Salvador Samayoa
Las bóvedas de Norman
Martes, 13 de Enero de 2009
Tengo dos prejuicios en la contienda electoral de San Salvador. El primero me inclina a la simpatía por Violeta. El segundo a la preferencia por Celina. Tales prejuicios, positivos en este caso, no me impiden calificar como más novedosas, interesantes e importantes las propuestas de Norman Quijano.

Violeta tiene mi personal afecto, con entera independencia de la evaluación que puedo hacer de su gestión al frente del gobierno de la capital. La conozco desde hace más de un cuarto de siglo. Es persona ìntegra y sensata. Tal vez no ha hecho un gobierno muy eficiente. No ha realizado grandes obras. No se ha destacado por el impulso de proyectos audaces e innovadores, pero puede mejorar y , sobre todo, puede aportar siempre un importante contrapeso a la prepotencia y a las deformaciones ideológicas de algunos de sus correligionarios en el área metropolitana.

La candidatura de Celina fue una buena noticia desde el inicio de la campaña. Ha hecho un gran trabajo con muy pocos recursos. Ha exhibido un notable dominio de los temas municipales. Se convirtió en protagonista cuando muchos creían que su participación sería marginal e irrelevante. Su candidatura me simpatiza, además, porque expresa el resurgimiento del FDR como pequeña pero promisoria fuerza política de izquierda democrática.

No conozco personalmente a los candidatos del PCN y el PDC, ni he podido seguir tan de cerca su desempeño político. De Norman Quijano me gustan sus propuestas. La del metrobús porque expresa voluntad de comenzar a hacer algo -insuficiente, pero viable y concreto- para cambiar la detestable e insostenible situación del transporte público. La propuesta de las bóvedas, porque puede cambiarle el rostro a la ciudad y el alma a decenas de miles de sus pobladores.

Hace unos años, en el programa de prevención social de la violencia del Consejo Nacional de Seguridad, emprendimos esfuerzos muy satisfactorios para transformar zonas deprimidas e inseguras en varios municipios metropolitanos. En la colonia “El Milagro”, aledaña a la “22 de Abril” en Soyapango recuperamos terreno perdido e insalubre con una bóveda de poca profundidad, pero de un cuarto de kilómetro de longitud. A partir de esa obra construimos o restauramos las 40 viviendas más pobres, construimos instalaciones deportivas excelentes, remodelamos el centro escolar y dejamos al vecindario con una excelente casa comunal.

En ese periodo realizamos intervenciones similares en la colonia Lincoln-Metròpolis de Mejicanos, en La Chacra de San Salvador, el Los Lirios de Quezaltepeque y en muchos otros barrios. En el mismo sentido, el entonces alcalde de San Salvador, Héctor Silva, formuló un proyecto ambicioso de mejoramiento de barrios con fondos del BID. Al final se malogró el proyecto, en buena medida por falta de visión del gobierno central, pero lo importante es que quedó demostrada la posibilidad de intervenciones exitosas para cambiar la vida de decenas de miles de familias, superando situaciones de riesgo e integrando los barrios y colonias marginales a la trama urbana de la ciudad y a la prestación de servicios públicos.

Cuando el candidato Norman Quijano presentó su proyecto de bóvedas escuché a un diputado del Frente en televisión burlándose de la idea, argumentando que el costo sería impensable y que la idea, por tanto, no era más que otra pieza de demagogia electoral. Esto no es cierto. En 2003, el CNSP elaboró con el Vice Ministerio de Vivienda un proyecto y un presupuesto, incluyendo estudios hidráulicos, para una bóveda en el sector de la colonia “Nueva Israel”, conocida socialmente como “La Fortaleza”. En la zona del proyecto, la quebrada es ancha y profunda, con más de medio kilómetro de longitud, pero el costo estimado de la bóveda y de otras intervenciones que incluían viviendas, centros educativos y espacios recreativos no excedía los 15 millones de dólares. No veo, entonces, porqué no se pueden programar 50 ó 100 millones anuales, de fondos municipales y de otras entidades públicas y privadas, durante tres años, para hacer 15 ó 20 obras como las que propone Norman Quijano.

Este proyecto podría cambiar la vida de miles de las familias más pobres de la ciudad. También haría la ciudad más segura y atractiva para el turismo. Valdría la pena tal vez, en esta ola electoral de legítimas aspiraciones de cambio, propiciar también un cambio en la ciudad capital.