Bien Ávila en la defensa del empleo
Martes 11 de noviembre de 2008
El plan de diez puntos que presentó el candidato de ARENA en La Unión tiene lineamientos positivos, aunque todavía muy generales y demasiado tradicionales.
El compromiso con la educación de la fuerza laboral, con el crédito a la pequeña y mediana empresa, con la infraestructura y con los estímulos empresariales está, sin duda, en la dirección correcta. Todos los puntos de su programa parecen positivos y sensatos, pero ninguno sugiere o indica esfuerzos extraordinarios, a la altura de la crisis que aflige al mundo entero.
Más mérito tuvieron sus declaraciones de días anteriores en relación con el problema del empleo. En particular su llamamiento a los empresarios, instándolos a esfuerzos inusuales para preservar los puestos de trabajo en toda la medida de sus capacidades, aún a costa de sus propias ganancias. Este sí fue un planteamiento innovador, extraordinario, diferente y en mayor sintonía con la naturaleza, la magnitud y la previsible duración de una crisis internacional de efectos devastadores.
En este sentido, lo mejor que puede hacer el candidato de ARENA es reconocer sin ambages la terrible perspectiva de pérdida de empleos que ya amenaza, inexorable, a cientos de empresas y a miles de trabajadores en nuestro país.
No está el horno para bollos. No es este un momento propicio para alegres promesas, por bien intencionadas que sean. Menos aún para demagogias electorales. La situación económica es mala y será peor en los próximos meses. Casi todas las economías del mundo están ya en recesión. En este contexto, los salvadoreños apreciarán más las honestidad, la solidaridad y el realismo que las promesas que se hagan ignorando o soslayando la gravedad de la crisis.
Está bien que Ávila se presente como el "presidente del empleo". El slogan significa que entiende bien cuál será el problema más acuciante para la población en los próximos meses. Está bien, por tanto, que proponga metas y mecanismos para la creación de más y mejores empleos para el próximo quinquenio. Lo mismo han hecho ya o harán los demás candidatos, pero ahora mismo es más importante y más convincente el llamado que ha hecho a los empresarios para la preservación del empleo.
La recesión globalizada es un fenómeno sin precedentes, que debe ser asumido y explicado a la población, todos los días si es necesario. Sólo en los Estados Unidos se han perdido más de un millón de empleos en lo que va del año. Los despidos se han producido en todos los sectores: la construcción, el comercio, la industria y los servicios.
El Salvador recibirá el impacto por tres vías interconectadas: la reducción de órdenes de compra para nuestras exportaciones, la contracción del crédito bancario con el que funcionan nuestras empresas y la disminución progresiva de las remesas.
Hasta ahora nos hemos mantenido a flote, en parte por nuestra disciplina macroeconómica, en parte por la dolarización y en parte por la estricta regulación de nuestro sistema financiero. Pero nadie debe prestarse a engaños. En los últimos dos meses del año se agudizarán los problemas y se intensificarán los despidos, a menos que hagamos algo extraordinario para contrarrestar esa tendencia.
La pérdida de puestos de trabajo tendría tres consecuencias dolorosas y negativas. En primer lugar, llevaría angustia y zozobra a miles de hogares salvadoreños. En segundo lugar, cerraría el círculo vicioso de la recesión económica, porque la disminución de ingresos familiares se traduciría en disminución del consumo y, por tanto, en disminución de la producción, con lo cual aumentarían las quiebras empresariales y los despidos laborales. En tercer lugar, generaría un clima de profundo malestar con obvias repercusiones políticas.
Por eso felicitamos el planteamiento de Ávila en relación con la preservación de empleos, porque si los empresarios responden al llamado, si de verdad hacen acopio de sus reservas de solidaridad y de responsabilidad social, aparte de los empleos que logren preservarse, la gente entenderá que ahora, por una vez en la vida, se están compartiendo los sacrificios que nos impone la crisis financiera y la recesión internacional.
Bien Funes en la erradicación de la violencia
De conformidad con todos los informes de prensa, militantes del FMLN agredieron el viernes pasado a la caravana de ARENA en Meanguera. La reacción del candidato del Frente fue impecable: inmediata, inequívoca, sustanciosa y enérgica.
Meses atrás, ante hechos de diferente naturaleza pero igualmente inaceptables, las reacciones de Funes eran tardías, ambiguas, tímidas, poco convincentes, blandas y cercanas al encubrimiento. Ahora la historia es diferente.
Ahora el candidato del FMLN se muestra más seguro, más congruente con sus valores de toda la vida, más maduro, más comprometido, menos académico, más político. Más creíble, en resumidas cuentas.
Más aún, de conformidad con la nota de El Diario de Hoy, Funes tuvo el apreciable mérito de decir de frente a sus seguidores lo mismo que dijo a los periodistas, cuando era más cómodo pronunciar palabras diferentes para audiencias diferentes: una condena enérgica para tranquilidad del gran público y una reprimenda blanda con atenuantes para no contrariar demasiado a los militantes más enardecidos.
Su discurso exhibió, además, encomiables notas de valentía y sentido de responsabilidad. No sólo fue una señal de desacuerdo con la violencia política. Exigió medidas correctivas.
"He solicitado a la coordinadora departamental de Morazán -dijo- que se investiguen y deduzcan responsabilidades. Si hay necesidad de separar de sus cargos a los que hicieron, toleraron o promovieron ese tipo de actos, hay que hacerlo".
Sin duda, la firmeza del compromiso de Funes con la erradicación de la violencia le hará bien a su campaña presidencial, a su partido y al país.
El proceso electoral está cargado de ansiedades y tensiones. El FMLN suscita esperanzas, pero también recelos, temores y desconfianzas en amplios sectores.
La situación económica nos tendrá hundidos en mareas de incertidumbre y angustia en los próximos meses.
La situación política preocupa a muchos por las señales de intolerancia, fanatismo, agresividad y revanchismo que emiten todos los días algunos simpatizantes del Frente, tanto en el ciberespacio como en la superficie de nuestro atribulado terruño.
El candidato del FMLN puede hacer muy poco para aliviar los efectos de la crisis económica, entre otras razones porque es una crisis completamente exógena. Pero puede hacer mucho para evitarle al país el calvario de la violencia política. Y ya ha comenzado a hacerlo.