Salvador Samayoa


Aniversario, asamblea y rebelión de pacotilla
Miércoles 14 de octubre de 2009
Cumpleaños del FMLN el sábado. Asamblea de ARENA el domingo. Felicitaciones para ambos. Vidas paralelas y a la vez entreveradas, con indiscutibles aciertos y graves errores.

Han dominado a placer la política nacional en los últimos 30 años, pero tal vez tengan ya el germen de la decadencia en la entraña, porque ambos se han vuelto conservadores. ARENA ha cambiado al menos a sus cuadros dirigentes, y la derrota podría obligarlo a una renovación auténtica.

El Frente se ve más anquilosado, tanto en sus estructuras como en su pensamiento.
Los dos partidos se vieron fuertes en sus celebraciones. Para eso se hacen, precisamente, los actos públicos: para verse bien.

Otra cosa es estar realmente bien, condición que en las actuales circunstancias debiera entenderse como sinónimo de adaptación al cambio. Bien estarían, entonces, los dos partidos si estuvieran inmersos en procesos reales de cambio. Pero ese no parece ser el caso.

Se dice que la alternancia es la mejor medicina para las enfermedades más graves de la democracia. Se supone que a los que han estado gobernando, sobre todo si son de derechas, los obliga a mayor honestidad, sensibilidad y humildad al situarlos por un tiempo en la oposición, y a los que han estado en la oposición, sobre todo si son de izquierdas, los obliga a mayor responsabilidad, realismo, ánimo positivo y sentido práctico de la política.

Y se supone también que la alternancia obliga a ambos, ganadores y perdedores, a actualizar su pensamiento. A unos para ser buena oposición y recuperar pronto el poder. A los otros para ser buen gobierno y no perder tan pronto el poder.

En El Salvador, sin embargo, aún está pendiente el beneficio pleno de la alternancia, porque los partidos grandes todavía no muestran una adaptación convincente a nuevos roles y a nuevos tiempos.

ARENA parece haber dado en su asamblea un paso importante de recuperación, después de una derrota que pudo hundir de manera irremediable a cualquier otro partido. El FMLN parece haber superado su desconcierto, su ostensible molestia y su conflictividad inicial con el presidente y con su grupo de apoyo.

Ambos giros constituyen, sin embargo, adaptaciones superficiales. Ambos sirven a conceptos puramente funcionales de unidad política. Ambos giros tienen el sesgo de cualquier maniobra táctica, ajena por completo a una lógica de renovación del pensamiento.

ARENA ha resuelto, aparentemente, su conflicto interno con una mezcla de paciente persuasión y prudente sometimiento de sectores enfrentados. La rebelión de pacotilla del lunes no altera este juicio, cualquiera sea su desenlace.

De momento es poco más que unos señores que quieren cargos. Si salta una liebre más grande será otra cosa, pero en su dimensión y forma actual, el reclamo de los diputados parece manejable, siempre que prevalezca en las altas esferas el pacto de no agresión o de convivencia pacífica.

El pacto es meritorio, por cierto, y puede ser valioso en esta etapa, pero ha dejado intacto el problema de fondo, el de la renovación del pensamiento y, sobre todo, el de la revalorización efectiva de la ética del partido.

El FMLN, por su parte, ha resuelto de un plumazo el conflicto en su propio campo de fuerzas. Ha llegado a la conclusión de que sus diferencias con Funes son, simplemente, irreconciliables, y ha decidido, con mucha astucia, dejarlo en paz.

En otras palabras, ha decidido no pedirle más peras al olmo. Ahora, en vez de hacer berrinche, el Frente utilizará el aparato de gobierno para fortalecer al partido, de manera que pueda ganar la próxima elección sin necesidad de candidatos moderados.

El FMLN ha decidido entender la elección de 2009 como un peldaño, postergar su verdadera victoria y postergar, por muy poco tiempo ya, su gobierno socialista. Sobra decir que para tal estrategia no es necesario -ni siquiera es funcional- un esfuerzo de renovación del pensamiento.

Este es el tema que debemos profundizar al comentar el aniversario y la asamblea: el tema de la unidad que los dos partidos nos vendieron el fin de semana, porque el país necesita saber de qué pasta está hecha esa unidad, tanto la de los expresidentes de ARENA, como la conmovedora unidad del FMLN con el presidente Funes, que nos predicó el sábado Medardo desde el púlpito del redondel Masferrer.

La algarabía en torno a la asistencia de funcionarios del gobierno al acto del sábado está descentrada. Cómo no van a asistir los dirigentes a un acto de aniversario de su partido. Si yo fuera cuadro del partido y funcionario del gobierno, habría estado sin duda en la marcha que salió de las montañas, la que presidía Leonel, para más señas.

Allí no está el problema. Los militantes del Frente, no los oportunistas de ahora, sino los cuadros de los tiempos aciagos, tienen razones de sobra para celebrar un aniversario más de su organización, porque saben cuánto les ha costado y porque saben de dónde vienen. Ahora el problema es a dónde van.