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Al César lo que es del César
Viernes, 13 de Junio de 2008
Hasta este día me parecían pobres y preocupantes las declaraciones de prensa del candidato a la presidencia del FMLN. Después de ocho largos meses, desde que fuera nominado, sus manejos de prensa me parecían inconsistentes, en mayor o menor medida.
También me parecían defensivos, débiles o confusos en muchos casos, o claramente decepcionantes en situaciones en las que era necesario mostrar sin equívocos el talante democrático y el coraje propio de un verdadero líder intelectual. Y la decepción era aún mayor si medía sus declaraciones con el rasero aplicable al líder político de un partido con inmensas y urgentes necesidades de renovación de su pensamiento y de su discurso. Debo reconocer, sin embargo, que las declaraciones de Mauricio Funes, en la entrevista de esta semana de El Faro, me parecieron excelentes. Me gustaron por su forma, inequívoca y valiente, cualidades, por cierto, que Funes exhibía a diario en sus críticas al gobierno cuando era periodista, pero que se habían evaporado en los últimos meses, en un afán de lealtad partidaria malentendida, que ya le estaba costando caro y lo estaba llevando a evadir constantemente el juicio crítico de posiciones y actuaciones de su propio partido. A los fanáticos, a los dogmáticos, a los irracionales, seguramente les gustaba más el otro discurso, el que no se distanciaba con vigor y claridad de las taras ideológicas del Frente; el que encubría, relativizaba o justificaba las posiciones y actuaciones más inaceptables del partido; el que anunciaba con arrogancia el cambio del país pero no se atrevía a proclamar con valentía la necesidad de cambio en el partido que supuestamente impulsaría ese cambio. Estos fanáticos, así como los oportunistas advenedizos que están engrosando como hordas las filas del Frente en estos tiempos de vacas gordas, son los que se indignan y responden con insultos cuando alguien hace críticas a “su” partido o a “su” candidato. Son los que creen que cualquier crítica debe entenderse como parte de malignas campañas mediáticas de la derecha. Son las personas incapaces de admitir que no todo es bueno en su partido ni todo es malo en los otros. Son los militantes que no le hacen ningún bien al FMLN en su impostergable camino de renovación. Son las barras bravas, los aduladores patológicos, los falsos radicales, los maniqueos de la política, los resentidos, los amargados, los revanchistas, que de ser complacidos ahora por el discurso de sus dirigentes terminarán espantando a amplios sectores de la población, recriminando a sus propios dirigentes y propiciando el aborto histórico del proyecto político del FMLN. Por eso tienen tanto valor las palabras de Funes en su entrevista con El Faro. Algunos dirán que es solo un discurso conveniente. Otros dirán que es solo una expresión más de las muchas inconsistencias y contradicciones que ha mostrado el candidato. Yo no pienso lo mismo. Por primera vez lo he visto ahora, en su etapa de líder político, expresando con solidez sus convicciones; llamando a las cosas por su nombre; pronunciando sin ambages palabras que pueden disgustar a los “radicales” de su partido; ofreciendo a toda la sociedad garantías creíbles de su compromiso con la libertad de expresión. Esto no significa que el Frente ya cambió. No significa que ya es un partido confiable para todos, pero creo que lo mejor para el país es tomarle la palabra a Mauricio, alentarlo a seguir en la línea de El Faro y exigirle que no retroceda, porque si logra moderar las posiciones del FMLN, habrá hecho una valiosa contribución a nuestro proceso democrático, tanto si gana como si pierde las elecciones presidenciales. |