de un round o asalto pues su duración era de un minuto. El juez, buscado entre los asistentes, subía rápidamente al cuadrilátero y era el público a través de los aplausos el que asignaba el gane. El premio para el boxeador “estrella” era una bebida.
Las peleas no fueron exclusivas para los hombres, también se dio oportunidad a féminas para que demostraran su habilidad en tan rudo deporte.
El cuadrilátero fue instalado en la diagonal universitaria, en donde a partir de las 6:00 de la tarde iban a comenzar a actuar grupos musicales con el propósito de llamar la atención al público en el Campo de la Feria.
A ritmo y paso lento, la procesión del Divino Salvador del Mundo, recorrió las calles del Centro Histórico en la capital ayer.
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El parque Tío Julio abre sus puertas a los residentes del municipio en estas Fiestas Agostinas.