Salvador Samayoa


Política y fútbol, para variar un poco
Jueves 26 de junio de 2008
El domingo pasado tuvimos algo de política mezclada con fútbol, antes y después del partido de nuestra Selección Nacional. Se me ocurren cinco comentarios livianos en clave electoral:
Primero: A Mauricio no le interesó nunca el fútbol en sus años mozos.

Si no recuerdo mal, tampoco le interesaban otros deportes. Por no jugar, no jugaba ni trompo ni capirucho. Era un joven de perfil introvertido e intelectual, con pocas aficiones o desempeños atléticos. Pero el domingo tuvo la sencilla y brillante idea de ir al estadio.

A palco, por supuesto. Tal vez su asistencia haya sido poco más que una buena operación publicitaria, aunque creo que comenzó a apreciar el fútbol como deporte y como fenómeno social en una maravillosa tarde madridista, en compañía de su amigo Hato, en el estadio Santiago Bernabéu. De cualquier manera, lo cierto es que la gente le brindó el domingo una calurosa y prolongada ovación, a todo lo largo y ancho de la grada del Estadio Cuscatlán.

Impresionante expresión de respaldo popular, ampliado y convertido, cada vez más, en simpatía y afecto personal. Y bueno para el país, porque en la medida en que pese más la figura del candidato sobre la bandera del partido, se verán ensanchados sus márgenes de acción y decisión, presumiblemente en favor de una línea moderada.

Segundo: No es aconsejable, sin embargo, incurrir en lecturas políticas erróneas de lo que ocurrió el domingo. El fútbol es, sin duda, el fenómeno más democrático sobre la faz del planeta Tierra. Apasiona, iguala, une y reúne a millones de personas por encima de sus innumerables diferencias. Más aún cuando juega la Selección Nacional, en cualquier país del mundo. Pero una cosa es el segmento amplio y diverso de los que aman el fútbol y otra muy diferente es el segmento de los que van al estadio, particularmente en El Salvador.

Al Cuscatlán no suelen ir los más ricos, ni los más pobres, ni los más jóvenes, ni los más viejos. Tampoco suelen ir las mujeres, ni la gente del campo. Al estadio va, en abrumadora mayoría, la gente de capa media urbana, hombres entre los 24 y los 48 años, para más señas.

En otras palabras, la gente que más simpatiza con la izquierda. Esta consideración sociológica no disminuye el cariño que el respetable público mostró a Mauricio, pero lo sitúa en la justa dimensión estadística de una muestra poblacional bastante sesgada.

Tercero: En ARENA siguen sin entender de qué va la cosa. Si hubiera un concurso de no entender, el tricolor sería ganador indiscutible. Es bien sencillo: el candidato se llama Rodrigo. Toni fue el candidato en las elecciones de 2004. Pero así de sencillo como es, siguen haciendo las cosas al revés.

El que va al estadio es el Presidente. Y tiene derecho. No es un aficionado de última hora. Además, casi todos los presidentes del mundo van al estadio en ocasiones especiales, porque les gusta o porque es políticamente correcto. Pero este no es un asunto de derechos, sino de conveniencia electoral. Mal anda ARENA en criterios publicitarios si no va Rodrigo al estadio. Y peor anda si estuvo "presente por la Patria" y nadie se dio cuenta.

Cuarto: Fatal el canal 4, que no proyectó imágenes ni sonido de lo que ocurrió en la grada antes y después del partido. No sé si fue culpa del "switcher", de los camarógrafos, del realizador de la producción televisiva o de la gerencia del canal. Lo cierto es que hubo una estafa de comunicación social por ocultación.

Normalmente enfocan la grada por cualquier dama que use copa C o pantalones ajustados. ¿Cómo ignorar la generalizada y entusiasta manifestación del público por la presencia del candidato del Frente? Nunca se ha podido tapar el sol con un dedo. Y menos ahora, en la era de "you tube". Mal presagio para la credibilidad política de un medio tan importante en plena campaña electoral.

Quinto: Qué baja está la autoestima nacional de algunas personas. Y qué hambrienta de ilusiones tiene que estar la gente para sentir tanta euforia y para convertir en "héroes" a nuestros futbolistas por ganar un partido… a Panamá !!! Ahí queda eso, como indicador del estado de ánimo del más bravo pueblo.