El turno del fiscal
Miércoles 22 de julio de 2009
Tal vez nunca antes fue más difícil y más importante elegir magistrados independientes y competentes para la Corte Suprema.
Y tal vez nunca antes se eligieron mejores magistrados. La Corte que se eligió tras el Acuerdo de Paz tardó un poco más, pero no porque fuera más difícil la elección, sino por falta de experiencia, porque era la primera vez que se elegía con el requisito de mayoría calificada en la Asamblea.
Antes era más fácil: al partido de gobierno le bastaban sus propios votos para la designación de magistrados. También elegía por sus pistolas a los miembros del Consejo Central de Elecciones y al Fiscal General de la República.
El presidente era el gran elector. El principio de independencia de los poderes del Estado carecía de vigencia. El Órgano Judicial era un apéndice del Órgano Ejecutivo. Aquella era una democracia falsa y pobre, insostenible en resumidas cuentas.
Ahora toca felicitar a los partidos. Lo normal es mentarles la madre, pero ahora hay que felicitarlos. También hay que reconocer la actuación del presidente y la del secretario de asuntos estratégicos.
Actuó bien el presidente, en un fino ejercicio de respetuoso liderazgo. Bien el FMLN, al abandonar posiciones preocupantes, en una de sus mejores actuaciones de los últimos tiempos. Bien ARENA, al convertirse en interlocutor serio, con una sola cabeza, ajena por cierto a las gangas, a las cuotas, a los combos y a las mezquindades del pasado.
Bien los partidos menores, que no ganaron nada en el sentido más tradicional de sus ganancias, pero ganaron algo de credibilidad, que buena falta les hacía.
La elección de magistrados independientes ha reducido las ansiedades políticas. Sobre todo, las ha puesto en otra dimensión. Ha limitado la incertidumbre por diferencias ideológicas que bien pudieron traducirse en malabarismos conceptuales conducentes a inaceptables reformas del Estado. Hay que llamar a las cosas por su nombre.
Una cosa era la reforma del Estado y otra muy diferente es el cambio, por profundo que sea, de la administración y de las políticas públicas. La elección de magistrados nos ha librado en buena medida de posibles avales constitucionales a consultas populares o a otras espoletas diseñadas para volar en pedazos el sistema democrático.
Ahora todos podemos estar un poco más tranquilos. Ahora puede prevalecer la esperanza sobre las ansiedades que provocaba el cambio cuando no estaban determinados y limitados sus alcances.
Este es el significado más profundo del acuerdo de los partidos. Por lo demás, el nombramiento de magistrados independientes y competentes no garantiza la justicia cotidiana para los ciudadanos. Para ver una mejoría sustancial en este campo se necesitan otras decisiones, otros dinamismos y otros mecanismos.
Entre ellos el más inmediato y decisivo puede ser la elección del nuevo Fiscal General, tarea también retrasada cuyo emprendimiento ha sido anunciado para esta semana, en el mismo formato de negociación que produjo el acuerdo político para la conformación de la Corte.
En la Sala de lo Constitucional estaban en juego las garantías políticas de los ciudadanos. En la elección del fiscal está en juego la seguridad de todos los salvadoreños.
El Fiscal General dirige la investigación del delito. De su gestión depende en buena medida el control de la delincuencia que tanto nos afecta y el cese de la impunidad que tanto nos molesta. Su elección debiera mostrar en un sentido muy particular los réditos de la alternancia.
El actual gobierno, a diferencia de sus predecesores, no tiene interés en promover a un fiscal que soslaye sus desmanes, porque todavía no ha hecho desmanes. Seguramente los hará, porque así es la vida, pero en este momento podemos beneficiarnos de un gobierno todavía limpio, sin abusos pretéritos que deban ocultarse.
ARENA, por su parte, tiene una oportunidad inmejorable para enviar señales creíbles de cambio. Para ello debe renunciar al seguro de impunidad que compró y refrendó en el pasado, debe abandonar candidaturas que sugieran complicidades inconfesables y debe, sobre todo, proponer o respaldar candidatos que sean verdaderamente independientes, además de valientes y competentes.
Suponiendo que se logre elegir a un fiscal extraordinario, de todas maneras tendrá que remozarse la Fiscalía, porque una golondrina no hace verano. A la institución le hará falta una reforma profunda y una significativa dotación de recursos.
Y el presidente tendrá que poner más atención al desempeño de sus funcionarios en el ramo de seguridad pública, porque mucha gente sensata está diciendo ya que este es el sector menos efectivo y más errático del gobierno del cambio.