Salvador Samayoa
Los números de Borge
Jueves 18 de Diciembre de 2008
Otra vez parecen excesivas y poco conciliables las diferencias en las radiografías electorales de las casas encuestadoras.

Esta semana se han publicado las encuestas de Borge, UCA y Mitofsky. En días recientes se publicó la de LPG Datos y circuló en Internet la de Greenberg. La historia que cuenta la UCA tiende a coincidir con la de Greenberg. Mitofsky está en las antípodas. Borge es el único que realizó una encuesta departamental con capacidad de registrar las intenciones de voto para diputados. Su sondeo para elecciones presidenciales, con simulacro de escrutinio a nivel nacional, tomó una muestra más amplia que todas las otras encuestas. Las diferencias entre unas y otras oscilan entre los 3 y los 16 puntos para elecciones presidenciales, como si los respectivos estudios de opinión se hubieran realizado en varios países diferentes.

Por lo visto, más de alguna de estas encuestadoras tendrá que dar incómodas explicaciones en enero y en marzo a las empresas o entidades que las han contratado o a las instituciones que las albergan y respaldan. Las encuestas que se equivoquen por mucho perderán su prestigio técnico, si se trata de entidades académicas, o sus contratos en El Salvador y en otros países de la región, si se trata de empresas. Y al contrario, las encuestas más acertadas ganarán mucha credibilidad o muchos contratos.

Asumiendo que no haya problemas de ética profesional, las diferencias técnicas pueden estar con mayor probabilidad en el censo poblacional de que parten, en el diseño estratificado de las muestras, en la preferencia por la calle o por los hogares, en la utilización o ausencia de simulacros de escrutinio secreto, en la calidad del cuestionario o en la calidad de los encuestadores. Si alguna ha tomado, por ejemplo, el censo poblacional anterior y otra ha utilizado el último censo, mejor ni sigamos hablando, porque allí estaría la explicación de unos resultados tan diferentes. Lo mismo ocurrirá si los cuestionarios son contaminantes o muy inductivos, como parece ser el caso en algunas encuestas. De igual manera, las diferencias serán considerables si una encuesta se realiza en la calle y otra en los hogares de la gente.

En enero y en marzo se decidirá, entonces, no solo cuáles partidos ganan y cuáles pierden, sino cuáles encuestas merecen respeto y cuáles no lo merecen. Hasta esas fechas, solo nos queda opinar con el mayor acopio de información, el mejor criterio político y el mejor razonamiento posible.

Con estas limitadas pero útiles herramientas podemos analizar los números de la última encuesta de Borge, adelantando que cuadran bastante bien con la información política y con los elementos de juicio a nuestra disposición.

Aunque no llegó a publicarse, por insuficiente representatividad de la cantidad de papeletas, cuadra, en primer lugar, el cruce por municipios del departamento de San Salvador, con excepción del evidente subregistro de las cuotas del FDR en Nejapa, en Mejicanos y en la ciudad capital. Por lo demás, es probable, como dice la encuesta, que el Frente conserve San Salvador, Delgado, Soyapango, San Marcos y otros bastiones tradicionales, pero también es probable sufra mucho o que pierda en Apopa, Mejicanos, Ayutuxtepeque, Cuscatancingo e Ilopango.

Cuadran también las encuestas departamentales para diputados, aunque tal vez el FDR y el PDC obtengan en conjunto dos o tres bancos adicionales a los que les asigna le encuesta a partir de cálculos residuales menos exactos. Por lo demás, parece lógico que el FMLN tenga ventaja en San Salvador, Sonsonate, La Paz, Usulután, San Miguel, Morazán y La Unión. Y también parece lógico que ARENA obtenga más votos en Ahuachapán, Santa Ana, Cuscatlán, Cabañas y San Vicente.

Finalmente, cuadra la intención de voto presidencial, aunque estaría más ajustada si se le suma el margen de error de la encuesta. Borge obtuvo un 5.3% de diferencia entre Funes y Ávila a partir del cuestionario, pero tuvo el buen tino, el debido celo profesional y los recursos para contrastar su propia encuesta con otro chequeo, esta vez usando papeletas que arrojaron 10 puntos de diferencia. Su encuesta de septiembre nos presentó 7 puntos de ventaja para Funes. Este rango nos parece bastante fiable, no por situarnos en el justo medio, sino porque concuerda con otros elementos de análisis. Las diferencias de dos o tres puntos que proyectan algunas encuestas, o las de más de quince puntos que proyectan otras, parecen poco probables. Por ahora, los números de Borge se muestran más razonables. Veremos qué pasa con el paso del tiempo.