Campañas decepcionantes
Jueves 12 de febrero de 2009
La política es como un trapiche, pero al revés. El trapiche extrae el jugo de la caña para diversas formas de consumo, al tiempo que desecha el bagazo. La política desecha las mejores esencias y produce bagazo para consumo popular.
Nunca me han gustado las campañas publicitarias de ARENA, porque los anuncios positivos que producen quedan sepultados en un cerro de imágenes y mensajes negativos y denigrantes que no contribuyen a una visión de la política como confrontación vehemente y vigorosa pero constructiva y respetuosa. El FMLN comenzó su campaña con un concepto diferente, enfocado en resaltar la esperanza por el cambio y el entusiasmo por la victoria.
En la última fase, sin embargo, se ha puesto a la par de ARENA y hasta podría comenzar a superarla en mensajes difamatorios, negativos, vacíos y mentirosos.
Ambos partidos están saturando el éter con basura televisiva, radial y cibernética, en absurdo y contraproducente ejercicio de desprecio a la inteligencia de la gente. ARENA, más de lo mismo. FMLN, más de lo mismo. Nada de imaginación, nada de cambio, nada de esperanza. Las dos micas igualitas, hasta con la misma cola.
El debate de planes de gobierno, el pasado domingo en canal 33, fue igualmente decepcionante. El plan de ARENA es superior desde todo punto de vista, pero el debate fue pobrísimo. ARENA tiene un plan, pero no logra presentarlo de manera convincente.
El FMLN solo tiene un ideario, ni parecido a un plan de gobierno. Tal parece que se quedó atascado en principios y lineamientos abstractos, que por cierto generan más dudas y temores que ilusiones y esperanzas.
Escuchando el debate, pareció evidente que ARENA tenía ideas mejores y más aterrizadas acerca de lo que puede y debe hacerse con la economía y con el empleo, pero no logró mejorar su credibilidad de manera significativa.
El Frente, por su parte, a pesar de contar en el debate con un economista inteligente, sensato, bien formado, respetuoso, respetable y bien articulado, dejó la impresión de que no tenía ni la más puñetera idea de qué hacer con la economía y con el empleo.
En el caso de ARENA queda claro, para los que tengan la paciencia de leer su lindo mamotreto, lo que dice que va a hacer. Partiendo de esa claridad, la única pregunta que debe responder es porqué debemos creer que ahora sí hará lo que dice que va a hacer. En el caso del Frente no está claro ni lo que dice que va a hacer. Menos aún cómo lo va a hacer.
No quiero decir con esto que como las dos campañas son malas, da lo mismo Chana que Juana. Las dudas y aprensiones que suscita ARENA son de naturaleza diferente a las que suscita el FMLN.
De igual manera, son de naturaleza y gravedad diferente las implicaciones que tendría el incumplimiento de la palabra de cada uno de los candidatos. Si Rodrigo no cumple, estaríamos en un escenario de democracia formal y desarrollos puntuales, opacados y hasta abrumados por la pobreza, la frustración social, el sistema de privilegios, la corrupción y la ineficacia administrativa.
Si Mauricio no cumple, tendríamos todos los males anteriores en igual o en mayor medida, pero con el agravante de que estarían además en riesgo las libertades públicas, los precarios puntales de estabilidad macroeconómica y, sobre todo, la posibilidad de corregir los males a través de mecanismos democráticos.
Por eso es tan importante la credibilidad de los candidatos y de los partidos. Y en este sentido, también han sido decepcionantes las campañas, sobre todo la del FMLN, llamado en mayor medida, por la exigencia de la esperanza, a demostrar en los hechos el cambio que tanto pregona.
Los últimos acontecimientos y el manejo que de ellos han hecho el candidato y los dirigentes del Frente han abonado la cuenta de la desconfianza. Aún descontando el aprovechamiento mediático de la derecha, la excesiva agresividad y los brotes de violencia de las bases partidarias del FMLN ha socavado la confianza ciudadana en el "cambio seguro".
Pero más daño aún han hecho las declaraciones que han pretendido minimizar, relativizar o justificar la intolerancia y la violencia, especialmente en el caso de la manipulación política de niños y jóvenes.
Nunca una condena sin paliativos. Nunca un compromiso inequívoco y creíble de erradicar semejantes deformaciones. ¿Si así se comportan ahora, qué podemos esperar en la eventualidad de que tengan el poder?