No más propaganda política
Miércoles 11 de marzo de 2009
Llegó al fin el día que tanto esperamos. No más propaganda electoral en forma de anuncios de radio y televisión.
Ahora sí nos atiborraron de mala manera. Nos tenían “podridos”, como dicen en Argentina. Quedamos hartos de insultos y de falsas promesas. Las dos campañas se enfrentaron en una guerra publicitaria sin precedentes, tanto por la suciedad de los mensajes como por la saturación de los espacios comunicacionales. Algunos anuncios fueron positivos y bien producidos, pero en la campaña de medios predominó la agresividad, el simplismo, la demagogia, la falta de imaginación, el insulto, la mentira y la satanización de los adversarios. En otras palabras, más de lo mismo. Mucho más de lo mismo, para ser precisos.
La única novedad fue la aplicación que exhibió el FMLN para ponerse a la par de sus adversarios, taco a taco, en materia de campañas viciadas, comenzando por el inmoral despilfarro de dinero. De nuestro dinero, en buena medida. Y lo peor es que tuvieron la desfachatez de rasgarse las vestiduras por las millonarias sumas que han gastado los gobiernos de ARENA en propaganda política.
Algunas veces me han preguntado porqué soy más duro con el Frente en asuntos en los que ARENA se comporta de igual o peor manera. La respuesta es sencilla: es por frustración, porque me molesta constatar la falsedad del cambio que proclama. Gastos exorbitantes en publicidad y nada de transparencia. La misma historia. Y eso que todavía no han llegado al poder.
Volviendo al tema, la producción publicitaria de ARENA fue parecida a la de siempre. La del FMLN, en cambio, fue sorprendente. Parece que el partido le cedió al candidato el control total de su campaña en los medios. Parece que el candidato dispuso de mucho dinero para despilfarrar en propaganda. Parece, además, que algún iluminado le dijo al candidato del Frente que debía responder con cualquier ocurrencia a cada uno de los ataques y a cada una de las promesas areneras. Con esta lógica, la campaña del Frente se hizo trivial, errática, dispersa, irresponsable y atolondrada.
El “spot” más sucio de la temporada es el que comparó a Salvador Sánchez Cerén con repugnantes delincuentes, conocidos en nuestro país por su total y absoluto desprecio a la vida. La campaña de ARENA contra “Leonel” fue injusta y despiadada, pero no tan sorprendente. Más nos sorprendió la cobardía, la falta de lealtad y el pragmatismo de algunos “compañeros” del candidato a la vicepresidencia, porque nunca dijeron “esta boca es mía” y solo a última hora destinaron exiguos recursos para contrarrestar la avalancha de difamaciones e insultos que desató la derecha en su afán de sepultar al dirigente histórico del FMLN.
Dicho lo anterior, también debe quedar claro que el FMLN y su candidato se ganaron a pulso la campaña de miedo de ARENA, porque nunca expresaron con claridad su desacuerdo con modelos políticos detestables para la mayor parte de salvadoreños. El que calla, otorga. El partido calló por afinidad ideológica o por intereses económicos ajenos al candidato. El candidato calló por soberbia o por mal manejo de sus contradicciones con los dirigentes del partido. Una cosa era el miedo absurdo de que los comunistas se comieran a los niños o hicieran jabón con los viejitos. Eso no lo creía nadie. Otra cosa es el temor, completamente legítimo, de llevar al poder a un partido tan cercano a regímenes como los de Venezuela, Bolivia y Nicaragua.
Era ficha cantada. Hace casi dos años, en una conferencia escrita que pronuncié en un panel de la Sociedad Interamericana de Prensa, escribí lo siguiente: “el modelo venezolano está distorsionando totalmente las coordenadas del cambio político en América Latina. En El Salvador comienza a dibujarse ya el círculo vicioso de retroalimentación de los temores y de los peligros”.
El cambio, en efecto, es una aspiración legítima de la mayoría en El Salvador, incluyendo a considerables sectores de la base tradicional de ARENA. Pero el FMLN se quedó corto en su papel de hacer viable y confiable el cambio. Nunca fue suficiente un slogan de “cambio seguro”. El Frente puede ganar la elección, pero también la puede perder, y si esto ocurre será, en gran medida, por haber abordado de manera evasiva y con predominio de recursos publicitarios el tema crucial de la confianza.
La campaña de medios fue deplorable. Afortunadamente, este día llega a su fin. El futuro inmediato del país sigue siendo sombrío, pero al menos tendremos algo de tranquilidad en los hogares, a salvo del abusivo bombardeo publicitario al que nos sometieron los partidos políticos.