Primeras reacciones
Miércoles 21 de enero de 2009
Concluido el primer evento electoral del año, quedan grandes cosas buenas y pequeñas cosas malas para la acumulación y el fortalecimiento de la cultura democrática en nuestro país
También quedan para el registro pequeños remanentes de rezago cultural, notables logros y deficiencias institucionales e importantes lecciones para los partidos mayoritarios de cara a las elecciones presidenciales.
La población, en general, se comportó de manera civilizada, pacífica y respetuosa, a pesar del recalentamiento climático producido por las emisiones tóxicas de algunos dirigentes y cuadros partidarios. Esto fue, sin duda, lo mejor de las elecciones.
En el haber de nuestro proceso democrático puede anotarse también la demostración de falsedad de las advertencias de fraude que hizo el FMLN en repetidas ocasiones.
Desde otro ángulo, podemos calificar como muy positiva la capacidad del electorado para sustraerse de la polarización imperante a través de la búsqueda de contrapesos en el poder legislativo.
Entre las pequeñas cosas malas deben registrarse aislados comportamientos agresivos e intimidatorios de grupos locales que optaron por la amenaza o por el uso de la fuerza para dirimir sus reclamos, en vez de recurrir a los mecanismos institucionales. Este fue el caso en San Isidro, en Tacuba, en San Martín y en otras localidades del interior del país.
También fue mala, incomprensible e intolerable la desinformación que propició el TSE antes, durante y después de los comicios. Su sitio de Internet estuvo inaccesible durante varios días, desde antes del evento hasta la fecha. No sirvió ni para que los ciudadanos buscaran el número de urna en la que debían votar.
Menos aún para obtener información pronta y confiable acerca de los resultados electorales. Todavía nadie entiende porqué no realizaron y publicaron en pocas horas un escrutinio preliminar completo, dejando abiertas a trámite las impugnaciones, tal como manda la ley.
En un escenario de ánimos más caldeados y de mayores ansiedades o sospechas, igual los hubieran linchado en la plaza pública por su desatinada política informativa.
En cuanto al comportamiento y a las primeras reacciones de los dirigentes partidarios, me gustó mucho la ecuanimidad de Salvador Sánchez Cerén en una entrevista televisiva matutina. Con similar sensatez se comportó Oscar Ortiz en un programa nocturno de comentarios a los resultados electorales.
También fue loable el discurso de Norman Quijano ante sus correligionarios en la noche del domingo, tanto por su tono sereno y ajeno a exaltaciones o euforias como por su proclama de "humildad en la victoria".
Funes estuvo bien a lo largo del día, pero se descompuso en la noche. A su discurso ante los militantes del Frente le faltó elegancia, altura y buen juicio para calibrar la oportunidad y el riesgo político del momento. Mal se vio también la Dirección del FMLN por su tardía, alambicada, retrechera y despechada aceptación de la derrota en San Salvador. Y peor aún fue la estridente intervención de varios dirigentes de ese partido a través de las ondas de radio "Maya Visión".
La reacción más exaltada, decepcionante, confrontativa y arrogante fue, sin embargo, la del candidato a la presidencia de ARENA, en contraste con la respetuosa referencia de Norman Quijano a sus adversarios al proclamar la victoria de ese partido en la ciudad capital. En este episodio se vio igual o peor que el candidato del Frente.
Los dos son buenas personas, los dos son políticos relativamente moderados, pero ambos muestran su lado oscuro cuando predican en sus respectivas parroquias. Ojalá entiendan que a la gente no le gustan los perdedores reticentes ni los ganadores prepotentes
Por lo demás, esperamos aún resultados firmes y oficiales para hacer valoraciones más de fondo, para definir dos o tres cabeceras departamentales y dos o tres diputaciones, para valorar repercusiones de cara a las elecciones presidenciales y para repartir los premios y castigos que otorga la "academia de comentaristas" a las casas encuestadoras que han tenido notables aciertos o gruesos y persistentes errores en sus predicciones de los últimos meses.