Salvador Samayoa
Cómplices salvadoreños en regreso de Zelaya
Miércoles, 23 de Septiembre de 2009
Nuestra posición en el caso Zelaya es más clara que el agua. Si se tratara sólo de enmendar o restituir el acto de su expulsión a Costa Rica, estaríamos a favor del regreso de Zelaya a Honduras, aunque no apoyaríamos una operación ilegal para tal propósito.

Si se trata en cambio, como es evidente, del reemplazamiento de un títere y de una base de poder regional de Chávez, estamos en contra, sin duda, del regreso de Zelaya. Esta es una opinión política que tendrá, como cualquier otra, adeptos y detractores, algunos tranquilos, otros histéricos; algunos sensatos, otros fanáticos.

Lo que no es materia de opinión, sino de inexcusable investigación es la posible participación o complicidad de salvadoreños en una operación a todas luces ilegal de trasiego de personas a través de las fronteras. En esta óptica, el problema ya no es Zelaya. La discusión no es si está bien o está mal que regrese el presidente depuesto. Si se confirman las sospechas, el problema sería el comportamiento de una organización que ha utilizado el poder, las instalaciones y los recursos del gobierno para una operación ilegal de trasiego de personas. En tal caso, no serían salvadoreños particulares los involucrados. Serían dirigentes del partido oficial que han podido acercar sus lujosas camionetas polarizadas a la pista del aeropuerto, a unos metros de la puerta del salón de protocolo administrado por CEPA.

Las sospechas comienzan por las increíbles declaraciones de algunos personajes en relación con el arribo a nuestro país del señor del sombrero. Es evidente que el avión de Chávez no aterrizó en Comalapa un domingo a las diez de la noche, sin permiso de las autoridades salvadoreñas, porque “Mel” Zelaya tenía muchos deseos de ver a Nidia Díaz. También es evidente que Zelaya no llegó a nuestro país, a pocas horas de su arriesgado retorno clandestino, para conversar con sus amiguetes sobre los actos del próximo sábado. El Frente no debiera asumir que la gente es tonta, porque ese error le puede costar bastante caro.

Por otra parte, la información pública que se ha ofrecido desde el gobierno ha sido, como en otras ocasiones, escasa, cuchareada, falta de transparencia o claramente encubridora. En otras palabras, nos han querido dar atol con el dedo. Puro garabato. Como si en una situación tan seria bastara con decir que no se autorizó el uso del salón presidencial del aeropuerto. Eso es lavarse las manos como Poncio Pilatos. Eso da lugar a interpretaciones, que ya se han hecho en la prensa extranjera, según las cuales el presidente salvadoreño habría dado libertad al FMLN de apoyar el regreso de Zelaya a condición de que la operación no se convirtiera en un problema diplomático.

El presidente Funes ha dicho que ignora cómo entró Zelaya a Honduras. Yo le creo, pero tiene que haber un registro de migración. El avión de Chávez salió de El Salvador con rumbo a Guatemala. Eso dicen. Pero una cosa es que saliera el avión y otra es que en el avión fuera Zelaya. Desde un punto de vista operativo, de calidad y confianza de los apoyos conspirativos, de logística, de distancias y de tiempos no tiene sentido que Zelaya fuera a medianoche a Guatemala. Lo más probable es que del salón de protocolo en el que se reunió con Ramiro, Sigfrido y Orestes haya abordado el vehículo con placas oficiales que lo sacó de Comalapa.

En cualquier caso, la Dirección de Migración -vale decir el gobierno de El Salvador- tiene que mostrar los registros de migración. Si tiene sello de salida aérea, tal vez algún alto funcionario cometió algún delito de falsedad. Si no tiene sello de salida, entonces, con mayor razón, tendremos que suponer que a Zelaya lo movieron los amigos con los que estaba reunido.

Aquí el problema no es el apoyo del FMLN a Zelaya. El problema es si utilizaron el poder y los recursos del gobierno para una operación clandestina e ilegal. El problema es lo que sabía el presidente Funes, porque si sabía poco, estamos mal, y si sabía mucho, estamos peor. Y el problema es la calidad de la información pública. Se pudo engañar a los hondureños al meter semejante fardo de contrabando en su territorio. No creo que se pueda engañar a los salvadoreños con semejante estafa informativa. Los medios deben ser acuciosos. Ahora fue Zelaya, mañana puede ser cualquier otro capo el que utilice los salones de protocolo, las camionetas polarizadas, los sellos y todas las facilidades migratorias que puede ofrecer nuestro gobierno.