Salvador Samayoa
Migajas de pan rancio
Jueves, 24 de Abril de 2008
En las últimas semanas se ha dedicado cualquier cantidad de espacio en televisión y en prensa escrita al asunto de las alianzas políticas. ¡ Qué desperdicio ¡ Nada importante para el país, para la población o para el sistema político. Las mentadas alianzas, tal como se presentan, tienen solo una lógica de cálculos mezquinos e ínfimos o perversos beneficios electorales para los partidos.

La única alianza que pudo tener sentido se malogró ya, semanas atrás, por enésima vez. Con una perspectiva más visionaria, menos calculadora y menos coyuntural, la Democracia Cristiana tenía la oportunidad de dar un golpe de timón para dirigir su maltrecho barco hacia horizontes más promisorios. El estado de ánimo de la población, tanto como la arrogancia y los errores de los partidos grandes, indicaba que era este un momento propicio para iniciar la construcción de la tercera fuerza, a semejanza del exitoso modelo chileno, con una sólida alianza entre socialdemócratas y social- cristianos.

El FDR estaba listo. No aportaba grandes cantidades de votos, pero podía poner decenas de cuadros con experiencia política y considerable capacidad organizativa. El CD tenía problemas internos. Tal vez habría tenido que aceptar la deserción de unos cuantos capitanes y otros tantos tripulantes que, de todas maneras, preferían navegar en las aguas del mar rojo. Pero estos eran problemas superables. En realidad, más que problemas, eran oportunidades de renovación.

En esta perspectiva, se dibujaba, sin hacer cuentas alegres, un nuevo bloque parlamentario de al menos 12 diputados. Al PDC le faltó solo un puñado de votos para llegar a siete diputados en la elección anterior. Salgado agregaba sin falta tres diputados en los departamentos orientales, y los dos más pequeños podían poner uno cada uno sin despeinarse. El PCN era el chompipe de esta fiesta, forzado a una sensible reducción de su representación parlamentaria. Esta cuenta dejaba a los dos grandes, asumiendo la persistencia de su empate técnico, sin posibilidad de tomar decisiones, a menos que se entendieran entre sí o con la tercera fuerza.

Entendida de esta manera, con o sin candidato a la presidencia, estábamos ante una coalición que merecía la atención del electorado y de la prensa, porque ponía sobre otros ejes y en otro escenario la gobernabilidad democrática.

Ahora, en cambio, el espacio está ocupado por improbables y retorcidas alianzas que muy poco beneficiarían a los partidos, al país o al sistema. Si el FDR y el CD hacen alianza entre ellos, a penas ganan milímetros y no cambian nada. Si alguno de los dos se arrima al Frente, solo obtiene migajas de pan rancio. Si el PDC va con ARENA, comete suicidio. Si se decide tarde a ir solo, con Will Salgado, para evitar una derrota de ARENA en primera vuelta, podría encontrar saqueada su base de militantes. Si el PCN va con ARENA, suma cero, como está demostrado. Y del PDC en alianza con el PCN ni hablamos, porque no estamos para bromas.

Así las cosas, mejor sería que los partidos se dedicaran a propósitos más constructivos y que no nos cansaran tanto con este rollo tan malo de alianzas irrelevantes o perversas.