Pero antes de saber el resultado, la alcaldía le invitó en secreto a ser la Reina de las Fiestas Agostinas. Por 18 votos, la señorita Ruth Deneque la venció en el certamen estudiantil, un golpe tremendo para la joven Pachita, que era la gran favorita.
"No importa ganar o perder, sino ser grande en la batalla", fueron las palabras de su abuelo al verla triste. Pronto reparó en que su título de reina de las fiestas era más importante que cualquier otro.
Así recuerda esta distinguida salvadoreña aquellos días de esplendor en San Salvador, cuando la gente caminaba armónica por las calles y plazas.
El mismísimo presidente Maximiliano Hernández Martínez colocó la tiara sobre su cabeza, en la fachada del Palacio Nacional. Fue la primera reina de las fiestas en unos 45 años, que arribó al lugar en una carroza halada por caballos, en medio de cinco mil gardenias.
"En aquellos días San Salvador era pequeño, la gente era cariñosa, amable y respetuosa", recuerda Pachita.
Después de aquel triunfo y de su baile de gala en el Palacio, los niños que le veían pasar pedían tocarla pues le creían una reina real. Y lo es. Aquel día de su coronación ha perdurado hasta sus 90 años.
Con total lucidez e ilusión, recuerda que ser la reina de las fiestas la marcó de tal manera, que su corazón se aferra a aquella época y su alma a la ciudad de su vida.
A ritmo y paso lento, la procesión del Divino Salvador del Mundo, recorrió las calles del Centro Histórico en la capital ayer.
Con las fiestas patronales también vienen las tradicionales carreras de cintas
El parque Tío Julio abre sus puertas a los residentes del municipio en estas Fiestas Agostinas.