Derroche de color invadió la capital

El tradicional Desfile de Comercio se realizó ayer con casi dos kilómetros de carrozas, cachiporristas e historiantes, ante unos 200 mil salvadoreños.

Jhoel Díaz
Martes, 04 de Agosto de 2009
La algarabía de las fiestas y la belleza de las jóvenes capitalinas se impuso ayer en la Alameda Roosevelt.
FOTO / EDH


Una lluvia de dulces cayó sobre un grupo de personas que gritaban emocionadas y alzando las manos en plenas calles de la capital. La escena se repitió en innumerables ocasiones ayer por la mañana durante el esperado Desfile del Comercio que agasajó a miles de capitalinos que salieron a las calles para gozar de un verdadero río de emociones, belleza, carrozas y personajes tradicionales.

El recorrido se inició en la Plaza Las Américas a eso de las 9:00 de la mañana, cuando ya decenas de personas esperaban impacientes en las aceras de la Alameda Roosevelt, para recibir la tormenta de caramelos que tradicionalmente arrojan las reinas desde las carrozas, mismas que representan a los mercados, negocios y empresas que operan en la ciudad de San Salvador.

La seguridad iba ante todo, ya que el desfile iniciaba después de un séquito de ambulancias de Cruz Roja y Comandos de Salvamentos, y unidades del Cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAM).

El alcalde Norman Quijano y su equipo encabezaron el recorrido alegórico desde la segunda planta del famoso Conga Bus, traído desde Juayúa, en la Ruta de las Flores, para que el edil saludara a su gente.

La banda del Instituto Nacional General Francisco Menéndez (Inframen) venía luego con la entrega de ritmo y elegancia que los caracteriza. Mientras, en el cielo apareció una avioneta con un mensaje como invitación a la feria Consuma.

“¡Mire mamá, ahí viene Cocolito!”, gritó un niño que vio al conocido payaso que venía bailando sobre el vagón de un tren de Nescafé, marca que este año hizo posible el primer concurso de carrozas para incentivar a los creativos que las elaboran.

Las carrozas más originales

Por la tarde se realizó la elección de las mejores carrozas y la gran ganadora fue la representante del Edificio 3 del Mercado Central, la cual simuló el Palacio Nacional con motivo de las fiestas agostinas. El edil Quijano entregó el premio de tres mil dólares a sus artesanos.

En segundo lugar quedó la carroza del Edificio 6, también del Mercado Central, que emuló una vendedora de frutas; mientras que el tercero fue para la Plaza San Vicente de Paul, bajo su concepto del mar y de los oficios varios que se realizan en los mercados. Los premios fueron de dos mil y mil dólares respectivamente.

El director del Comité de Festejos Agostinos, Alfredo Menéndez, estimó que unas 35 carrozas formaron parte del Desfile del Comercio que se alargó casi dos kilómetros y que pasó de la Alameda Roosevelt a la Calle Rubén Darío y terminó en la Plaza General Gerardo Barrios.

Menéndez se expresó satisfecho por el éxito del desfile: “Hemos tenido una excelente convocatoria, ha sido espectacular. Calculo que fueron unas 200 mil personas las que asistieron”. También destacó originalidad en las bandas de paz.

Por supuesto, los míticos viejos de agosto –como el Diablo y la Siguanaba– se encargaron de asustar y hacer reír a la población asistente, y no dudaron en sonreír para las cámaras o para darle una buena “malteada” a más de un periodista.

“Ha estado maravilloso, pensé dos veces en venir, pero no me arrepiento. Nunca había podido, pero recomiendo a la gente que venga para el otro año”
, manifestó Rosalía Gómez, una espectadora que se trasladó desde Zacatecoluca, La Paz.

“Están bien bonitas las reinas. Está bueno para venir a verlas”, agregó Osmín Cartagena, quien apreciaba a la soberana de las Fiestas Agostinas, Sonia Cruz, lanzando dulces junto a sus princesas. Reinas jóvenes, infantiles y de la tercera edad arrancaron sonrisas en el día festivo, así como cachiporristas, historiantes, chapetones, chichimecos y gigantonas de Jocoro.

 

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