No es casualidad que estas tradicionales mujeres bailen tan bien al compás de la música. Sus motores humanos son unos expertos del ballet. Estos jóvenes apenas observan por detrás de una pequeña rendija el camino a seguir. Cargan 90 libras dispersas en 2.50 metros de hierros sobre sus hombros. Cada parada de un desfile es aprovechado para tomar aliento y seguir el camino.
Muchos han comenzado desde chicos con esta tarea. Uno de ellos es Wilber Fernández, quien a sus seis años incursionó en este ámbito. Saber manejar a estas hermosas mujeres requiere de esfuerzo y constancia. No hay domingo de la semana en la que Wilber no se dedique de lleno a practicar. Hoy tiene 18 años y participó ayer del Desfile del Correo, junto al elenco artístico de los Chaperones, los Viejos de Agosto, los Historiantes y Las Palmas.
Asegura que el grupo al que pertenece ha sido el pionero en este tipo de eventos. Las cuatro Gigantonas que los capitalinos vieron danzar ayer son parte de un total de ocho que pertenecen al grupo Teopatlit, que significa Dios Renovador. Este elenco lleva 20 años ejerciendo.
Las pasadas curiosas de este oficio han sido muchas, entre ellas, Wilber recuerda una en especial, durante unas fiestas patronales en Jiquilisco, Usulután. Mientras bailaba, uno de sus compañeros, David Belloso, cayó en un tragante de aguas lluvias que estaba sin tapadera. De no haber sido porque logró colgarse del aro de hierro que sostiene la armazón de la Gigantona, David hubiera sido historia.
A ritmo y paso lento, la procesión del Divino Salvador del Mundo, recorrió las calles del Centro Histórico en la capital ayer.
Con las fiestas patronales también vienen las tradicionales carreras de cintas
El parque Tío Julio abre sus puertas a los residentes del municipio en estas Fiestas Agostinas.