El rostro bajo las faldas que mueven a las Gigantonas

 

Eugenia Velásquez
Domingo, 02 de Agosto de 2009
¿UN BESITO? Las Gigantonas asombran por su altura de 2.50 metros. Cuatro de estas mujeres pusieron el toque tradicional.
FOTO / EDH

No es casualidad que estas tradicionales mujeres bailen tan bien al compás de la música. Sus motores humanos son unos expertos del ballet. Estos jóvenes apenas observan por detrás de una pequeña rendija el camino a seguir. Cargan 90 libras dispersas en 2.50 metros de hierros sobre sus hombros. Cada parada de un desfile es aprovechado para tomar aliento y seguir el camino.

Muchos han comenzado desde chicos con esta tarea. Uno de ellos es Wilber Fernández, quien a sus seis años incursionó en este ámbito. Saber manejar a estas hermosas mujeres requiere de esfuerzo y constancia. No hay domingo de la semana en la que Wilber no se dedique de lleno a practicar. Hoy tiene 18 años y participó ayer del Desfile del Correo, junto al elenco artístico de los Chaperones, los Viejos de Agosto, los Historiantes y Las Palmas.

Asegura que el grupo al que pertenece ha sido el pionero en este tipo de eventos. Las cuatro Gigantonas que los capitalinos vieron danzar ayer son parte de un total de ocho que pertenecen al grupo Teopatlit, que significa Dios Renovador. Este elenco lleva 20 años ejerciendo.

Las pasadas curiosas de este oficio han sido muchas, entre ellas, Wilber recuerda una en especial, durante unas fiestas patronales en Jiquilisco, Usulután. Mientras bailaba, uno de sus compañeros, David Belloso, cayó en un tragante de aguas lluvias que estaba sin tapadera. De no haber sido porque logró colgarse del aro de hierro que sostiene la armazón de la Gigantona, David hubiera sido historia.

 

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