Salvador Samayoa
Se cierra la brecha?
Miércoles, 29 de Octubre de 2008
En los últimos días se han multiplicado las quejas y las discusiones sobre campañas sucias, en referencia a determinados anuncios publicitarios de partidos políticos y de organizaciones afines.

Las tres ùltimas encuestas publicadas tienen una coincidencia asombrosa. Hablamos de LPG- datos, Mitofski y Borge. Las tres están contratadas y publicadas por los medios más grandes de televisión y prensa escrita de El Salvador. La coincidencia es asombrosa, en primer lugar, por la igualdad casi exacta de la diferencia que proyectan en las intenciones de voto para las elecciones presidenciales. Pero tambièn es asombrosa por la escasa anchura de esta diferencia, ya que las tres establecen una exigua ventaja, casi dentro del margen de error, de 3.7% del candidato del FMLN sobre el candidato de ARENA.

A pesar de esta coincidencia, la situación todavía es confusa por dos razones. La primera es la magnitud del estrechamiento que establecen las mismas casas encuestadoras en relación con sus propios sondeos anteriores. En este sentido, solo LPG-datos mantiene estables sus propias proyecciones. Las otras dos vienen de diferencias entre 14 y 20 puntos hace solo 4 meses, hasta menos de 4 puntos en los ùltimos sondeos. La segunda razón es la diferencia tan grande con otras encuestas, también serias, como las de la UCA y la UTEC, que han proyectado en los últimos días, también en asombrosa coincidencia, diferencias de 15 puntos entre los principales contendientes.

En resumidas cuentas, las tres encuestas de los medios de prensa (EDH, LPG y TCS) arrojan la misma diferencia, cercana a 4 puntos, entre Funes y Ávila, mientras las dos encuestas de las universidades (UCA y UTEC) establecen la misma diferencia, cercana a 15 puntos, entre ambos candidatos.

Evidentemente la verdad, que en esta materia solo puede expresarse como acierto estadìstico, no puede estar a la vez en dos apreciaciones tan distantes. Para nuestro beneficio analítico, la anterior dispersión, poco susceptible de interpretaciones juiciosas, ha dado paso a solo dos agrupamientos homogéneos de resultados. Ahora el acierto solo se dirime entre dos apreciaciones: o tienen razón las universidades y entonces la diferencia es de 15 puntos, o tienen razón las casas contratadas por los medios de prensa y la diferencia es de solo 4 puntos.

Otra posibilidad es que todos estén equivocados o gravemente equivocados, y que la verdad sociològica con su correlato estadìstico se encuentre escondida en algún lugar intermedio, no necesariamente equidistante, cercano a los 10 puntos porcentuales de diferencia entre Funes y Ávila.

Difìcil será entonces, por ahora, esclarecer la realidad en relación con las intenciones de voto del electorado, pero lo que no debe hacerse es entrar en un juego de descalificaciones, entre otras razones porque las cinco entidades han tenido en el pasado aciertos innegables en la predicción de resultados electorales, tanto en El Salvador como en otros países de la región. Además es poco probable que estén dispuestas a arriesgar su prestigio y su futuro empresarial por hacerle favores a algún partido polìtico.

Si ahora comienzan unos y otros a decir que las universidades o los medios de prensa tienen los resultados que tienen por su alineamiento o simpatìa con la izquierda o con la derecha, nos vamos a equivocar todos de muy mala manera.

Ojalá pudieran sentarse juntos los técnicos responsables de las cinco encuestas para compartir y discutir sus premisas socio-demográficas, la solidez de sus bases de datos, los criterios de selecciòn de sus encuestadores, la calidad de sus respectivos cuestionarios, la confiabilidad de sus mecanismos de supervisión y otros aspectos que nos permitieran entender las razones de sus diferencias. Pero eso no va a ocurrir.

Lo más sensato entonces será admitir nuestras dudas, distanciarnos un poco de nuestras certezas y pensar con sana prudencia. Al Frente le conviene pensar que tal vez no es tan grande su ventaja. A ARENA le conviene pensar que tal vez no es tan pequeña su desventaja. A ambos les conviene admitir que estàn todavía lejos de convencer e ilusionar a la población. A los independientes les conviene pensar en la importancia decisiva de su participación, ya que todas las encuestas proyectan a este bloque como determinante. Y a los indecisos les conviene comenzar a decantarse y a pronunciarse. Así, tal vez, terminamos todos contribuyendo a esclarecer la situación y a mejorar la calidad de nuestra democracia.