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Buena decisión
Miércoles, 10 de Marzo de 2010
Al fin se produjo el esperado nombramiento de embajador de El Salvador ante el Gobierno de los Estados Unidos de América. Nueve meses después de llenar los puestos más importantes del gabinete, como si éste no fuera, por muchas razones, un cargo de gran responsabilidad y relevancia política.
Sus razones habrá tenido el presidente para tanta tardanza. Tal vez hizo bien, si es que tenía presiones que desconocemos para designar a otras personas, porque este era uno de esos casos excepcionales en los que un buen nombramiento tal vez no cambiaría mucho las cosas, pero un mal nombramiento podía entorpecer o complicar de muy mala manera una misión estratégica y vital para nuestro país. Nuestra embajada estaba, de todas maneras, en buenas manos porque desde los primeros días del nuevo gobierno fue designado como Encargado de Negocios el arquitecto Francisco Altschul, desde ayer flamante embajador. No había, entonces, urgencia, aunque tampoco logramos ver en algún momento razones realmente válidas para dilatar la decisión. El Embajador Altschul tiene todas las credenciales para un desempeño sobresaliente de su cargo. En primer lugar conoce muy bien, desde hace mucho tiempo y con bastante profundidad los Estados Unidos, su cultura, sus instituciones y su trama política. En los años de la guerra trabajó como colaborador de Guillermo Ungo, de las FPL y, por extensión, de la alianza FDR- FMLN en el llamado “frente externo”. Su principal asignación, durante muchos años, fue la de representante en Washington. En todo ese periodo trabajó en contactos informales con el Departamento de Estado, con congresistas republicanos y demócratas, con los grandes medios de prensa de ese país y con muchos de los más importantes tanques de pensamiento, fundaciones y organizaciones no gubernamentales. Terminada la guerra fue concejal de la municipalidad de San Salvador en la primera administración del Dr. Héctor Silva con la bandera del FMLN. Luego se dedicó a muy exitosos proyectos arquitectónicos, junto a su colega y amigo Roberto Dada Rinker, tales como el diseño del Museo Nacional de Antropología y el diseño de las nuevas instalaciones del Ministerio de Relaciones Exteriores en Antiguo Cuscatlán. Nuestro embajador tiene, entonces, además de mucha experiencia, la rara cualidad política de ser conocido y respetado tanto en las catacumbas del FMLN como en el mucho más soleado y ventilado mundo de la izquierda democrática inorgánica, profesional, intelectual, humanista, veleidosa, independiente, culta y pequeño-burguesa. Esta característica ha aportado un valor político extraordinario a la decisión, porque ha permitido al presidente nombrar a una persona idónea, que haga bien el trabajo, que no se salga del “guacal”, que no meta nunca las extremidades con posiciones o discursos inapropiados, pero que sea al mismo tiempo conocido y aceptado por el FMLN, aunque sus dirigentes no revienten “cuetes” de vara por el nombramiento. El mayor valor del nombramiento, sin embargo, es la calidad humana de Francisco Altschul. Un amigo con cierta influencia política en círculos de Washington, me preguntó en junio del año pasado, a pocos días de su nombramiento como Encargado de Negocios, qué pensaba de Francisco. Le respondí más o menos lo siguiente: “Además de tener un gran dominio del funcionamiento del gobierno de Estados Unidos, es un hombre bueno, bien educado, de genuina y arraigada convicción democrática, intachable, honorable, honesto, de extraordinaria lealtad y nobleza, inteligente, sensato, agradable, culto, de modales suaves y extremadamente respetuoso”. ¿Y porqué insistir tanto en la calidad humana, como hace unos días hablando del Director de la Policía? Por una razón muy sencilla. Siempre pensé que la izquierda no podría exhibir en el gobierno grandes atributos de comprensión de la economía o de capacidad administrativa, por falta de experiencia y porque su contingente social, en general, habría tenido menos oportunidades educativas. Pensé, entonces, que debía exhibir en compensación una decencia sin precedentes. Pues eso mismo ya está en duda en este temprano momento del nuevo gobierno. Ya hay, como puede verse en el último reportaje de “El Faro” y en anteriores reportajes de otros medios, preocupantes indicios de turbiedad, falta de transparencia y corrupción. Por eso reconocemos y celebramos las buenas decisiones presidenciales, sobre todo las que se refieren a nombramientos de funcionarios decentes, porque no nos cansaremos de exigir que los gobernantes cumplan alguna vez en la vida su promesa de llevar al gobierno a los mejores hombres y mujeres que tiene El Salvador. |